PATRIMONIO, POLÍTICA Y MEMORIA DEMOCRÁTICA

El coro infantil del Valle de los Caídos desata una feroz batalla cultural entre Ayuso y Sánchez

La protección patrimonial de dos escolanías enfrenta a Comunidad de Madrid y Gobierno Frankenstein mientras Cuelgamuros vuelve al centro del debate sobre el pasado español

El coro infantil del Valle de los Caídos desata una feroz batalla cultural entre Ayuso y Sánchez
La Escolanía del Valle de los Caídos. 24H

El futuro de la Escolanía del Valle de los Caídos ha generado un nuevo desencuentro político en torno a la memoria democrática.

En un reciente artículo de Infobae, se señala que la Comunidad de Madrid está considerando declarar Bien de Interés Cultural a dos coros infantiles relacionados con la tradición monástica de San Lorenzo de El Escorial.

Esta decisión afecta tanto a la escolanía del monasterio de El Escorial como a la del Colegio Santo Domingo de Silos, y sus repercusiones pueden llegar a Cuelgamuros.

El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso plantea la iniciativa como un medio para salvaguardar una tradición musical y educativa, mientras que el Ejecutivo de Pedro Sánchez se centra en transformar el antiguo Valle de los Caídos amparado por la Ley de Memoria Democrática.

Una disputa que supera a la música

Las escolanías se componen de coros litúrgicos formados por niños en edad escolar, cuya actividad principal radica en interpretar música sacra durante las ceremonias religiosas. En la legislación española sobre patrimonio inmaterial, se reconoce expresamente a las escolanías y los coros tradicionales como manifestaciones culturales que pueden recibir protección.

La propuesta de la Comunidad de Madrid se fundamenta en la continuidad histórica de estas instituciones y su relevancia musical. La Escolanía del Valle de los Caídos, afiliada a la comunidad benedictina, imparte una formación que mezcla estudios formales con canto coral, técnica vocal y un repertorio religioso. Su especialidad no solo está vinculada a su ubicación, sino también a una enseñanza que se ha transmitido a lo largo de numerosas generaciones.

La controversia surge cuando esta protección se interpreta como parte de un conflicto más amplio sobre el futuro del recinto. El Gobierno central usa oficialmente el término Valle de Cuelgamuros, conforme a lo establecido por la Ley 20/2022, y lo considera un lugar de memoria democrática. Sin embargo, la Comunidad de Madrid defiende la conservación de una tradición cultural que cree que precede y es más extensa que la actual controversia política.

Un monumento imposible de separar de la guerra

El complejo fue construido entre 1940 y 1958 como resultado de la iniciativa de Francisco Franco, siendo inaugurado en 1959. Su basílica, el monasterio benedictino y la gran cruz crean un conjunto monumental de notable impacto arquitectónico y religioso, a la vez que estrechamente ligado a la dictadura.

En sus criptas se reposan los restos de combatientes de ambos bandos. Según datos de RTVE, allí yacen los cuerpos de 33.833 personas, lo que convierte a este recinto en uno de los mayores lugares de enterramiento asociados a la Guerra Civil.

Este hecho pone de manifiesto la tensión actual. Para una parte de la población, el Valle presenta una simbología franquista que plantea la necesidad de una profunda reinterpretación. Para otros, el lugar se puede entender también como un espacio de oración, duelo y reconciliación entre españoles. Ambas dimensiones son parte de su historia y no desaparecen con la modificación del nombre oficial del recinto.

Proponer una memoria única, sin importar su enfoque, empobrece un conflicto que fue bastante más complejo. Recordar la represión franquista es esencial, pero igualmente necesario es estudiar la violencia política que existió antes y durante la Guerra Civil, además de las responsabilidades de los distintos actores implicados. Atribuir a un solo bando toda la violencia de 1936 lleva a una lectura sesgada que obstaculiza una reconciliación fundamentada en un conocimiento integral del pasado.

La escolanía como patrimonio vivo

La controversia política no debería oscurecer la realidad cotidiana de los niños que forman parte de la escolanía. Esta actúa como un centro educativo y musical en el que sus integrantes reciben enseñanzas ordinarias y formación especializada para interpretar repertorios que abarcan desde el canto gregoriano hasta polifonías del Siglo de Oro y composiciones contemporáneas.

Entre sus características más sobresalientes se encuentran:

  • La fusión de enseñanza escolar y formación coral.
  • La interpretación de música sacra en las celebraciones litúrgicas.
  • La conexión con la comunidad benedictina de Cuelgamuros.
  • La conservación de una tradición vocal infantil poco común en España.
  • El régimen de internado al que se someten los alumnos de la institución.

Que esta tradición se reconozca como Bien de Interés Cultural no solucionará por sí sola el debate sobre el recinto, pero podría fortalecer la continuidad de la escolanía. Además, obligaría a distinguir entre la conservación de una práctica musical y la exaltación política del régimen que impulsó la construcción del monumento.

Tres claves para entender el conflicto

ElementoQué está en juego
EscolaníasEl reconocimiento de una tradición musical y educativa
CuelgamurosLa transformación de un lugar asociado al franquismo
Memoria democráticaLa forma de explicar la Guerra Civil, la dictadura y sus víctimas

La batalla cultural se nutre de esta superposición. Un coro infantil puede representar, a la vez, una institución religiosa, un patrimonio musical y una pieza de un paisaje histórico marcado por la guerra. Reducirlo a un simple símbolo partidista no hace justicia a su funcionamiento ni a los jóvenes que se involucran en él.

Por otro lado, existen curiosidades que subrayan el atractivo del lugar. La cruz de Cuelgamuros alcanza los 152 metros de altura, colocándola entre las más grandes del mundo. El conjunto alberga basílica, monasterio, hospedería y espacios funerarios excavados en la roca. Mientras la política debate sobre su significado, las voces de los escolares continúan llenando el espacio con una tradición que transforma cada celebración en una experiencia cultural y musical única.