OTRO INVIERNO COMPLICADO PARA LA ECONOMÍA EUROPEA

El gas caro vuelve a poner a Europa al límite ante el invierno

El alza en el precio del gas, junto a los bajos niveles de reservas, abren la posibilidad de un nuevo shock energético invernal en Europa, lo que incrementa el riesgo de inflación y ejerce presión sobre el sector industrial.

El gas caro vuelve a poner a Europa al límite ante el invierno
Mapa de gasoductos de Europa. 24H

El incremento en el precio del gas sitúa de nuevo a Europa en una posición delicada justo antes de la llegada del invierno.

De acuerdo con la información publicada por Infobae en su análisis sobre la renovada tensión energética en el continente, el gas vuelve a poner a Europa contra las cuerdas cuando todavía resuena el recuerdo de la crisis de 2022.

La conjunción de precios máximos en tres años, reservas inferiores a lo habitual y la feroz competencia con Asia por el gas natural licuado (GNL) ha encendido las alarmas en gobiernos, bancos centrales y empresas del sector energético. La preocupación no radica tanto en la posibilidad de quedarse sin gas, sino en tener que pagarlo a precios tan elevados que puedan reactivar la inflación y afectar la competitividad industrial.

Un precio del gas que vuelve a doler en el bolsillo

En las últimas semanas, el contrato de referencia del gas en Países Bajos (TTF) ha experimentado un notable repunte, superando la barrera de los 70-80 euros por megavatio hora, alcanzando su nivel más elevado desde principios de 2023 y más de un 70% por encima de los precios de junio. Este aumento se produce tras:

  • Un verano relativamente tranquilo, con precios alrededor de 40 €/MWh.
  • Nuevas tensiones geopolíticas en Oriente Medio que han alterado el tráfico de GNL.
  • Un mercado que se ha percatado de que las reservas europeas están mucho más desabastecidas de lo normal para esta época del año.

A pesar de que estas cifras aún están lejos del pico de más de 300 €/MWh registrado en 2022, el aumento es lo suficientemente significativo como para que las facturas de energía vuelvan a ser un quebradero de cabeza para hogares y empresas. Los reguladores en países como Reino Unido ya advierten de la posibilidad de aumentos en las tarifas reguladas, mientras que las comercializadoras europeas se encuentran revisando precios de cara al último trimestre del año.

El desafío esencial es que el gas continúa siendo un elemento clave en el sistema energético europeo: establece el precio marginal en numerosos mercados eléctricos y abastece a gran parte de la industria química, metalúrgica y de fertilizantes. Cualquier aumento brusco se traslada rápidamente a lo largo de la cadena de costos.

Reservas al 65%: un nivel bajo para la época del año

A principios de septiembre, el nivel de los almacenamientos subterráneos de gas de la Unión Europea ronda el 65% de su capacidad, una cifra que representa el nivel más bajo para esta época del año en al menos quince años, y aproximadamente 15-16 puntos por debajo de la media de años anteriores. A estas alturas, lo habitual sería acercarse al 80%.

Algunos datos clave que manejan las autoridades energéticas europeas:

  • Nivel agregado en torno al 65-68% de capacidad.
  • Diferencias según el país:
  • – Italia por encima del 80%.
  • – Francia en torno al 75%.
  • – Alemania alrededor del 55%.
  • – Países Bajos apenas supera el 50%.
  • Necesidad de sumar al menos 20 puntos de almacenamiento antes de noviembre para contar con un margen razonable.

En otras palabras: hoy no hay escasez de gas, pero el margen de seguridad para un invierno frío es estrecho. Para rellenar rápidamente las reservas, es necesario comprar en el mercado spot justo cuando los precios están en alza, lo que incrementa la factura energética y alimenta la presión inflacionista.

Una forma fácil de visualizar la situación:

Región/paísNivel de almacenamiento aproximadoSituación relativa
UE agregada65–68%Bajo para la fecha
Alemania~55%Rezagada
Italia>80%Más holgada
Francia~75%Mejor que la media
Países Bajos~50%Muy ajustada

Este desequilibrio interno complica la respuesta coordinada: los países con mayores reservas de gas tienden a proteger su colchón, mientras que aquellos más expuestos presionan para implementar medidas conjuntas de compra y solidaridad.

