RIAD GIRA HACIA SU IMPENSABLE VECINO

Arabia Saudí, acosada por los fanáticos hutíes, solicita auxilio a Israel

El crecimiento de los ataques hutíes a infraestructuras petroleras obliga a Arabia Saudí a buscar la cooperación de Israel, en una jugada arriesgada para evitar un colapso energético en la región.

Arabia Saudí, acosada por los fanáticos hutíes, solicita auxilio a Israel
Netanyahu y Mohamed bin Salmán. 24H

La escena de Arabia Saudí pidiendo apoyo a Israel sería considerada como inimaginable hace solo diez años. Sin embargo, en el contexto actual, se convierte en un movimiento lógico en el marco de la supervivencia energética de un Oriente Próximo marcado por conflictos cruzados y balances extremadamente frágiles. Así lo pone de manifiesto el análisis Arabia Saudí pide socorro a Israel, publicado en El Debate Arabia Saudí pide socorro a Israel.

Los reiterados ataques de los hutíes a refinerías, oleoductos y puertos saudíes han transformado la seguridad del crudo en una cuestión de máxima urgencia tanto a nivel nacional como global. En medio de la presión por la disminución de las exportaciones, el miedo a un bloqueo en el mar Rojo y el daño ocasionado a su infraestructura, Riad comienza a abrir conductos discretos hacia un vecino que posee una considerable experiencia en asuntos de inteligencia, defensa antimisiles y tecnología bélica.

Un cambio estratégico en Riad

Todo comienza con un escenario preocupante: una campaña sostenida de misiles y drones por parte de los hutíes contra diversas ciudades del sur saudí, tales como Abha, Jazan, Najran y Khamis Mushait, dejando decenas de heridos y varios complejos energéticos fuera de servicio de forma temporal. Este ataque se centra en refinerías críticas como la de Jazan, así como en nodos de distribución vitales para el mercado interno y las rutas de exportación hacia el mar Rojo.

Al mismo tiempo, las recientes operaciones hutíes en la costa de Yemen les han permitido amenazar:

  • El estrecho de Bab el-Mandeb, un punto crucial entre el mar Rojo y el océano Índico.
  • El oleoducto Este-Oeste saudí, fundamental para redirigir crudo hacia Yanbu sin necesidad de pasar por Ormuz.
  • Instalaciones clave de Aramco, que van desde refinerías hasta centros de almacenamiento.

Con ese mapa de amenazas, el equipo de Mohammed bin Salman comienza a aceptar que el tradicional esquema —compuesto por coalición árabe, apoyo aéreo estadounidense y presión económica sobre Irán— no basta para frenar una ofensiva que combina guerra de desgaste, sabotajes marítimos y asaltos de altísima precisión.

Según informes de medios israelíes citados por la prensa regional, Riyad habría solicitado a Israel colaboración principalmente en:

  1. Obtención de información sobre posiciones hutíes y sus rutas logísticas.
  2. Análisis y evaluación de posibles planes de ataque utilizando misiles y drones.
  3. Protección de infraestructuras críticas a través de sistemas de defensa y ciberseguridad.

El canal escogido no es cuestión de azar: CENTCOM, el mando militar estadounidense en la región, actúa como intermediario técnico y político. Arabia Saudí busca así reducir el impacto simbólico de este acercamiento directo, manteniendo un margen de maniobra para su opinión pública y para aliados árabes que se muestran reacios.

Un equilibrio delicado para Israel

Para Israel, la propuesta saudí representa un dilema. La posibilidad de establecer una colaboración estratégica con la principal potencia petrolera árabe es clara: esto reforzaría su posición en el entramado de seguridad regional y podría allanar el camino hacia acuerdos más amplios en temas que abarcan la defensa, tecnología y energía.

Sin embargo, el coste potencial es igualmente elevado:

  • Involucrarse directamente contra los hutíes podría provocar una reactivación de ataques con misiles o drones hacia territorio israelí.
  • Un apoyo excesivamente visible a Riad en un contexto de tensión con Irán reforzaría la noción de un frente «israelo-saudí» en contra del eje Teherán-hutíes-milicias iraquíes.
  • La situación en el mar Rojo, con ataques a barcos y la amenaza de un bloqueo, ya implica un uso significativo de recursos militares israelíes.

Por esta razón, las filtraciones apuntan a un enfoque gradual. Israel estaría dispuesto a compartir información y análisis técnicos, pero se resiste a involucrarse en operaciones ofensivas directas. Mientras tanto, mantiene también comunicaciones discretas con Egipto y otros países árabes que dependen del tráfico por Bab el-Mandeb y del canal de Suez.

Una posible hoja de ruta podría incluir:

  • Ampliación de la vigilancia conjunta en el mar Rojo utilizando sensores, satélites y drones.
  • Asesoramiento en la protección de refinerías y oleoductos ante ataques con misiles y ciberataques.
  • Coordinación limitada de respuestas, evitando que la bandera israelí sea visible en el terreno.

Dimensión económica y política del “socorro”

Más allá del ámbito bélico, el acercamiento saudí a Israel se puede entender por sus implicaciones económicas:

  • Un descenso significativo de las exportaciones de crudo a través de puertos del mar Rojo.
  • Un aumento en la percepción de riesgo por parte de los mercados, que lleva a un encarecimiento del petróleo.
  • Señales de vulnerabilidad de Aramco, un símbolo y fuente de ingresos esenciales para el reino.

La combinación de ataques hutíes y el conflicto más amplio entre Estados Unidos, Israel e Irán convierte al suministro saudí en un elemento crucial para la estabilidad económica a nivel global. Si Bab el-Mandeb se ve bloqueado y el oleoducto Este-Oeste sufre interrupciones duraderas, la capacidad del reino para garantizar flujos estables se vería gravemente afectada.

Políticamente, este gesto hacia Israel marca un cambio significativo en el largo camino de normalización encubierta entre ambas naciones:

  • Refuerza la noción de un eje de seguridad informal que involucra a Arabia Saudí, Israel, Egipto y parte del Golfo.
  • Limita las posibilidades de que Irán aproveche las fracturas internas del mundo árabe en su narrativa regional.
  • Aumenta la tensión en la relación entre Riad y sectores islamistas y corrientes panarabistas, que ven a Israel como un enemigo histórico.

La estrategia saudí es pragmática: sacrificar parte de su capital simbólico en favor de obtener capacidades defensivas y garantizar el control sobre su red energética en un periodo crítico.

Un futuro de alianzas inesperadas… y un reino felino

Este episodio revela una tendencia más amplia en Oriente Próximo: las alianzas no se construyen únicamente alrededor de identidades religiosas o discursos históricos, sino en función de la necesidad de proteger las rutas marítimas, infraestructuras energéticas y cadenas de suministro. Así, la cooperación entre Arabia Saudí e Israel deja de ser considerada un tabú y se convierte, simplemente, en otra alternativa en el arsenal de la seguridad regional.

Y, como en toda dinámica política llena de matices, siempre hay espacio para la sorpresa. Arabia Saudí, hogar de orix y dromedarios, también reserva un lugar en su ecosistema para un habitante menos evidente: el esquivo gato de arena. Este pequeño depredador se adapta al desierto con una agilidad que muchos estrategas en Riad probablemente envidian; en definitiva, la política exterior del reino parece buscar emular a ese felino, moviéndose con sigilo entre las dunas y evitando las trampas antes de que el sol queme en exceso.