Si el Gobierno lo permite

¿Manipular las estadísticas puede ser un delito?

Las estadísticas oficiales son uno de los pilares de cualquier democracia.

Sobre ellas se toman decisiones económicas, se elaboran los Presupuestos Generales del Estado, se fijan políticas públicas y se informa a los ciudadanos de la realidad del país. Pero ¿Qué ocurre si esas estadísticas dejan de reflejar fielmente la realidad? ¿Dónde termina la interpretación técnica y dónde podría empezar una posible manipulación de datos públicos?

En este vídeo reflexiono sobre esa cuestión a raíz de un hecho conocido: la investigación judicial que afecta a tres directivos de la SEPI. No se trata de afirmar que exista una relación entre ambos asuntos, sino de plantear una pregunta de carácter institucional:

¿Qué responsabilidad pueden asumir los empleados públicos cuando participan en la elaboración, validación o publicación de información oficial si algún día un tribunal concluyera que esos datos fueron alterados de forma consciente?

Los datos del SEPE muestran que el paro registrado disminuye un 4,7 % interanual en junio de 2026. Sin embargo, el número medio de beneficiarios por prestaciones apenas cae un 0,9 %, mientras que el gasto en prestaciones aumenta un 4,6 % respecto al mismo periodo del año anterior.

¿Son compatibles estas cifras? ¿Existen explicaciones técnicas suficientes? ¿O conviene abrir un debate sobre la necesidad de reforzar la transparencia y la trazabilidad de las estadísticas públicas?

Las estadísticas oficiales pertenecen a todos los ciudadanos. Precisamente por eso deben ser objetivas, verificables y estar protegidas de cualquier utilización política. Porque la confianza en las instituciones comienza por la confianza en los datos.

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