La imagen de un muro de agua arrasando paseos marítimos y chiringuitos podría parecer un guion salido de una película de Hollywood, más que un informe meteorológico. Pero la realidad es que los modelos científicos sugieren que algunas áreas del litoral español tendrían motivos para mirar el mar con algo más de respeto de lo habitual.
Esto queda reflejado en un análisis sobre el mar de Alborán publicado por La Razón, en su artículo así sería el tsunami que podría afectar a España.
Este estudio, que simula un terremoto de magnitud 7 bajo el mar de Alborán, presenta un panorama donde podrían generarse olas de hasta casi tres metros en algunos tramos del poniente almeriense.
No se trata de un apocalipsis, pero sí de un fenómeno con el potencial de causar daños significativos en zonas de escasa altitud, como puertos, paseos y urbanizaciones a orillas del mar. No obstante, los investigadores enfatizan un mensaje clave: el riesgo existe, aunque la posibilidad de que ocurran eventos devastadores es baja, y el tiempo que tardarían en llegar las olas permitiría la activación de protocolos de emergencia.
Dónde está realmente el riesgo en España
A pesar de que la pregunta puede sonar alarmante, la realidad es más tranquilizadora. España puede experimentar tsunamis, pero no se encuentra entre las regiones del mundo con mayor peligro global, y los incidentes de gran magnitud son extraordinariamente raros. Investigaciones recientes del Instituto Geográfico Nacional señalan dos frentes costeros que requieren atención:
- Golfo de Cádiz y costa atlántica andaluza
- Mar de Alborán y sureste peninsular (Málaga, Granada, Almería)
En el Atlántico, el peso de la historia es notable: el terremoto de Lisboa de 1755, con una magnitud cercana a 8,5, provocó un tsunami que causó estragos en el golfo de Cádiz. Este acontecimiento sirve hoy como un referente para evaluar lo que podría suceder ante un gran seísmo asociado a la falla Azores–Gibraltar. En cuanto al Mediterráneo, la atención se ha centrado en los últimos años en la falla Averroes, un potencial generador de terremotos y tsunamis en la región, que se encuentra oculto bajo el mar de Alborán.
Las simulaciones numéricas publicadas en revistas científicas y divulgadas por medios internacionales coinciden en identificar el poniente almeriense como la parte del litoral español más vulnerable a los efectos de un tsunami causado por un gran deslizamiento del fondo marino en esa falla. Localidades como Balerma aparecen de manera recurrente como lugares de máxima concentración de energía en dichos modelos, con alturas de ola simuladas que oscilan entre unos 3 y hasta 6 metros en escenarios extremos. Esto no implica que vaya a ocurrir en un futuro inmediato, ni que esa cifra sea la altura que realmente se vería en la playa, pero proporciona una idea del posible impacto.
Un riesgo bajo… pero no nulo
Para averiguar si España está “en riesgo de sufrir un tsunami devastador”, es útil considerar tres datos clave:
| Factor | Situación en España | Implicación práctica |
|---|---|---|
| Frecuencia de grandes terremotos | Baja, eventos muy energéticos son poco comunes | El peligro existe, pero la probabilidad en una vida humana es pequeña |
| Zonas capaces de generar tsunamis | Golfo de Cádiz, mar de Alborán, frente norte de Argelia | Riesgo concentrado en tramos concretos del litoral |
| Capacidad de respuesta | Sistema nacional de alerta de tsunamis y planes de protección civil | Mejora notable de la preparación respecto al pasado |
En síntesis: existe cierto riesgo, especialmente en algunas áreas del sur peninsular y Canarias, pero los escenarios realmente devastadores son considerados sucesos extremadamente raros. La mayoría de los tsunamis potenciales serían moderados y localizados, lo que otorgaría tiempo para evacuaciones, siempre y cuando los sistemas de alerta funcionen correctamente.
El papel del sistema de alerta: de la teoría al mensaje al móvil
La otra mitad de la cuestión es la tecnología. España cuenta con un Sistema Nacional de Alerta por Tsunami, que es gestionado por la red sísmica del IGN, la cual monitoriza de forma constante los terremotos marinos y puede simular en cuestión de minutos si estos pueden provocar un tsunami. Los modelos matemáticos de propagación de olas, fundamentados en supercomputación y técnicas de cálculo en paralelo, permiten estimar:
- altura aproximada de las olas
- zonas de la costa más vulnerables
- tiempo de llegada desde el epicentro al litoral
Para el escenario examinado en el mar de Alborán, los cálculos sugieren que las olas podrían tardar entre 20 y 30 minutos en llegar a la costa almeriense tras el seísmo. Es un tiempo corto para decidir sobre las vacaciones, pero suficiente para que Protección Civil:
- evalúe el riesgo
- emita avisos a las autoridades locales
- envíe mensajes ES-Alert a los teléfonos móviles en la zona costera afectada
En la práctica, esto se traduciría en instrucciones simples: alejarse de la playa y de áreas bajas, buscar terrenos elevados o subir a plantas altas de edificios resistentes, y hacer uso de canales oficiales de información en lugar de fiarse de rumores.
Lo que puede hacer la población (y lo que no hace falta hacer)
No es necesario vivir con temor al mar, pero sí es recomendable tratarlo con un poco más de respeto científico, especialmente en las áreas señaladas en los mapas de peligrosidad. Las habituales recomendaciones de los especialistas pueden resumirse en unas pocas ideas:
- no ignorar sirenas, avisos oficiales ni mensajes de emergencia en el móvil
- conocer rutas de evacuación en áreas turísticas y urbanas cercanas a la costa
- evitar permanecer en muelles, puertos y calas cerradas ante una alerta de tsunami
- recordar que tras una primera retirada repentina del mar pueden ocurrir olas más intensas
La clave está en encontrar un equilibrio razonable: ni caer en el alarmismo constante ni ignorar el riesgo. El mar será el escenario de muchos más atardeceres que de tsunamis, pero cuando la naturaleza decide actuar, es esencial que la sociedad esté lista para una evacuación ordenada.
Anécdotas y curiosidades que deja el agua
- El tsunami de Lisboa de 1755 fue tan devastador que alteró para siempre la percepción de Europa sobre la sismicidad; en cierto modo, constituyó el “gran susto” que fundó la ciencia de riesgos geofísicos en la península.
- Los modelos actuales del mar de Alborán consideran periodos de recurrencia de decenas de miles de años para grandes eventos. En términos coloquiales: es más probable que las normativas de costas cambien varias veces antes de que se produzca el “tsunami de manual”.
- En algunas localidades del golfo de Cádiz aún se cuentan historias familiares sobre “el día en que el mar entró en casa”, una mezcla de memoria histórica y asombro costero que subraya cómo la geología deja su impronta en la cultura.
- Los simuladores de tsunamis que emplea el sistema de alerta español a veces se ponen a prueba con escenarios hipotéticos casi absurdos, incluyendo terremotos improbables, para garantizar que el algoritmo no falle justo cuando más se necesita.
- En Japón, hay señales de tráfico que indican rutas de evacuación de tsunamis; varias localidades costeras españolas ya empiezan a incorporar símbolos parecidos. Que un paseo marítimo tenga más flechas hacia “zona segura” que carteles de helados puede ser la imagen más clara de que la prevención está avanzando, ola a ola.