GNL, Asia y la nueva batalla por cada cargamento

A diferencia de la crisis de 2022, cuando la prioridad era reemplazar rápidamente el gas ruso con otras fuentes, el problema actual gira en torno a la competencia global por el GNL. La demanda de China, India y otros países asiáticos ha crecido nuevamente con fuerza, mientras que algunos proveedores clave, como Qatar, enfrentan restricciones logísticas debido a la tensión en el Estrecho de Ormuz.

Esto se traduce en:

  1. Mayor volatilidad en los precios del TTF, que es la referencia para el GNL que llega al noroeste europeo.
  2. Cargamentos que se desvían hacia Asia si allí pueden conseguir un mejor precio.
  3. Temor a que Europa tenga que elevar aún más sus ofertas para asegurarse un suministro de gas en días de frío intenso.

Para la industria europea, este panorama es particularmente problemático. Sectores que son grandes consumidores de energía, como el acero, el cemento, la cerámica o la automoción, enfrentan tres riesgos notorios:

  • Aumento en los costos de producción en comparación con competidores de Estados Unidos o Asia.
  • Reducido margen para invertir en descarbonización, mientras los presupuestos se destinen a la factura energética.
  • La tentación de recortar turnos o trasladar producción fuera de Europa si los precios se mantienen elevados.

Lo que esto significa para inflación, hogares y gobiernos

El encarecimiento del gas ocurre en un momento en que la inflación general en la zona euro había empezado a ceder, aunque una parte significativa de esta sigue estando impulsada por la energía y los alimentos. Un nuevo shock de precios puede abrir varios frentes:

  • Inflación:
  • – Aumento directo en la partida de energía del IPC.
  • – Efecto de segunda ronda a través del transporte, bienes industriales y servicios.
  • Política monetaria:
  • – Mayor presión sobre el Banco Central Europeo si las expectativas de inflación se recalientan.
  • – Un dilema en el horizonte: continuar recortando tipos para estimular el crecimiento o frenar si el gas vuelve a impulsar los precios.
  • Política fiscal:
  • – Posible regreso de:
  • – Bonos de energía para hogares en situación vulnerable.
  • – Topes temporales a tarifas reguladas.
  • – Reducciones en los impuestos sobre la energía.
  • – Conflicto entre proteger al ciudadano y mantener las cuentas públicas equilibradas.

Para una familia media en ciudades como Madrid, París o Berlín, el riesgo es innegable: facturas de luz y gas más elevadas justo al encender la calefacción, y un aumento en los precios de productos básicos. Para muchas pequeñas y medianas empresas, especialmente en el sector manufacturero, el coste energético podría ser nuevamente el factor que determine su continuidad operativa o, por el contrario, su reducción de actividad.

Un invierno que será observado al detalle… y algunas curiosidades

Más allá de las gráficas de precios y niveles de reservas, el gas posee una “vida económica” fascinante que ayuda a entender por qué hay tanta expectación a su alrededor:

  • El gas acumulado en cavidades subterráneas de Europa no es solo un colchón físico: actúa casi como una “cuenta de ahorros” energética que se valora diariamente en función del precio del mercado.
  • Existen traders que, literalmente, obtienen ganancias decidiendo si es recomendable vender hoy o conservar el gas bajo tierra esperando un precio más elevado en enero.
  • Algunas plantas de ciclo combinado que queman gas han evolucionado hasta convertirse en el “interruptor” silente del sistema eléctrico europeo: no se perciben a simple vista, pero determinan el costo que asumen millones de hogares.
  • A su vez, cada decisión sobre un cargamento de GNL puede modificar el equilibrio entre Europa y Asia en cuestión de horas: un barco que cambia su destino puede influir en el mercado más que muchos discursos políticos.

En este contexto, el invierno que se aproxima no solo será una prueba de resistencia energética, sino también un termómetro evidente de hasta qué punto la economía europea puede convivir con un gas que se ha vuelto permanentemente más caro, sin perder su capacidad industrial.