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De conducir un camión a conducir consejos de administración en Nueva York : ¿Quien es Nelson Peltz?

La supuesta distancia entre Nicola Peltz y Brooklyn Beckham con David y Victoria Beckham

Nelson Peltz
Nelson Peltz. 24H

La guerra fría entre los Beckham y los Peltz ha vuelto a ocupar titulares en las últimas semanas.

La supuesta distancia entre Nicola Peltz y Brooklyn Beckham con David y Victoria Beckham ha alimentado todo tipo de especulaciones sobre una de las familias más mediáticas del planeta. Sin embargo, detrás de ese universo de celebridades hay una figura mucho más interesante para el mundo empresarial: Nelson Peltz, el multimillonario estadounidense y suegro de Brooklyn Beckham, uno de los inversores más influyentes (y temidos) de Wall Street.

Su historia poco tiene que ver con Silicon Valley o con los gurús tecnológicos. Es la historia de un hombre que empezó repartiendo mercancías en un camión y terminó sentado en algunos de los consejos de administración más importantes del mundo.

Nacido en Brooklyn en 1942, Peltz comenzó estudios en Wharton, una de las escuelas de negocios más prestigiosas de Estados Unidos, pero abandonó la universidad antes de graduarse. Durante un tiempo soñó con convertirse en instructor de esquí, aunque finalmente regresó al negocio familiar de distribución de alimentos. Su primer trabajo consistía en conducir uno de los camiones de reparto por unos 90 euros semanales.

Aquella experiencia marcaría profundamente su manera de entender los negocios. A diferencia de muchos financieros, Peltz siempre ha presumido de haber aprendido desde abajo, entre almacenes, logística y márgenes de beneficio.

A principios de los años setenta tomó las riendas de la empresa junto a su hermano y comenzó una estrategia basada en adquisiciones. Pero el gran salto llegaría en los años ochenta, en plena era de las compras apalancadas y los llamados bonos basura. Junto a su socio Peter May, utilizó deuda para hacerse con varias compañías industriales hasta crear Triangle Industries, que años después sería vendida por unos 1.100 millones de euros, una operación que le convertiría en multimillonario.

Desde entonces, Peltz ha construido un imperio financiero valorado entre 1.400 y 1.600 millones de euros y su firma, Trian Fund Management, administra cerca de 7.500 millones de euros en activos.

Pero lo que realmente le ha dado fama es otra cosa.

Peltz pertenece a una categoría peculiar de inversores: los llamados «inversores activistas». Lejos de limitarse a comprar acciones y esperar dividendos, estos grandes accionistas adquieren participaciones relevantes para influir directamente en la gestión de las compañías. Exigen cambios, presionan a los directivos y, en ocasiones, llegan a ocupar puestos en los consejos de administración.

Es un término que, curiosamente, nunca le ha gustado.

«No me considero un activista. Me considero un propietario», ha repetido en varias entrevistas. Su argumento es sencillo: si invierte cientos de millones en una empresa, tiene derecho a participar en las decisiones y a exigir una mejor gestión.

Los consejeros delegados no suelen recibir con entusiasmo la noticia de que Nelson Peltz ha comprado acciones de su compañía. Su llegada suele interpretarse como una declaración de guerra. Ha protagonizado batallas corporativas con gigantes como Procter & Gamble, General Electric, PepsiCo, DuPont o Mondelez.

Sin embargo, incluso sus detractores reconocen que muchas de las empresas en las que interviene terminan mejorando sus resultados. Su filosofía es simple: reducir costes innecesarios, aumentar la rentabilidad y centrar la estrategia en el largo plazo.

Una de sus operaciones más estudiadas en las escuelas de negocios fue la compra de Snapple por unos 260 millones de euros. Apenas tres años después, la compañía fue vendida por cerca de 870 millones, triplicando prácticamente su valor.

Su influencia no se limita al mundo empresarial. Nelson Peltz fue uno de los principales recaudadores de fondos para la campaña presidencial de Donald Trump y forma parte del círculo de grandes empresarios conservadores estadounidenses. Su agenda telefónica incluye desde Rupert Murdoch hasta algunos de los nombres más poderosos de Wall Street.

A sus 84 años, continúa siendo una figura respetada y, al mismo tiempo, incómoda. Porque representa una forma de capitalismo que muchos daban por desaparecida: la del inversor que no crea una aplicación revolucionaria ni presume de cambiar el mundo, sino que compra, analiza balances y toma el control.

Casado tres veces y padre de diez hijos, su apellido se hizo conocido para el gran público cuando su hija Nicola se casó con Brooklyn Beckham en una espectacular ceremonia celebrada en Palm Beach. Pero la fama mediática nunca ha sido su principal fuente de poder.

Su verdadera influencia se ejerce en los consejos de administración.

Y quizás ahí resida la paradoja. En una época obsesionada con los emprendedores tecnológicos y las empresas emergentes, Nelson Peltz representa una figura mucho más antigua y menos glamurosa: la del hombre que entiende que el verdadero poder no está en fundar compañías, sino en decidir cómo se gobiernan.

Porque en Wall Street hay muchos millonarios. Pero pocos son capaces de provocar escalofríos en un director general simplemente comprando acciones de su empresa.