UNA DÉCADA DE COSTES Y PROMESAS INCUMPLIDAS

Diez años del Brexit: la factura oculta que paga la economía británica

El Reino Unido más pobre, Starmer dimite y la derecha de Farage espera en la puerta

Brexit
Brexit. 24H

El 23 de junio de 2016, 17,4 millones de británicos votaron por abandonar la Unión Europea con la promesa de recuperar el control, abrir el país al mundo y liberar la economía de las ataduras burocráticas de Bruselas.

Diez años después, los números están disponibles para cualquiera que quiera leerlos sin filtros ideológicos. Y lo que dicen no se parece en nada a lo que prometían los carteles de la campaña del Leave.

Y para redondear la catástrofe, este mismo lunes 22 de junio de 2026, exactamente una semana antes del décimo aniversario del referéndum, Keir Starmer ha anunciado su dimisión como primer ministro y líder del Partido Laborista, dejando al Reino Unido sin liderazgo estable en el momento en que más lo necesita. El Brexit se lleva por delante a otro primer ministro. El contador ya va por seis desde el referéndum,

La factura económica de una década

Los estudios de instituciones académicas y centros de investigación muestran un patrón inequívoco. El PIB del Reino Unido es hoy entre un 6 y un 8% menor de lo que sería si hubiera permanecido en la UE. La inversión extranjera está entre un 12 y un 18% por debajo del escenario sin Brexit. La productividad se ha estancado entre 3 y 4 puntos por debajo de la trayectoria anterior. Las empresas británicas invierten aproximadamente un 15% menos que antes del divorcio.

La promesa de nuevos acuerdos comerciales que compensaran la ruptura con Europa ha producido resultados patéticos: los pocos tratados bilaterales alcanzados tienen efectos estimados equivalentes a alrededor del 0,3% del PIB. A cambio, el entramado de barreras no arancelarias, controles aduaneros, requisitos duplicados de certificación y trámites para exportar servicios actúa como un sobrecoste medio del 8% sobre el valor de las mercancías.

El sector del automóvil ilustra el problema con precisión: la ruptura de cadenas de suministro integradas ha incrementado el precio del coche europeo vendido en el Reino Unido hasta 3.000 libras por vehículo, mientras las plantas se trasladan al otro lado del Canal.

La promesa migratoria que tampoco se cumplió

El control de la inmigración fue el argumento emocional más poderoso de la campaña del Leave. Diez años después, la inmigración neta no ha caído. Ha cambiado de composición: menos europeos, más llegadas desde fuera de la UE, pero en volumen total el Reino Unido ha registrado niveles históricos de inmigración precisamente en los años posteriores al Brexit. La promesa de recuperar el control de las fronteras ha producido exactamente lo contrario de lo que prometía.

Starmer dimite: el sexto primer ministro en diez años

Starmer llevó al Partido Laborista a una victoria aplastante en las elecciones de julio de 2024, ganando 411 escaños en los Comunes, una mayoría de 174. Fue la tercera mayor cosecha de escaños lograda por el Labour después de las victorias de Tony Blair en 1997 y 2001. Pero la victoria fue engañosa desde el principio: se logró con solo el 34% del voto popular, aprovechando que Reform UK de Nigel Farage fracturó el voto conservador.

La popularidad relativamente limitada del Labour tras las elecciones comenzó a desplomarse rápidamente, junto con los índices de aprobación de Starmer. Lo que siguió fue una caída en picado sin precedentes modernos. Su índice de favorabilidad neta llegó a -57, el más bajo registrado por YouGov para cualquier primer ministro excepto Liz Truss. Solo uno de cada seis británicos, el 18%, tenía una opinión favorable de Starmer, mientras que tres cuartas partes, el 75%, lo veían desfavorablemente.

El análisis del politólogo John Curtice, el encuestador más respetado del Reino Unido, fue demoledor: «No definió en qué creía ni en qué creía el Partido Laborista. No tiene narrativa, no tiene historia sobre cuáles son sus objetivos a largo plazo. No tiene sentido de la dirección». Starmer es un abogado muy inteligente, añadió Curtice. Lo que le falta es antena política y presencia de líder.

Para la abrumadora mayoría de los diputados laboristas, aterrorizados por perder sus escaños ante Reform en las próximas elecciones, Starmer tenía que irse. Y este lunes se fue.

Andy Burnham y lo que se avecina

El sucesor más obvio es Andy Burnham, que dejó su cargo como alcalde de Mánchester, donde era uno de los políticos más populares del país, para convertirse en diputado y optar a la jefatura del Gobierno. Según el análisis político, Burnham «puede conectar con el público y parece tener una visión clara de hacia dónde necesita ir el país».

Pero la pregunta más importante no es quién sucede a Starmer en el Labour sino si el Labour puede recuperarse a tiempo para las próximas elecciones generales. Porque mientras el partido socialdemócrata se consume en una crisis de liderazgo, Reform UK de Nigel Farage no para de crecer en popularidad, alimentándose del desencanto de los votantes que en 2024 apostaron por el Labour como alternativa a los conservadores y que ahora se sienten igualmente defraudados.

El escenario que los analistas británicos describen para las próximas elecciones es el de un Reform consolidado como segunda fuerza del país con posibilidades reales de ser primera, un Labour en caída libre buscando reconstruirse bajo un nuevo liderazgo y un Partido Conservador que todavía no ha terminado de digerir su derrota de 2024.

La curiosidad histórica y lo que revela

El Brexit tiene sus propias anécdotas fundacionales que ayudan a entender cómo se llegó hasta aquí. El término es una contracción de Britain y Exit que ganó popularidad en un artículo de una web euroescéptica antes de entrar en los diccionarios. El compromiso de convocar el referéndum no surgió de una estrategia elaborada sino de una conversación entre David Cameron y sus colaboradores mientras esperaban en el aeropuerto de Chicago. Más de 33,5 millones de personas votaron, con una participación del 72,2%, la más alta desde principios de los noventa.

Y el mapa dividido que produjo, Inglaterra y Gales por salir, Escocia e Irlanda del Norte por quedarse, anticipaba exactamente las fracturas territoriales que diez años después siguen sin resolverse.

Sin marcha atrás pero cada vez más cerca

El debate actual en el Reino Unido ya no gira en torno al sí o no al Brexit sino en cómo gestionar sus consecuencias. El Gobierno saliente de Starmer exploró una reaproximación pragmática a la UE: mayor coordinación energética, cooperación regulatoria discreta, reconocimiento mutuo de estándares. Nadie en Downing Street menciona revertir el Brexit, pero la realidad económica empuja hacia una relación cada vez más estrecha con el bloque del que decidieron separarse.

Las encuestas revelan que más de la mitad de los británicos considera hoy que salir fue un error. Diez años de inflación más alta que sus vecinos europeos, salarios estancados, servicios públicos bajo presión y seis primeros ministros en una década han producido ese resultado.

El Brexit no mató al Reino Unido. Lo ha dejado más pobre, más inestable y más solo que antes. Y este lunes, exactamente cuando se cumple una década del referéndum que lo cambió todo, el primer ministro que prometía arreglarlo ha dimitido dejando el país en manos de nadie mientras Farage espera en la puerta con una sonrisa.