España ha crecido desde 2018, pero cuando ponemos juntos los principales indicadores aparece una fotografía mucho más incómoda. Entre el primer semestre de 2018 y el mismo periodo de 2026, el PIB nominal aumenta un 46,5 %, mientras el PIB real crece un 15,3 % y el PIB real per cápita solamente un 8,0 %.
Frente a ese crecimiento, el gasto de la Administración Central pasa de 92.463 a 180.194 millones: +94,9 %. La deuda aumenta en 558.983 millones, un 46,4 %, hasta alcanzar 1,763 billones.
Es decir, mientras el PIB real por habitante mejora un 8,0 %, el gasto de la Administración Central casi se duplica y la deuda aumenta prácticamente al mismo ritmo que el PIB nominal. Son magnitudes distintas y no implican por sí mismas causalidad, pero juntas permiten medir cuánto ha aumentado el tamaño financiero del Estado frente al crecimiento real de la economía.
Y ahora miremos los ingresos. La recaudación por IRPF aumenta un 89,7 %, desde 34.571 hasta 65.587 millones; el IVA, un 55,1 %; las cotizaciones sociales empresariales, un 63,8 %; y Sociedades pasa de 1.993 a 8.018 millones, un espectacular 302,3 %, aunque en este impuesto la comparación semestral está muy condicionada por el calendario de ingresos y liquidaciones.
El contraste central del vídeo está ahí: gasto +94,9 %, IRPF +89,7 %, cotizaciones empresariales +63,8 %, deuda +46,4 %, pero PIB real +15,3 % y PIB real por habitante +8,0 %.
España produce más y el PIB por habitante ha aumentado en términos reales, pero las cifras muestran que varias de las grandes magnitudes fiscales han crecido muchísimo más deprisa.
La pregunta que merece hacerse es si esta evolución es sostenible y qué hemos obtenido a cambio de ese enorme incremento de gasto, deuda y recaudación.