La cifra es impactante: según revela La Razón en su exclusiva El CNI calcula que Marruecos tiene más de 600 espías en España, los servicios de inteligencia españoles han identificado alrededor de 600 agentes relacionados con el reino alauí activos en el territorio nacional. Estos datos emergen tras una masiva filtración que incluye 70.381 nombres vinculados a la inteligencia marroquí, encendiendo todas las alarmas en Madrid.
Las fuentes de seguridad advierten que esa cifra no es definitiva: en momentos de alta tensión política o crisis migratorias, el número de operativos podría haber llegado a alcanzar los 900. No todos estos agentes estarían actualmente en operación en España, pero el simple volumen indica la relevancia que el país ocupa en la agenda de Marruecos y la complejidad de sus redes informativas.
Un documento con nombres y movimientos
El dato más inquietante no es únicamente la cifra, sino el nivel de detalle del contenido. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) se maneja con un documento interno que recoge esos 600 agentes, incluyendo sus nombres, apellidos y movimientos en el territorio español. Este documento es, en realidad, un mapa de la presencia marroquí que engloba:
- Diplomáticos con funciones de “enlace” en embajadas y consulados
- Agentes de paisano que operan en ciudades clave y áreas fronterizas
- Colaboradores en comunidades de origen marroquí y entornos empresariales
La filtración de los 70.381 nombres, atribuida a un grupo de hackers conocido como Jabaroot, ha llevado a cruzar esa lista con datos policiales y de inteligencia para diferenciar quién es un verdadero agente de los servicios secretos, quién es un contacto administrativo y quién ha sido incluido erróneamente. Las autoridades mismas han enfatizado que aparecer en los documentos filtrados no implica automáticamente que alguien sea un espía, pero dicho material es una valiosa fuente de pistas.
A su vez, la Policía Nacional y la Guardia Civil están vigilando de cerca a aquellos agentes considerados “quemados”: aquellos que ya han sido identificados, controlados y cuya capacidad para operar con sigilo ha sido mermada. Esta vigilancia constante tiene como fin prevenir riesgos y entender mejor las prioridades de Rabat en suelo español.
Espionaje, crisis migratorias y presión política
El despliegue de espías no se puede desasociar de la historia reciente entre España y Marruecos. Desde hace años, los informes del CNI advierten sobre una actividad significativa de redes marroquíes en territorio español, con picos que coinciden con episodios de tensión diplomática y presiones migratorias en Ceuta y Melilla.
Varios trabajos periodísticos han descrito una suerte de “guerra fría” a nivel mediterráneo, donde se combinan:
- Operaciones de espionaje tradicional centradas en responsables políticos, militares y cuerpos de seguridad españoles
- Uso de spyware como Pegasus para acceder a los teléfonos de personalidades de alto perfil, entre ellos el presidente Pedro Sánchez y diversos ministros
- Manejo de flujos migratorios como estrategia de presión, con avalanchas puntuales en la frontera ceutí que han cogido a España desprevenida
De acuerdo a investigaciones realizadas por consorcios de medios europeos, los servicios secretos de Marruecos intentaron infectar al menos 250 teléfonos españoles entre 2018 y 2019, contabilizando hasta 768 intentos documentados de Pegasus. Posteriormente, una investigación judicial confirmó que los móviles de Sánchez y de los titulares de Defensa e Interior habían sido infectados, con un robo de más de 2,5 gigabytes de datos del presidente en mayo de 2021.
Esta combinación de infiltración en el terreno y ciberespionaje estatal elabora un panorama de guerra híbrida donde la frontera entre inteligencia y presión política se torna particularmente borrosa. España, por su parte, está en primera línea, no solo por su posición geográfica, sino también por su papel en la UE y su relevancia en el conflicto del Sáhara Occidental.
Lo que se sabe y lo que no se sabe
A pesar del elevado número de nombres y las filtraciones recientes, las autoridades españolas subrayan tres puntos clave:
- La lista de 600 agentes identificados no garantiza que todos estén operando en España en la actualidad. Algunos podrían haber regresado a Marruecos o ser asignados a otros destinos.
- La filtración de 70.381 presuntos agentes marroquíes es una fuente de información sin procesar que se está verificando caso por caso, y aún no existe una validación oficial de cada identidad.
- La relación con Rabat sigue siendo crucial en lo que respecta a seguridad, comercio y migraciones, lo que obliga a gestionar esta tensión sin romper los canales de cooperación.
De igual manera, en el ámbito europeo hay una gran inquietud por el alcance transnacional de esta red. La filtración sugiere una estructura con la capacidad de operar en varios países de la UE, llevando a cabo misiones que abarcan desde el seguimiento de opositores saharauis y rifeños hasta influencias sobre políticos y empresarios. Dentro de este esquema, España actúa como plataforma central: por cercanía, por la comunidad marroquí que reside y por su influencia diplomática.
El ex número dos de la inteligencia exterior marroquí, Mehdi Hijaouy, identificado como uno de los arquitectos técnicos de las operaciones con Pegasus, podría estar detrás de algunas de las filtraciones sobre los servicios secretos de Rabat y sus movimientos en Europa. Su huida y aparente colaboración con actores externos añaden incertidumbre, pero también una oportunidad para entender mejor el alcance del espionaje marroquí en suelo español.
Un pulso silencioso que se juega en la calle y en la nube
Estos episodios ponen de manifiesto un pulso silencioso, de baja intensidad, que se desarrolla:
- En barrios donde los agentes de paisano investigan comunidades y asociaciones
- En despachos donde diplomáticos y enlaces manejan información delicada con discreción
- En servidores y teléfonos, donde herramientas como Pegasus convierten un móvil en una ventana al mundo
España se enfrenta a esta situación con un aumento en sus medidas de contrainteligencia, intensificando la ciberseguridad y aumentando la vigilancia sobre las redes marroquíes ya comprometidas. Sin embargo, también se esfuerza por mantener la relación abierta con Rabat, consciente de que el vecino del sur es tanto un socio esencial como un actor que no duda en usar la inteligencia como herramienta de presión política.
En este complejo tablero, los más de 600 espías marroquíes identificados en España no son solo una cifra: son un recordatorio de que la delgada línea entre cooperación y presión se está trazando cada día, a menudo sin que nadie se percate, en cualquier calle o a través de la pantalla de un teléfono.
