MARRUECOS, SOBERANÍA Y LA GEOMETRÍA VARIABLE DE SÁNCHEZ

El coronel Baños revela el miserable plan que urde Sánchez para entregar Ceuta y Melilla a Marruecos

El coronel Pedro Baños denuncia maniobras de Sánchez que facilitarían la cesión de Ceuta y Melilla a Marruecos, mientras el Gobierno sostiene lo contrario en el ámbito parlamentario.

El coronel Baños revela el miserable plan que urde Sánchez para entregar Ceuta y Melilla a Marruecos
Coronel Baños. 24H

La advertencia del coronel Pedro Baños respecto a un presunto plan de Pedro Sánchez que conduciría a la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos ha hecho saltar todas las alarmas en el panorama político español.

En una reciente entrevista en Esdiario, planteó una teoría sobre la crisis en Ceuta y las maniobras del Ejecutivo, donde señala un futuro de “cosoberanía” progresiva que, según su perspectiva, resultaría en la pérdida de ambas ciudades autónomas.

La idea, presentada de manera contundente, es tanto simple como inquietante: mantener una crisis constante, cansar a la opinión pública, presentar Ceuta y Melilla como un inconveniente más que como un bien estratégico, y, una vez superada la resistencia social, abrir la puerta a una solución “intermedia” que se convertiría en definitiva. Este discurso se conecta con viejos temores, desde el Sáhara Occidental hasta el recurrente debate sobre el paraguas de la OTAN y el apoyo de Europa.

¿Qué está diciendo realmente Pedro Baños?

El coronel, con amplia experiencia en geopolítica y frecuente en tertulias sobre seguridad, sostiene que el Gobierno podría estar en una dinámica de complicidad con Rabat. Según él, esto llevaría a la sociedad española a aceptar una idea incómoda: que mantener Ceuta y Melilla es más costoso que beneficioso. A partir de esta afirmación, sugiere tres pasos:

  • Presentar las ciudades como un foco de crisis migratoria y de tensión diplomática constante
  • Introducir la noción de una cosoberanía temporal como una solución “pragmática”
  • Transformar esa opción en un proceso que se extienda a lo largo de varias décadas hasta la plena integración en Marruecos

Baños también señala que las dos plazas no aparecen explícitamente en la geografía clásica del artículo 5 de la OTAN. Esto, advierte, podría debilitar la expectativa de una respuesta automática de los aliados en caso de un conflicto, obligando así a España a evaluar de manera independiente el riesgo de una escalada militar. Se relaciona esta situación con otros frentes de presión por parte de Marruecos, como la delimitación marítima, los recursos en torno a Canarias, el control de flujos migratorios y la gestión del terrorismo yihadista.

El coronel no se detiene en lo teórico. Destaca una activa labor de influencia por parte de Marruecos, que busca implantar la idea de que España nunca llegaría “hasta el final” por Ceuta y Melilla. Esto, según él, sería porque no desea arriesgarse a un choque severo con un vecino clave en términos de migración, seguridad y energía. En este marco, cada acción cautelosa de Moncloa es interpretada como parte de una estrategia más amplia.

¿Qué está haciendo realmente el Gobierno con Ceuta y Melilla?

Al contrastar esta visión con las decisiones que el Ejecutivo ha anunciado en semanas recientes, se evidencia un choque frontal. Sánchez ha reafirmado en el Congreso que la soberanía sobre Ceuta y Melilla está asegurada “para siempre”, vinculando este compromiso a una serie de medidas que, en la teoría, buscan proteger su estatus español y europeo.

Entre las principales iniciativas anunciadas destacan:

  • Refuerzo de la frontera: alargamiento de los espigones del Tarajal y Benzú, establecimiento de un sistema de contención marítima permanente, instalación de redes de cámaras técnicas, drones y nuevas embarcaciones de la Guardia Civil.
  • Presencia europea constante: solicitud de una misión específica de Europol y despliegue continuo de Frontex para el monitoreo de la migración irregular.
  • Inversión económica extraordinaria: más de 300 millones de euros en ayudas y bonificaciones, que representan un porcentaje elevado del PIB ceutí, así como paquetes adicionales dentro del ampliado “Plan Ceuta”.

