LA CARTA QUE COMPLICA SU DEFENSA

El error de protocolo que perpetró Zapatero en su carta a la Corte Real saudí implorando que confirme su bulo sobre las joyas

El expresidente socialista y mentor de Sánchez solicitó a la Corte Real saudí que validara el origen de unas alhajas valoradas en 1,3 millones, pero su misiva presenta un fallo protocolario.

El error de protocolo que perpetró Zapatero en su carta a la Corte Real saudí implorando que confirme su bulo sobre las joyas
El saudí Abdalá, ya fallecido, con el enjoyado Zapatero. 24H

Un caradura sin fronteras.

La carta de José Luis Rodríguez Zapatero dirigida a la Corte Real saudí tenía la intención de apoyar su versión ante el juez con respecto a unas joyas que le fueron intervenidas en su despacho.

Sin embargo, tal como detalla El Debate, el expresidente combinó dos tratamientos protocolarios que no son equivalentes: Su Alteza Real y Su Majestad.

No se trata únicamente de un error formal.

El mentor de Sánchez envió su primera carta el 16 de junio de 2026, justo un día antes de comparecer como investigado, con el objetivo de que la Casa Real saudí confirmara que las alhajas eran un regalo recibido en 2007. Sin embargo, nunca obtuvo respuesta. Posteriormente, en agosto, envió una segunda carta en la que mencionó que solicitaría cooperación judicial internacional.

El fallo en los tratamientos

En su comunicación, Zapatero afirmó que la visita oficial de 2007 correspondía a “Su Alteza Real Saudí el Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas, Su Majestad el Rey Abdullah Bin Abdulaziz Al-Saud”. El inconveniente radica en la mezcla de ambos tratamientos.

  • Su Majestad designa al rey o jefe de Estado de una monarquía.
  • Su Alteza Real es un término utilizado para príncipes, herederos y otros miembros de la familia real que no ocupan el trono.
  • En este caso, Abdalá bin Abdulaziz era el monarca saudí, por lo que el tratamiento correcto debía haber sido Su Majestad el Rey.

El texto incurre en la utilización de ambas fórmulas dentro de la misma referencia. Aunque la confusión podría parecer menor para un lector ajeno al protocolo, adquiere un peso significativo dado que la carta estaba dirigida específicamente a la Jefatura de Protocolo de la Corte Real saudí. No se trataba de una comunicación de carácter informal, sino de una petición destinada a obtener una certificación institucional.

Una petición hecha bajo presión

La defensa sostiene que las joyas en cuestión fueron un regalo estrictamente personal entregado durante la visita del rey saudí a España, que tuvo lugar los días 18 y 19 de junio de 2007. Según el escrito presentado ante la Audiencia Nacional, en el Palacio de la Moncloa se recibieron tres juegos de joyería de diseño similar, diferenciados por sus rubíes, esmeraldas y zafiros.

Zapatero asevera que guardó estas piezas junto a sus joyas familiares y regalos de amigos, sin haberlas utilizado ni conocer su valor económico. La cantidad mencionada en los documentos judiciales establece el valor de reposición de las piezas en aproximadamente 1.323.915 euros.

La cronología de los acontecimientos resulta clave para el caso:

FechaActuación
Junio de 2007Visita del rey Abdalá a España y supuesto regalo
16 de junio de 2026Primera carta a la Corte Real saudí
17 de junio de 2026Declaración de Zapatero como investigado
12 de agosto de 2026Segunda carta, ante la falta de respuesta
Septiembre de 2026Solicitud al juez de una comisión rogatoria

De acuerdo con las informaciones publicadas, el expresidente no presentó respuesta alguna de la Casa Real saudí que corroborara la entrega. Su estrategia se sustenta en que el tribunal solicite formalmente esa validación mediante una comisión rogatoria.

El problema de fondo: acreditar el origen

La carta en sí no prueba que las joyas fueran un regalo. Simplemente recoge la versión de quien las reclama y solicita a la parte supuestamente emisora que la confirme. La falta de respuesta deja abierta la cuestión probatoria principal.

La defensa busca convertir una comunicación privada sin respuesta en la base de una diligencia judicial. Para ello, pide a la Audiencia Nacional que contacte con las autoridades saudíes. El resultado dependerá de si Riad acepta colaborar y si los archivos de estas autoridades pueden confirmar una entrega realizada hace casi dos décadas.

Además, pesa el cambio en el relato. Según las informaciones divulgadas sobre el caso, Zapatero ha pasado de alegar que no recordaba regalos de Arabia Saudí a declarar que las joyas eran un obsequio personal del rey. Este giro requiere una revisión detallada sobre cuándo conoció el origen que ahora defiende y qué documentos pueden respaldarlo.

La combinación errónea de tratamientos protocolarios no decide el fondo del procedimiento. Sin embargo, sí proporciona una imagen descuidada en una carta cuyo propósito era conseguir legitimidad oficial. En el ámbito diplomático, el protocolo actúa como un lenguaje específico: no valida el contenido de una afirmación, pero puede desvelar la atención prestada a la redacción del mensaje.

El caso queda a la espera de la respuesta judicial a la solicitud de cooperación internacional y, sobre todo, de una posible contestación saudí. Mientras tanto, la carta que debía reforzar la defensa de Zapatero se ha convertido en otra pieza bajo el escrutinio.