EL COSTE REAL DE LA MOVILIDAD ELÉCTRICA

No es gratis ni siempre más económico que la gasolina: la realidad de cargar un coche eléctrico

El gasto de un coche eléctrico depende más del lugar de carga, los impuestos y la tarifa de energía que de su motor.

No es gratis ni siempre más económico que la gasolina: la realidad de cargar un coche eléctrico
Cargar el coche eléctrico. 24H

La movilidad eléctrica presenta una ventaja indiscutible para quienes tienen la posibilidad de cargar en casa, pero se desdibuja notablemente cuando se recurre a la red pública.

Según explica **El Debate**, los puntos de recarga gratuitos han ido desapareciendo y las tarifas pueden encarecer considerablemente el costo en comparación con una recarga doméstica.

El usuario se enfrenta así a una diferencia que a menudo queda oculta bajo la etiqueta de «cero emisiones»: no es suficiente con saber cuánta energía consume un vehículo.

La cuestión de dónde, cuándo y a qué precio se carga también cuenta. La misma batería puede resultar en un gasto muy distinto, dependiendo del contrato de electricidad, la potencia del punto de carga o la velocidad elegida.

La vivienda marca la diferencia

En casa, el coste habitual del kilovatio oscila, según diversas referencias consultadas, entre 0,11 y 0,15 euros. Con un consumo aproximado de entre 15 y 20 kWh cada 100 kilómetros, hacer esa distancia puede suponer entre 2 y 3 euros. Esto es notablemente inferior al gasto de un coche de gasolina, que puede requerir entre 12 y 14 euros para realizar el mismo recorrido.

La situación cambia al salir a la vía pública. En los puntos de carga públicos, el precio puede comenzar en unos 0,30 euros por kWh, alcanzando hasta 0,80 euros en los equipos más avanzados o costosos. En este caso, recorrer 100 kilómetros puede costar entre 8 y 10 euros, una cifra que se asemeja a la de ciertos vehículos diésel y que resulta menos favorable en comparación con la gasolina.

Tipo de recargaCoste aproximado por 100 km
Doméstica2-3 euros
Pública8-10 euros
Gasolina12-14 euros
DiéselCerca de 10 euros

Estas cifras no abarcan todas las variaciones entre modelos, dado que el consumo varía en función del peso, la aerodinámica, las condiciones climáticas y el estilo de conducción. No se puede comparar cargar durante varias horas en horario económico con el uso de un punto de carga ultrarrápido en una autopista. La inmediatez tiene un coste, y en muchas ocasiones, ese aumento de precio anula una parte del ahorro esperado.

Inflación, impuestos y una factura menos predecible

La inflación energética afecta a ambos tipos de vehículos, aunque de manera diferente. En gasolina y gasóleo, el precio final se conforma por la cotización del petróleo, los márgenes de distribución, así como una alta carga fiscal. El IVA se aplica tanto al precio del combustible como al impuesto especial, por lo que cualquier cambio tributario se ve reflejado en el surtidor.

Durante 2026, las medidas fiscales sobre los combustibles han experimentado transformaciones por fases. La reducción del IVA y ciertos descuentos temporales sobre el impuesto de hidrocarburos han sido efímeros, mientras que el regreso a tipos ordinarios puede aumentar el coste de llenar el depósito. En agosto, los impuestos representaban aproximadamente el 39,1% del precio de la gasolina en España, según los datos extraídos de las fuentes consultadas.

La electricidad no escapa a la política fiscal. La recarga en casa incluye el IVA y un impuesto especial sobre la electricidad, aunque el importe total depende también de la tarifa contratada y del momento del consumo. En caso de la red pública, las empresas establecen precios que abarcan energía, mantenimiento, localización, potencia y amortización de los cargadores.

Para el consumidor, la conclusión es bastante clara:

  • Con plaza de garaje y enchufe, el coche eléctrico conserva una ventaja considerable.
  • Sin la opción de cargar en casa, el ahorro puede mermar notablemente.
  • En trayectos largos, la recarga rápida en la red pública puede hacer que el coste sea similar al de un vehículo de combustión eficiente.
  • La fiscalidad puede alterar el precio final incluso si el consumo del coche se mantiene constante.

El mito de circular en reserva

Una creencia extendida en torno a los automóviles sostiene que conducir con el depósito en reserva de forma habitual puede generar averías. Un mecánico consultado por El Debate aclara esta afirmación: en los coches modernos, los depósitos son mayoritariamente de plástico o fibra, lo que evita la acumulación de óxido que podía darse en antiguos depósitos metálicos.

Además, la bomba obtiene el combustible desde la parte inferior y el sistema incorpora filtros que retienen partículas. Por lo tanto, aunque no es recomendable hacerlo de forma continua, circular ocasionalmente en reserva no necesariamente implica una avería grave. El problema radica en establecerlo como un hábito y siempre apurar el depósito.

La razón para evitarlo es más práctica que mítica. El combustible puede contener impurezas y los sistemas de inyección, especialmente los diésel de alta presión de generaciones pasadas, son vulnerables a la contaminación. También existe el riesgo de quedarse sin combustible, lo que puede dañar la bomba e inmovilizar el vehículo.

La recomendación más sensata no consiste en llenar el depósito cuando aún queda medio tanque, pero sí en impedir que la reserva se convierta en la norma en la forma de conducir. En el caso de los eléctricos, el equivalente sería no esperar siempre a que quede un pequeño porcentaje de batería: planificar la carga posibilita escoger tarifas domésticas y disminuir la dependencia de los postes más costosos. A veces, el mayor ahorro no se encuentra en cambiar de coche, sino en elegir un lugar diferente para abastecerse.