El emblemático campo del Rayo Vallecano se mantendrá en su actual ubicación.
Según ha revelado Infobae en su análisis del proyecto de reforma del estadio, la apuesta de la Comunidad de Madrid es clara: se evita el derribo y se opta por una modernización profunda inspirada en lo que han llamado la “vuelta al origen”.
La propuesta es sencilla: aumentar la capacidad, añadir usos comerciales y culturales, y mejorar el aprovechamiento de una instalación que, a pesar de sus limitaciones, sigue siendo un símbolo del barrio y del fútbol modesto en el contexto europeo.
Un estadio protegido que se adapta… pero no se cambia
El estadio de Vallecas está clasificado como propiedad protegida, lo que imposibilita su demolición total para construir uno nuevo desde cero. Esto exige un enfoque cuidadoso, realizando intervenciones específicas en las gradas, accesos y espacios interiores para corregir problemas de seguridad, salud y evacuación que la misma Comunidad ha señalado en los últimos meses.
El proyecto se asienta sobre una base urbanística y emocional: conservar el campo en su lugar actual y salvaguardar su fachada histórica, mientras se adecuan las instalaciones a las demandas actuales de LaLiga, las competiciones internacionales y un uso más intensivo del estadio. La directriz del Gobierno regional es clara: “se reforma y no se mueve”.
Aspectos clave del proyecto deportivo y urbano
El denominado “estudio director” de la reforma recoge los principales ejes de intervención:
- Aforo: se pasará de los actuales 14.500 espectadores a 18.500, recuperando la disposición con gradas en los cuatro lados del campo.
- Terreno de juego: se adaptará a los estándares de LaLiga y competiciones internacionales, con pequeños ajustes en la ubicación del césped y las líneas de juego.
- Seguridad y evacuación: se mejorarán los accesos, recorridos y salidas para cumplir con la normativa vigente y reducir riesgos durante eventos de gran afluencia.
- Polivalencia: el estadio servirá no solo para partidos de fútbol, sino también para conciertos, eventos culturales, actividades educativas y reuniones empresariales.
Los arquitectos Julián Zapata Jiménez y Pablo Moreno Mansilla son los encargados del diseño principal, que incorpora nuevas estructuras voladizas sobre las gradas existentes, además de un rediseño del fondo que carece de graderío hacia la calle Teniente Muñoz Díaz, donde se levantará una nueva grada que cerrará el “cuenco” del estadio.
Aparcamiento, zona comercial y edificio multifuncional
La gran novedad en términos económicos y urbanos se ubica fuera del terreno de juego. La Comunidad planea utilizar la parcela pública de Arroyo del Olivar para edificar un edificio terciario multifuncional de aproximadamente 8.000 metros cuadrados sobre rasante, que estará conectado directamente al estadio.
Dicho complejo incluirá:
- Un aparcamiento subterráneo de aproximadamente 4.000 metros cuadrados, con cientos de plazas, diseñado para aliviar la congestión del tráfico en los días de partido y durante eventos.
- Espacios comerciales y de servicio (restauración, áreas VIP, oficinas, formación) que tienen como objetivo generar actividad económica y empleo, más allá de las jornadas deportivas.
- Un área para eventos culturales y artísticos, fortaleciendo la identidad del estadio y su entorno como punto de ocio en el sureste de Madrid.
Las proyecciones económicas apuntan a una inversión total que oscila entre 57 y 60 millones de euros, abarcando tanto el estadio como el edificio multifuncional, con un desglose de aproximadamente 37 millones destinados al campo y cerca de 20 millones para la nueva construcción, sin IVA. El plan contempla que la reforma del estadio se ejecute en un plazo de alrededor de dos años, con la intención de tener el nuevo recinto operativo hacia 2029, sin que se interrumpa de forma prolongada la actividad del club.
Impacto en el barrio y en el negocio del fútbol
Desde una perspectiva económica, la operación busca generar tres principales efectos sobre Vallecas y el Rayo Vallecano:
- Incremento de ingresos y estabilidad para el club
- – La ampliación de aforo y la creación de zonas VIP y comerciales incrementan el potencial de ingresos por entradas, abonos, hospitalidad y patrocinios.
- – La capacidad de acoger conciertos y eventos destacados acerca el estadio a modelos de explotación ya consolidados en recintos como el Santiago Bernabéu o el Cívitas Metropolitano, aunque a una escala más modesta.
- Revulsivo económico para el barrio
- – La nueva zona comercial y el edificio multifuncional tienen el potencial de atraer actividad cotidiana, no solo los fines de semana durante los partidos, lo que repercute en generación de empleo y dinamización del comercio local.
- – La mejora de accesos, aparcamiento y el entorno urbano podría mitigar algunas tensiones habituales entre vecinos y aficionados, aunque la disputa política sobre el modelo de gestión y la voz del barrio en las decisiones seguirá abierta.
- Reequilibrio entre interés público y privado
- – El estadio es propiedad de la Comunidad de Madrid, que busca fórmulas de financiación y gestión que contemplen concesiones y participación privada, sin perder el control del activo.
- – Por su parte, el club ha defendido en ocasiones la opción de trasladarse a otro terreno que ofrezca más posibilidades de aparcamiento y áreas VIP, lo que ha tensado su relación con el gobierno regional.
En el fondo, la situación en Vallecas encapsula un debate clásico en la economía urbana: cómo modernizar una instalación emblemática sin desplazar a quienes le han infundido tanto significado. El nuevo estadio pretende reflejar la forma de 1955, mientras que juega en 2029 con un modelo de negocio actualizado.
Un estadio con historia, apodos y rituales
Entre los hinchas, el campo se conoce como “Vallecas” o “el estadio Teresa Rivero” para quienes recuerdan épocas pasadas. Muchos mantienen curiosos ritos: entrar por la misma puerta, ocupar el mismo peldaño de pie o saludar a la antigua fachada antes de acceder al vomitorio.
Hay quienes afirman que el viento en la grada lateral impulsa al equipo cuando ataca hacia el fondo sin grada, y no faltan relatos sobre balones perdidos en los balcones cercanos durante las lluvias y el barro. Con la inminente reforma, es probable que los balones se pierdan menos, pero el objetivo es preservar esa conexión entre fútbol, barrio y vida que convierte a Vallecas en algo más que un simple estadio.
