EL LADO ÍNTIMO DE LA CASA REAL BRITÁNICA

El jardinero de Palacio revela los apodos secretos de Guillermo, Harry y Kate

Un exjardinero de la Casa Real Británica revela cómo los empleados guardaban en su móvil los números de los príncipes Guillermo, Harry y Kate para salvaguardar su identidad en la vida diaria.

El jardinero de Palacio revela los apodos secretos de Guillermo, Harry y Kate
Los príncipes Guillermo y Harry. 24H

En la rigurosa estructura de la monarquía británica también hay espacio para los motes, los grupos de chat y las costumbres que cualquier familia puede adoptar con un móvil en la mano.

El relato de Jack Stooks, quien fue jardinero de la Casa Real durante más de veinte años, ofrece una mirada inesperada a esa cotidianidad que rara vez se capta en las imágenes oficiales, tal y como destaca Infobae en su crónica acerca de los apodos de los Windsor.

Stooks dedicó 21 años al servicio de Carlos III en Highgrove.

En su testimonio no se centra en ceremonias ni en decisiones políticas de gran calado, sino en algo mucho más simple: cómo se guardaban los números de teléfono de los príncipes y qué apodos utilizaban en WhatsApp para evitar las filtraciones y a los curiosos.

Apodos para cuidar la intimidad en la era de WhatsApp

De acuerdo con el exjardinero, la regla dentro del equipo era evidente: los empleados no podían registrar los números de los miembros de la familia real con sus nombres oficiales. Esto llevó a la creación de un ingenioso sistema interno de alias que resulta tan sorprendente como cotidiano.

En ese mecanismo:

  • El príncipe Guillermo era guardado con el apodo de “Bobcat”.
  • Su hermano, el príncipe Harry, figuraba como “Baz”.
  • Cuando Kate se unió a la familia, su apodo se convirtió en “Mrs. Bobcat”.

Estos nombres no eran los identificadores que los propios royals exhibían en sus perfiles de WhatsApp. Se trataba de claves internas utilizadas por el personal, para que si alguien accedía a sus teléfonos, no encontrara a “Prince William” o “Prince Harry” en la lista de contactos. El objetivo era claro: minimizar riesgos en un entorno donde cualquier captura de pantalla puede transformarse en una noticia de alcance mundial.

La dinámica se asemeja más a la de una empresa que protege información sensible que a una familia que intercambia bromas privadas, aunque en la práctica ambas realidades se entrelazan. Los apodos son prácticos, pero también humanizan a quienes suelen ser vistos solo como representantes de un estricto protocolo.

Famosos y vida pública: la realeza que chatea como cualquiera

Stooks enfatiza que la familia de Carlos III “usa el móvil como cualquier familia” y que la mensajería instantánea es parte integral de la vida diaria en los Windsor. Lo relevante no es solo el uso de alias, sino también el tipo de relación que se puede vislumbrar detrás de la pantalla.

Entre las curiosidades que comparte:

  • Existen grupos familiares activos que incluyen a primos como Zara Tindall, Peter Phillips y las princesas Beatriz y Eugenia.
  • Guillermo y Harry solían dar sus números reales al personal para coordinar tareas logísticas de manera directa.
  • Los empleados tenían también los teléfonos de los príncipes y se comunican por WhatsApp cuando requerían algo en su rutina laboral.

Esta imagen choca con la percepción distante de la realeza. Dos herederos al trono, utilizando los últimos modelos de móvil, contestando mensajes y compartiendo grupos de chat, se asemejan menos a figuras mitológicas y más a cualquier profesional hiperconectado. Stooks recuerda que los hermanos siempre estaban al tanto de las novedades tecnológicas, a diferencia de un Carlos III que muestra mucho menos entusiasmo por su teléfono.

En esta vida pública de personajes famosos, el móvil se convierte en el hilo conductor que sostiene el trabajo, la familia y la gestión de la imagen. Los alias son solo un elemento más en un ecosistema donde cualquier mensaje puede acabar en los titulares.

Historias personales: lealtad, confianza y un jardín como observatorio

La voz de Stooks tiene peso por la experiencia que respalda su relato. Más de dos décadas en Highgrove le brindaron la oportunidad de observar un lado íntimo de la Casa Real desde la discreción del jardín. No aborda confidencias dramáticas, sino los gestos que forjan confianza.

Algunas claves de su narrativa:

  • El hecho de que Guillermo y Harry proporcionaran sus números al personal indica una relación directa y operativa con quienes gestionan la cotidianidad de la institución.
  • Los apodos no surgieron de un juego improvisado entre hermanos, sino que respondían a una necesidad planteada al equipo: proteger identidades en dispositivos que podían perderse o ser examinados.
  • La llegada de Kate se integró a este sistema de manera natural, uniendo su alias al de Guillermo como “Mrs. Bobcat”, un guiño que combina jerarquía y cercanía.

Su experiencia como jardinero también refleja la constante tensión entre cercanía y distancia. Está lo suficientemente cerca para recibir números de teléfono y comprender dinámicas internas, pero lo bastante alejado como para que la intimidad se conserve. Aquí es donde los apodos actúan como una barrera: permiten desenvolverse con normalidad sin emplear títulos que añaden peso a cada diálogo.

Escándalos, filtraciones y la necesidad de un nombre falso

El contexto de estas revelaciones no es baladí. En las últimas semanas, se han producido informaciones sobre filtraciones de números y mensajes relacionados con Meghan Markle, lo que ha vuelto a poner en el punto de mira cómo la realeza maneja su presencia en redes sociales y aplicaciones de mensajería. La idea de que altos cargos y personajes famosos utilicen alias no es novedosa, pero adquiere una nueva dimensión cuando una simple captura de WhatsApp desata un debate global.

Los apodos “Bobcat”, “Baz” y “Mrs. Bobcat” se inserta en esta cultura de prevención:

  • Los alias funcionan como una barrera contra posibles filtraciones desde los móviles del personal.
  • Si alguien accede al teléfono de un empleado, no se topa inmediatamente con nombres reconocibles.
  • Este sistema protege en particular los chats de grupo donde coexisten familiares, empleados y otros contactos.

Al mismo tiempo, otros excolaboradores han revelado que los miembros de la realeza también usan nombres informales en su trato directo, aunque esos sobrenombres afectivos no cumplen la misma función que los códigos destinados a la seguridad. La frontera entre el apodo cariñoso y el alias protector se torna difusa cuando cualquier palabra puede terminar en un titular, y ahí reside parte de la tensión moderna de estas figuras públicas.

Un toque felino en el corazón de los Windsor

El apodo “Bobcat” —que se refiere a un lince rojo norteamericano— añade un toque curioso al retrato de Guillermo. No hay una explicación oficial sobre la elección de este animal, pero la selección se alinea con una tradición de nombres en clave que hace uso de referencias neutras para despistar. El salto a “Mrs. Bobcat” para Kate muestra un cierto ahorro de esfuerzos: el apodo se reutiliza y se adapta a la nueva miembro de la familia.

Como curiosidad final, en el mapa de nombres secretos de la realeza británica se pueden encontrar:

  • Animales como “Bobcat”.
  • Apodos breves y coloquiales como “Baz”.
  • Códigos más formales utilizados por los servicios de seguridad.

En esta mezcla de felinos, abreviaturas y códigos, los Windsor logran mantenerse como una institución histórica que habla el mismo lenguaje que cualquier grupo de chat: directo, ágil y, de vez en cuando, oculto tras un mote que solo unos pocos comprenden.