El mundo acaba de alcanzar otro récord inquietante: 348 billones de dólares de deuda global, sumando gobiernos, empresas, hogares y sector financiero.
Lo más llamativo no es solamente el tamaño, sino la velocidad: durante 2025 la deuda mundial aumentó en torno a 29 billones de dólares. Los gobiernos tampoco han conseguido invertir la tendencia.
Antes de la pandemia, en 2019, la deuda pública mundial representaba el 82,1 % del PIB; en 2025 alcanzó el 93,9 % y las proyecciones del FMI apuntan al 95,3 % en 2026, al 100 % en 2029 y al 102,3 % en 2031. La pandemia terminó, pero el endeudamiento público continúa creciendo. Y mientras acumulamos deuda, seguimos demandando financiación.
Los últimos datos del BIS sitúan el crédito bancario transfronterizo en 39,5 billones de dólares en marzo de 2026, un 11 % más en un año, después de aumentar nada menos que 1,7 billones en un solo trimestre.
A esto se añade un problema cada vez más importante: el coste de los intereses. El gasto público mundial en intereses ha pasado de representar alrededor del 2 % del PIB a acercarse al 3 % en apenas cuatro años, mientras grandes cantidades de deuda emitida durante la era de tipos ultrabajos van venciendo y deben refinanciarse a costes superiores. El problema, por tanto, ya no es solamente cuánto debemos, sino a qué precio conseguimos seguir financiándolo.
Y aquí aparece el círculo que merece vigilarse: la deuda acumulada debe refinanciarse, los intereses absorben cada vez más recursos y, al mismo tiempo, el déficit público mundial continúa alrededor del 5 % del PIB, obligando a los Estados a buscar financiación adicional. 348 billones de dólares de deuda y seguimos pidiendo más.
Esto no significa que el mundo vaya a dejar de pagar mañana ni que toda esa deuda presente el mismo riesgo: una deuda pública, una hipoteca familiar y la deuda de una empresa son realidades diferentes.
Pero la tendencia plantea una pregunta formidable: si deuda, déficits y costes financieros continúan creciendo simultáneamente, ¿quién va a financiar toda la deuda que el mundo quiere seguir emitiendo y a qué precio?