De manera paralela, Moncloa ha planteado un cambio significativo: “europeizar” aún más las dos ciudades, mediante su plena incorporación a la Unión Aduanera, la obtención del estatus de región ultraperiférica y una representación estable en el Comité de las Regiones. En la teoría, estos tres movimientos anclarían jurídicamente a Ceuta y Melilla al proyecto comunitario, haciendo que cualquier cesión futura no solo sea políticamente suicida, sino también jurídicamente complicada.

La paradoja es manifiesta: mientras Baños sugiere una estrategia encubierta para desvincular las ciudades del paraguas occidental, el Gobierno sostiene que su acción es diametralmente opuesta, buscando atarlas aún más a la UE y a la estructura de seguridad europea.

Una lectura política: el temor al Sáhara y los números electorales

Más allá de la letra pequeña, el debate conlleva una carga simbólica y política notable. Ceuta y Melilla evocan inmediatamente el recuerdo del Sáhara, visto por muchos como el ejemplo claro de cómo una combinación de dudas internas y presión exterior puede resultar en una pérdida territorial irreversible. No es por azar que proliferan las menciones a esta experiencia cuando la opinión pública percibe que Marruecos ha puesto a prueba la capacidad de España para resistir la presión migratoria.

En un contexto interno, la teoría de Baños se encaja perfectamente en un clima de desconfianza hacia Sánchez, que es acusado de realizar política exterior “a golpe de gesto”, desde su giro respecto al Sáhara hasta la relación fluctuante con Rabat. Convertir Ceuta y Melilla en un nuevo campo de batalla simbólico ofrece a la oposición la oportunidad de:

  • Denunciar al Gobierno por su debilidad estratégica frente a Marruecos
  • Reforzar la percepción de que la soberanía nacional está en riesgo
  • Movilizar a votantes preocupados por cuestiones de seguridad y defensa

A la vez, el Ejecutivo intenta mantener un enfoque prudente. Reconoce “indicios” preocupantes sobre la actuación marroquí en la crisis migratoria, pero subraya que no hay evidencias claras de una operación planificada desde Rabat. Este equilibrio busca evitar un choque frontal con un socio crucial en la gestión migratoria, pero también le da munición a quienes interpretan cada declaración como una claudicación.

Ceuta y Melilla, entre la geopolítica y curiosidades fronterizas

Detrás del ruido político y de teorías más o menos conspirativas, Ceuta y Melilla siguen siendo territorios pequeños donde la geopolítica convive con escenas cotidianas que se alejan de los discursos de Madrid. Algunas curiosidades ayudan a aterrizar el debate:

  • Son las únicas ciudades españolas en el continente africano, donde se percibe una rica mezcla cultural en las calles, mercados y festividades locales.
  • Su ubicación estratégica sobre el Estrecho convierte cada muelle y cada espigón en una pieza fundamental de un rompecabezas que involucra a Gibraltar y las rutas energéticas del Mediterráneo.
  • El flujo diario de personas y mercancías con Marruecos, cuando opera con normalidad, transforma la frontera en una línea de tensión diplomática y un punto de encuentro económico.
  • Pocas ciudades españolas experimentan de manera tan directa el impacto de decisiones tomadas en Bruselas, Rabat o Madrid, desde un reglamento aduanero hasta un acuerdo sobre la readmisión de migrantes.

Quizás por esto, cada vez que alguien sugiere que Ceuta y Melilla podrían dejar de ser parte de España, los vecinos dejan de mirar mapas y centran su atención en el horizonte del puerto, conscientes de que esos metros de agua representan mucho más que una simple cuestión de soberanía.