EL BOLSILLO LLEGA TOCADO A LAS URNAS

El ‘cohete’ electoral de Sánchez se estrella, antes de despegar, contra la vivienda y la cesta de la compra

El crecimiento y el empleo pierden fuerza política mientras la vivienda, los alimentos, los salarios y la deuda agravan el malestar de los hogares

Sánchez y el desastre de la economía española
Sánchez, la Economía y España en ruina. 24H

El relato del “cohete” económico se enfrenta a una realidad menos resplandeciente: las familias lidian con precios altos, alquileres desorbitados y sueldos que no logran recuperar el poder adquisitivo perdido.

Así lo señala Vozpópuli, que identifica la vivienda y el deterioro económico de los hogares como dos de los más serios peligros electorales para el PSOE.

La economía española presenta cifras de actividad y empleo que el Gobierno utiliza como prueba de fortaleza.

Sin embargo, el PIB no siempre equivale a una mayor prosperidad para cada persona.

El crecimiento depende en gran parte de la incorporación de nuevos trabajadores y de sectores como los servicios y el turismo, mientras que la productividad avanza de manera más complicada. Para muchas familias, la cuestión no es cuán crece la economía, sino cuánto les queda a final de mes.

Una cesta de la compra que sigue presionando

La inflación ha dejado de ser un fenómeno temporal para convertirse en una inquietud política. En septiembre, los precios aumentaron un 4,9% interanual, de acuerdo con datos de El País, siendo la energía uno de los factores más determinantes. En agosto, el IPC había subido un 4,3%, en tanto que los salarios pactados en convenio crecían en torno al 3%.

Esa diferencia erosiona el poder adquisitivo evidente. A pesar del avance en empleo, un sueldo que aumenta menos que los precios significa menos capacidad para adquirir bienes y servicios. El efecto se nota con claridad en productos básicos, alquileres, transporte y suministros. Además, la vivienda genera una segunda carga: el aumento de la cuota hipotecaria para quienes revisan sus préstamos, y el encarecimiento de las rentas para quienes viven de alquiler.

La presión se centra en tres frentes:

  • Alimentos y servicios, con incrementos que impactan en el gasto diario.
  • Alquileres e hipotecas, que absorben cada vez una mayor proporción de los ingresos.
  • Salarios reales, que pierden valor cuando la inflación supera las revisiones salariales.

Vivienda: el punto débil del discurso oficial

La oferta residencial se ha convertido en un asunto crítico tanto económico como social. De acuerdo con datos publicados por The Objective, entre 1981 y 2025 se construyeron 2.431.766 viviendas protegidas; durante el periodo de Pedro Sánchez, apenas 78.735, lo que representa solo el 3,2% del total. Esta cifra apoya la crítica de que su Gobierno es el que menos vivienda pública ha promovido desde el inicio de la democracia.

La distancia entre lo prometido y lo realizado afecta a un mercado con escasa oferta y una demanda creciente. El Ejecutivo había anunciado la construcción de 183.000 viviendas públicas, pero la realidad está muy lejos de alcanzar esa meta. Recientemente, el Congreso rechazó dos decretos relacionados con la vivienda, en una derrota parlamentaria que debilitó la capacidad del Gobierno para dar una respuesta inmediata ante esta crisis.

La problemática de la vivienda también influye en la política fiscal. Las ayudas al alquiler, los avales y la promoción pública requieren recursos, mientras que la Administración se enfrenta a una deuda mucho mayor y a un costo financiero en aumento. Si bien una política fiscal expansiva puede sostener la actividad a corto plazo, limita la capacidad de respuesta si aumentan los tipos de interés y se frena el crecimiento.

Más deuda y menos margen para actuar

Desde que Sánchez asumió el cargo en La Moncloa, la deuda se ha incrementado en 563.000 millones de euros, un 48%, según el análisis de Vozpópuli. Aunque el endeudamiento no conlleva necesariamente una crisis, complica las decisiones futuras cuando suben los tipos o se acerca el momento de refinanciar los vencimientos.

Las proyecciones para 2026 sugieren un crecimiento aún sólido, pero inferior al de 2025. La OCDE espera una expansión del PIB español del 2,6%, junto a una inflación del 3,7%. Esta combinación plantea un dilema: la economía crece, pero los precios siguen en ascenso constante y el costo de financiar las cuentas públicas crece.

El gasto en intereses se convierte en competencia con otras prioridades:

PresiónEfecto económico
Deuda públicaReduce el margen presupuestario
InflaciónRecorta el poder adquisitivo
ViviendaEleva el gasto fijo de los hogares
Baja productividadLimita los salarios y la competitividad

El empleo no basta para mejorar el bienestar

La creación de empleo es uno de los argumentos más destacados por parte del Gobierno. La afiliación a la Seguridad Social ha alcanzado cifras récord, y la tasa de desempleo se mantiene por debajo del 10%, según datos proporcionados por el Ejecutivo. Sin embargo, el mercado laboral continúa mostrando empleos precarios, sueldos bajos y productividad insuficiente.

El verdadero problema no es solo cuántas personas están empleadas, sino el rendimiento que generan en sus horas de trabajo y qué tipo de remuneración reciben. Una economía que se basa en actividades de bajo valor añadido puede generar empleo sin elevar proporcionalmente la renta por habitante. Esto lleva a una recuperación desigual: los indicadores macroeconómicos mejoran antes de que lo haga la percepción de seguridad económica.

Con la vivienda convirtiéndose en una preocupación cotidiana y la cesta de la compra aún bajo presión, el “cohete” se enfrenta a su mayor desafío: convencer a quienes ven crecer la economía en los titulares, pero no en su cuenta bancaria.

En los hogares españoles, el cohete no se mide en décimas de PIB, sino en el espacio que queda entre el salario y el recibo del alquiler.