El verdadero centro de poder del mercado bursátil español no está en la Castellana ni en la Diagonal ni en los palacetes de Neguri.
Está en Nueva York, donde tiene su sede BlackRock. En Valley Forge, Pensilvania, donde opera Vanguard. Y en Oslo, donde el fondo soberano noruego gestiona el mayor patrimonio de inversión pública del mundo.
Los inversores internacionales poseen el 48,7% de la bolsa española, según el último informe de BME con datos al cierre de 2024.
Si se mide por capitalización bursátil, el porcentaje supera el 60% en las grandes empresas del Ibex. Lo que se presenta cada día en los medios españoles como el índice de referencia de la economía nacional tiene un accionariado que en su mayor parte vota, decide y cobra dividendos desde el otro lado del Atlántico o desde el Ártico noruego.
Los tres dueños que nadie eligió
BlackRock es el gestor de activos más grande del mundo con 14 billones de dólares bajo gestión. En España ha invertido 94.000 millones de euros: 59.000 en acciones, 20.000 en deuda pública y el resto en crédito corporativo y activos no cotizados. Dentro del Ibex es el primer accionista del Banco Santander con el 6,86% del capital, el primer accionista del BBVA con el 7,16%, y accionista relevante en Repsol con el 7,17% y en Telefónica con el 5,99%.
Vanguard, el pionero de la inversión pasiva con 12 billones de dólares gestionados, ha reforzado su presencia en España hasta el punto de abrir oficina en Madrid. Posee el 6,1% del Santander, el 4,91% del BBVA, el 4,75% de Iberdrola y el 4,13% de Repsol.
El fondo soberano noruego, con 2,2 billones de dólares que representan la riqueza acumulada por Noruega gracias a décadas de exportación de petróleo, está presente «en casi todas» las empresas del Ibex aunque generalmente con participaciones inferiores al 3%.
Sumados, estos tres gigantes superan los 113.000 millones de euros en participaciones en la bolsa española. BME contabiliza un total de 8.634 fondos privados con posiciones en empresas del Ibex 35, con un valor conjunto de 207.300 millones de euros al primer trimestre de 2025. El 70,7% son fondos europeos y el 25% estadounidenses.
Cómo se ha llegado hasta aquí
El cambio en la propiedad del capital español ha sido gradual pero profundo. En 1992, cuando se creó el Ibex 35, los fondos extranjeros poseían el 30,6% del mercado y las familias españolas el 24,4%. Tres décadas después, los inversores internacionales controlan el 48,7% y las familias han caído al 15,8%, su mínimo histórico.
El sector público, paradójicamente, ha subido hasta el 4,1%, su máximo en casi tres décadas, reflejando la creciente presencia del Estado en empresas estratégicas a través de la SEPI y otras participaciones. Las empresas no financieras, categoría que incluye a las grandes familias empresarias como Amancio Ortega en Inditex o los Del Pino en Ferrovial, representan el 21,6%, pero su peso relativo no ha podido compensar la salida del capital familiar minorista.
El proceso es consecuencia de varias tendencias simultáneas. La internacionalización de las empresas españolas, para las que se prevé que el 65% de la facturación provenga del exterior en 2025, ha atraído capital foráneo que quiere exposición a esos mercados. El auge de la inversión pasiva mediante fondos indexados y ETF ha convertido a gestoras como BlackRock y Vanguard en accionistas inevitables de cualquier empresa que forme parte de los índices globales. