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Jensen Huang vaticina que la IA hará millonarios a electricistas y albañiles

La revolución de la inteligencia artificial está generando fortunas como la de Jensen Huang, al tiempo que suscita un debate incómodo: quién se beneficia de esta nueva ola tecnológica y cómo afecta a salarios, crecimiento económico e inflación.

Jensen Huang vaticina que la IA hará millonarios a electricistas y albañiles
Jensen Huang, CEO de Nvidia. 24H

La imagen impactante es clara: mientras la fortuna de Jensen Huang se aproxima a los 200.000 millones de dólares y lo posiciona entre los diez más acaudalados del mundo, el CEO de Nvidia augura que la inteligencia artificial convertirá profesiones como las de electricistas y albañiles en algunos de los empleos mejor remunerados globalmente. Esta promesa contrasta con la realidad que muchos trabajadores experimentan: salarios que van perdiendo terreno ante la inflación y un mercado laboral que evoluciona a un ritmo vertiginoso, superando a los convenios establecidos.

Surge entonces una pregunta inquietante: ¿de verdad puede la inteligencia artificial elevar los sueldos de los trabajadores manuales mientras presiona a la baja los salarios de aquellos con “cuello blanco”? Los datos laborales y la evolución de precios sugieren que no hay una respuesta simple.

El ascenso de Jensen Huang y la economía de la IA

El ascenso de Jensen Huang al selecto grupo de las grandes fortunas no puede entenderse sin el espectacular auge de la inteligencia artificial. Su patrimonio, vinculado a aproximadamente un 3 % de Nvidia, ha crecido de manera notable en los últimos meses, colocándolo en torno al octavo puesto mundial, con estimaciones de entre 190.000 y 199.000 millones de dólares. Este auge se debe a:

  • La explosiva demanda de chips para centros de datos y modelos de IA.
  • La expectativa de un crecimiento sostenido en inversiones digitales.
  • Adquisiciones estratégicas dentro del ecosistema de IA.

Sin embargo, este crecimiento no se limita a enriquecer a la alta dirección. Está generando una ola de proyectos que estimulan sectores tangibles: construcción de centros de datos, expansión de redes eléctricas, refuerzo de las infraestructuras de refrigeración y suministro de energía. Por ejemplo, en Australia, economistas ya indican que el auge de los centros de datos relacionados con la IA podría alcanzar los 150.000 millones de dólares hasta 2030, lo que comienza a tensionar el mercado laboral en el ámbito de la construcción.

En este escenario se alinea la teoría de Huang: a medida que la economía se inunda de infraestructuras digitales, el electricista cualificado, el instalador de alta tensión y el especialista en cableado de grandes instalaciones se vuelven imprescindibles. No solo continuarán existiendo, sino que su reemplazo por máquinas se torna complicado.

Electricistas, albañiles y la nueva jerarquía salarial

Actualmente, los datos a nivel global no evidencian un aumento drástico en los sueldos de electricistas y albañiles debido a la IA. Aún así, se observan ciertas dinámicas que podrían favorecerles:

  • La demanda de mano de obra en construcción no residencial vinculada a centros de datos está aumentando, lo que podría desviar trabajadores de la construcción residencial a estos proyectos más lucrativos.
  • Se prevé que exista presión al alza sobre los salarios en sectores de construcción especializados, por la competencia entre las empresas por perfiles técnicos que escasean.

Al combinar estas tendencias con lo que se comienza a identificar en los trabajos que están muy expuestos a la IA, surge un contraste interesante. Estudios recientes analizados sobre 321 ocupaciones revelan que los empleos más “digitales” y propensos a ser automatizados han experimentado un freno significativo en el crecimiento de los salarios reales desde 2023, a pesar de que el empleo total en esos ámbitos permanece estable. En otras palabras, la IA no está eliminando masivamente puestos de trabajo, pero sí podría estar limitando la capacidad de negociar mejores salarios.

En este contexto, aquellas ocupaciones que requieren presencia física, coordinación en obra, gestión de materiales y adaptación constante —como la albañilería y la electricidad— parecen estar parcialmente protegidas del efecto inmediato de la automatización. La posibilidad de que estos trabajos se encuentren entre los mejor pagados dependerá de tres factores muy concretos:

  1. Escasez real de mano de obra cualificada en la construcción y mantenimiento de infraestructuras de IA.
  2. Capacidad de los trabajadores para organizarse y trasladar esa escasez a convenios y contratos.
  3. Políticas públicas que promuevan la formación y certificación de calidad, evitando que la falta de cualificación afecte los precios, pero no los salarios.

Crecimiento económico, salarios e inflación: un equilibrio delicado

La revolución de la IA llega en un momento en que la relación tradicional entre crecimiento, empleo y salarios se encuentra en revisión. Los últimos datos laborales en Estados Unidos y otras economías avanzadas ofrecen una imagen paradójica:

  • El empleo crece más de lo anticipado, y se están generando puestos de trabajo a buen ritmo.
  • El incremento de los salarios nominales se sitúa en torno al 3 % anual, un nivel inferior a las últimas cifras de inflación.
  • En términos reales, los salarios han perdido poder adquisitivo: el índice de costo laboral muestra descensos de aproximadamente el 0,4 % interanual.

Investigaciones iniciales sobre la IA y el mercado laboral sugieren que, en muchas ocupaciones muy expuestas a esta tecnología, el aumento de productividad se está quedando en las empresas a través de una contención en los salarios, sin que esto se traduzca en incrementos para los trabajadores. Se trata de una redistribución silenciosa: más crecimiento y beneficios, pero una menor participación de los trabajadores en esa mejora.

Al mismo tiempo, bancos centrales como el Banco Central Europeo apuntan que, por ahora, el impacto global de la IA sobre el empleo, la productividad y la inflación en la zona euro sigue siendo limitado y bastante incierto. No se prevé una oleada inmediata de despidos; el riesgo radica más en que hogares y empresas anticipen una mejora constante en sus ingresos y aceleren su gasto, lo que podría generar presiones sobre los precios.

Por otra parte, la propia economía de la IA tiene un efecto físico directo sobre la inflación. La expansión de centros de datos y chips requiere:

  • Más cobre, materiales de construcción y componentes electrónicos.
  • Un mayor consumo de electricidad y agua para refrigeración.
  • Inversiones intensivas financiadas por deuda.

Economistas que estudian el caso australiano alertan que esta combinación podría ejercer presión sobre la inflación y mantener los tipos de interés altos durante un período prolongado para contener los precios. Este aviso es extrapolable a otros países que están experimentando un fuerte despliegue de infraestructuras digitales.

Cómo puede sentirse todo esto en el bolsillo

Para un trabajador promedio, estas cifras macroeconómicas se traducen en situaciones muy concretas:

  • Los salarios aumentan, pero los precios de los productos básicos y de la vivienda lo hacen a un ritmo superior.
  • En empleos administrativos y de oficina, la sensación de “competencia con la máquina” limita la posibilidad de solicitar aumentos.
  • En la construcción y oficios técnicos, hay más trabajo, pero el avance salarial dependerá de cómo se refleje la escasez de perfiles en los contratos.

Una tabla sencilla ilustra el contraste que la IA está comenzando a esbozar:

Tipo de empleoExposición a IATendencia reciente en salarios reales
Oficios técnicos físicos (electricistas, albañiles)Baja-mediaRiesgo contenido, posible presión al alza en nichos ligados a infraestructuras de IA
Empleos administrativos y de oficinaAltaCrecimiento salarial más lento desde 2023, con caída de hasta 6,7 puntos porcentuales en ocupaciones muy expuestas
Servicios personales (peluqueros, masajistas)BajaMenor presión directa de IA, impacto más vinculado al ciclo económico general

El desafío para gobiernos y empresas será evitar que este modelo de desarrollo se convierta en una economía donde unas pocas grandes fortunas relacionadas con la IA —como la de Jensen Huang— acaparen los beneficios del crecimiento, mientras la mayoría observa cómo sus salarios se estancan frente a los precios. La formación enfocada en oficios técnicos, la negociación colectiva adaptada a sectores en expansión y políticas que garanticen una distribución más equitativa de las ganancias de productividad serán cruciales para asegurar un futuro donde electricistas y albañiles se transformen en nuevos “profesionales estrella” y no se queden solo en una promesa.

De cualquier manera, si la IA va a reconfigurar la jerarquía de sueldos, no será solo en los servidores y algoritmos; también en la altura de un andamio y en el cableado de un centro de datos, donde se determinará quién es capaz de convertir la revolución digital en un salario que realmente permita vivir dignamente.