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Los mayores de 60 años se están convirtiendo en uno de los colectivos más vulnerables del mercado laboral español. Según los datos publicados, más de 800.000 personas de esa edad figuran ya como demandantes de empleo, un 54% más que en 2018. Se trata de una cifra que refleja un cambio profundo en la realidad laboral y demográfica de nuestro país.
Durante los últimos años se ha insistido en la necesidad de retrasar la edad efectiva de jubilación para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones. Sin embargo, esa estrategia plantea una contradicción evidente: prolongar la vida laboral resulta mucho más complicado cuando miles de trabajadores pierden su empleo en los últimos años de su carrera profesional y encuentran enormes dificultades para volver a ser contratados. La experiencia continúa siendo uno de los activos más valiosos de cualquier profesional.
Sin embargo, muchas empresas priorizan perfiles más jóvenes, costes laborales más reducidos o determinadas competencias tecnológicas, lo que dificulta la reincorporación de trabajadores sénior al mercado laboral.
El problema no hará más que crecer. España afronta un intenso proceso de envejecimiento demográfico. Cada año aumenta el número de personas próximas a la jubilación, mientras disminuye el relevo generacional. Si el mercado laboral no es capaz de integrar a los trabajadores de mayor edad, el número de demandantes de empleo seguirá aumentando.
La sostenibilidad del sistema de pensiones no depende únicamente de retrasar la edad de jubilación. También exige crear un mercado laboral donde la experiencia siga siendo un valor y donde cumplir sesenta años no signifique quedar excluido de nuevas oportunidades profesionales.
Porque pedir a los ciudadanos que trabajen más años solo tiene sentido si también existen posibilidades reales de seguir trabajando.