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El Museo del Prado ha integrado el clima en su narrativa. No solo se trata de cómo presenta sus obras, sino también de cómo las protege. La pinacoteca ha alineado su imagen con campañas enfocadas en la sostenibilidad y ha disminuido su huella de carbono mediante el uso de iluminación LED. Esta iniciativa logra evitar la emisión de aproximadamente 372 toneladas de CO2 al año, según informan desde la institución.
La premisa es sencilla: el cambio climático no solo impacta en paisajes o ciudades, sino que también transforma el entorno físico de las obras maestras. Factores como el calor, la humedad, los bruscos cambios de temperatura y la contaminación afectan las pinturas, los marcos y los soportes, obligando a un control ambiental cada vez más exhaustivo en las salas de exhibición.
Un adversario silencioso en sala y depósito
La conservación pictórica depende de un equilibrio sumamente precario. Los materiales de las obras tienden a expandirse o contraerse con cambios en la temperatura y la humedad relativa. Estas variaciones pueden ocasionar grietas, deformaciones, desprendimientos e incluso la aparición de moho.
Para los museos, el inconveniente no se limita solo al calor, sino que radica en la inestabilidad de las condiciones. Expertos en conservación alertan que hasta pequeñas fluctuaciones pueden causar serios problemas, especialmente cuando se repiten durante periodos prolongados.
Hoy en día, el debate ha evolucionado: ya no se trata de mantener un clima «ideal» uniforme en todo momento, sino de adaptar cada edificio a su contexto específico. Desde el ICOM se destaca que el protocolo Bizot Green Protocol, cuya revisión tuvo lugar en 2023, sugiere que los museos consideren el clima local, la estanqueidad del edificio, la ventilación y el almacenamiento de colecciones para definir sus propios estándares de control.
El Prado como reflejo de una preocupación global
El Prado ha hecho de sus obras una herramienta para aumentar la conciencia sobre el clima. Durante la Cumbre del Clima en Madrid en 2019, la institución y WWF lanzaron la campaña 1,5ºC Lo cambia todo, que incluía intervenciones digitales en obras emblemáticas de la colección, diseñadas para ilustrar las consecuencias del calentamiento global.
Entre estas intervenciones se encontraba una representación de Felipe IV a caballo, parcialmente sumergido por la elevación del nivel del mar, así como una reinterpretación de El paso de la laguna Estigia de Patinir con la presencia de refugiados climáticos. La idea no era reflejar daños reales en estas obras, sino resaltar la vulnerabilidad del patrimonio ante posibles escenarios de crisis.
Al mismo tiempo, el museo ha impulsado acciones de eficiencia en su funcionamiento diario. La transformación de su iluminación convencional a tecnología LED se presenta como una solución que reduce el consumo energético y las emisiones sin comprometer la exhibición de su colección.
Un desafío presente en otros museos europeos
La amenaza no es meramente teórica. En otros centros de renombre, el clima extremo ya figura en sus agendas de conservación. En el Mauritshuis de La Haya, sus responsables han indicado que la inundación, ya sea por lluvias torrenciales o por la presión en las defensas costeras, es la mayor amenaza climática a la que se enfrentan. Por ello, han desarrollado un plan de prioridades para la evacuación de obras si fuera necesario.
En el Vaticano, por su parte, la conservación también ha sido impactada por la temperatura y la cantidad de visitantes. Un informe de medios internacionales revela que el incremento del calor en Roma ha incrementado la sudoración del público, lo que a su vez ha acelerado la formación de una película blanquecina sobre los frescos de la Capilla Sixtina, compuesta por sales resultantes de la reacción entre el sudor y la superficie de la pintura.
La enseñanza que se desprende de estos casos es clara: el patrimonio cultural no solo se ve amenazado por desastres evidentes, sino también por procesos lentos y casi invisibles que deterioran poco a poco la superficie de las obras.
Cómo cambia el panorama para las obras maestras
- Pinturas sobre lienzo: el calor y la humedad modifican la tensión del soporte, lo que puede favorecer su agrietamiento y desprendimiento.
- Marcos dorados: las oscilaciones ambientales y la abrasión dañan la capa dorada y los materiales orgánicos.
- Obras sobre madera o papel: son particularmente susceptibles a la deformación, el secado excesivo y la aparición de moho.
- Museos en riesgo de inundación: deben contar con planes de evacuación y prioridades para trasladar las piezas más valiosas.
Así, la conservación ya no se limita a la restauración de lo dañado. Ahora se exige anticipar el futuro de los edificios, contemplando cómo serán dentro de diez o veinte años, qué episodios de calor extremo pueden soportar y qué capacidad tendrán para seguir protegiendo obras que no tienen sustitutos.
Curiosidades del Prado que vale la pena recordar
- La campaña climática del museo junto a WWF usó Las Meninas como emblema, ya que cada detalle del cuadro servía para ilustrar el esfuerzo conjunto ante el cambio climático.
- El Prado ha integrado la eficiencia energética como parte de su identidad pública, no solo como una medida técnica.
- La institución también se involucra en iniciativas que conectan arte y sostenibilidad, como programas educativos y de investigación sobre clima y patrimonio.
- En el debate actual, la gran cuestión ya no es si el clima afecta al arte, sino cuánto tiempo más podrán resistir las colecciones sin una inversión adicional en prevención.
