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Las cotizaciones sociales siguen creciendo con fuerza en España. Entre enero y abril de 2026, la Seguridad Social ha recaudado 62.401 millones de euros, un 7,7% más que en el mismo periodo del año anterior y un 65,1% más que en 2018.
Sin embargo, cuando se compara esa evolución con el número de empresas inscritas en la Seguridad Social aparece un dato muy llamativo. En esos mismos ocho años, el número de empresas apenas ha aumentado un 1%, pasando de 1.327.859 a 1.348.392.
Es decir, la recaudación por cotizaciones sociales ha crecido sesenta y cinco veces más que el número de empresas que sostienen el sistema. Este comportamiento refleja el fuerte incremento de las bases de cotización, de las cuotas empresariales y de las aportaciones de trabajadores y autónomos. En los últimos años se han sucedido diversas reformas que han elevado la carga sobre el empleo, mientras el tejido empresarial apenas ha experimentado crecimiento.
La consecuencia es evidente: cada empresa soporta hoy una presión mucho mayor para financiar el sistema de Seguridad Social que hace apenas unos años. El incremento de los ingresos no responde únicamente a que existan más empresas o más actividad económica, sino también a un aumento muy significativo del esfuerzo contributivo exigido a quienes crean empleo. Las cotizaciones sociales son uno de los principales costes laborales de cualquier empresa.
Cuando aumentan de forma muy superior al crecimiento del tejido empresarial, conviene preguntarse cuál puede ser su impacto sobre la competitividad, la inversión y la creación de empleo en el futuro.
Porque las empresas son quienes generan el empleo, pero también quienes soportan una parte esencial de la financiación del Estado del Bienestar.
Y cuando esa carga crece mucho más deprisa que el propio número de empresas, el equilibrio del sistema merece una reflexión