LA MIRADA GLOBAL

El affaire Begoña y la corrupción del PSOE llegan a las portadas de la prensa internacional: «Sánchez: está contra las cuerdas»

El proceso judicial contra la catedrática fake y episodios chuscos, como los registros en Ferraz atraen la atención internacional y abren un debate incómodo sobre corrupción, ética informativa y credibilidad democrática

El affaire Begoña y la corrupción del PSOE llegan a las portadas de la prensa internacional: "Sánchez: está contra las cuerdas"
Begoña Gómez y la corrupción. 24H

Hay una tradición bien establecida entre los corresponsales extranjeros destinados en Madrid que cualquier periodista español con años de oficio conoce y que explica muchas cosas sobre cómo se ha cubierto la política española en el exterior: la tendencia a dejarse engatusar por el ambiente progresista de los barrios donde viven, los halagos del ecosistema mediático afín al Gobierno y la narrativa que La Moncloa construye con notable habilidad para el consumo exterior.

Sánchez ha sido durante años el líder europeo de izquierda que más cuidado ha puesto en construir su imagen internacional. Las cenas con corresponsales, las entrevistas exclusivas a medios extranjeros seleccionados, los discursos en foros europeos donde se presentaba como el dique de contención del populismo de derechas: todo ese trabajo de posicionamiento produjo durante años una cobertura exterior que contrastaba llamativamente con la realidad que describían los medios españoles críticos con el Gobierno.

Esa disonancia se está cerrando. Despacio, con el retraso habitual de quien ha tardado demasiado en mirar donde debía, la prensa internacional está llegando a las mismas conclusiones que los lectores españoles más atentos llevan años leyendo. Y lo está escribiendo con una contundencia que en La Moncloa no esperaban de sus hasta ahora relativamente condescendientes interlocutores externos.

Lo que las grandes cabeceras están publicando

El Financial Times ha señalado que la controversia en torno a Sánchez ha alcanzado ya a su hermano, a dos de sus antiguos colaboradores más cercanos y al expresidente Zapatero, descrito como «un aliado cercano». Es una descripción que cualquier lector español reconoce como exacta pero que hasta hace poco no aparecía formulada con esa claridad en un medio de referencia anglosajón.

The Times ha ido más lejos. Un artículo reciente sostiene que la corrupción en torno al presidente ha «manchado durante mucho tiempo la democracia española» y genera «ira palpable y desilusión generalizada». El mismo texto afirma que Sánchez no está «en posición de mostrar una cara nueva» y concluye con una frase que en cualquier otra capital europea habría provocado una llamada diplomática inmediata: «Cuanto antes celebre elecciones el país, mejor para España».

El Bild alemán habla sin rodeos del «pantano de corrupción» en que los socialistas españoles se hunden. El Washington Post describe el registro de la UCO en Ferraz como «otro golpe» al partido de Pedro Sánchez tras una serie de escándalos que han debilitado al Ejecutivo. Medios italianos y estadounidenses retratan esa actuación policial en la sede del partido gobernante como el símbolo de una degradación que va mucho más allá del caso específico.

Lo que para el Gobierno se presenta como una ofensiva mediático-judicial, para buena parte de la prensa extranjera ya representa un patrón preocupante que entrelaza casos, nombres y una crítica abierta a la calidad democrática española. No es la lectura de un medio ideologizado. Es el consenso que se está formando en redacciones que hasta hace poco eran relativamente benévolas con Sánchez.

Por qué tardaron tanto en verlo

La pregunta pertinente no es por qué lo escriben ahora. Es por qué tardaron tanto en escribirlo cuando los elementos que describen llevan años siendo visibles para cualquiera que quisiera mirar.

La respuesta tiene varias capas. La primera es estructural: los corresponsales extranjeros en España tienden a concentrarse en Madrid, a relacionarse con los mismos círculos intelectuales y periodísticos y a leer fundamentalmente los medios que el ecosistema progresista madrileño considera de referencia. Eso produce una burbuja informativa donde el relato dominante es el que La Moncloa y sus medios afines construyen.

La segunda es ideológica: Sánchez supo presentarse ante la prensa extranjera como el socialdemócrata europeo moderno que se enfrenta a una derecha reaccionaria y a una judicatura politizada. Ese marco de lectura funcionó durante años porque encajaba con los prejuicios de una parte significativa de la prensa anglosajona y centroeuropea, que tiende a interpretar la política española a través de coordenadas importadas que no siempre son las más útiles para entender lo que ocurre aquí.

La tercera es práctica: el Gobierno cultivó con mucho cuidado sus relaciones con los corresponsales, ofreciendo acceso, entrevistas y contexto que los medios críticos españoles raramente reciben. Cuando el principal interlocutor de un corresponsal es el aparato comunicativo del Gobierno, la cobertura tiende a reflejar, al menos parcialmente, la versión que ese aparato quiere transmitir.

Lo que la acumulación de casos ha hecho imposible seguir ignorando

Lo que ha cambiado no es que los corresponsales hayan encontrado de repente fuentes mejores. Lo que ha cambiado es que la acumulación de casos ha llegado a un punto en que ignorarlos requeriría un esfuerzo activo de selección que ya no es sostenible profesionalmente.

La narrativa que muchos medios internacionales están construyendo conecta episodios que en España se han ido conociendo de forma escalonada pero que vistos desde fuera forman un cuadro de una coherencia difícil de ignorar. El juicio de Begoña Gómez ante un jurado popular por tráfico de influencias, corrupción en los negocios y malversación. La imputación de Zapatero por seis delitos en la Audiencia Nacional con joyas de millón y medio en la caja fuerte. El caso Ábalos en el Tribunal Supremo. El hermano del presidente con contratos públicos sin trabajo verificable. El registro de la UCO en Ferraz como centro neurálgico de una presunta organización criminal. La directora de la Guardia Civil reuniéndose con la fontanera del PSOE mientras sus agentes investigaban al Gobierno.

Cuando la lista llega a ese nivel, el corresponsal que sigue contando la historia del socialdemócrata acosado por una derecha reaccionaria tiene un problema de credibilidad con sus propios editores. Los sumarios son documentos públicos con nombres, fechas y cifras. Los autos judiciales los puede leer cualquiera. Y el patrón que describen no admite ya la interpretación de la persecución política.

Algunas piezas analíticas extranjeras recuerdan con cierta ironía que mientras crecía el perfil internacional de Sánchez por su oposición a Donald Trump y su imagen de estadista progresista europeo, los problemas internos relacionados con corrupción continuaban acumulándose discretamente en los juzgados de Madrid.

El efecto que está produciendo dentro de España

La cobertura internacional tiene un impacto político interno que La Moncloa conoce perfectamente y que explica el esfuerzo sostenido por gestionarla. Cuando The Times o el Financial Times describen el Gobierno de Sánchez como un ejecutivo rodeado de corrupción, esas portadas circulan en España con un impacto diferente al que producen las mismas palabras en un medio nacional.

El argumento de que la prensa crítica española está politizada y actúa como brazo de la oposición resulta más difícil de sostener cuando quien escribe es el Financial Times o el Washington Post. Los mismos medios que La Moncloa citaba con orgullo cuando escribían bien sobre Sánchez son ahora los que escriben sobre el pantano y sugieren elecciones anticipadas como solución de higiene democrática.

Esa pérdida de la cobertura exterior favorable es uno de los costes más difíciles de gestionar para un presidente que ha basado buena parte de su imagen en la proyección internacional. El Financial Times hablando de corrupción en serie. The Times hablando de democracia manchada. El Bild hablando de pantano. Y Bruselas usando el apodo de Tricky Peter en los pasillos donde antes se le recibía como Peter the Handsome.

El retrato que la prensa internacional está construyendo ahora es el que los medios españoles más rigurosos llevan años describiendo.

Solo han tardado unos pocos años en verlo. Pero al final lo han visto. Y lo están escribiendo con la contundencia de quien descubre que lo que le contaban no era la historia completa.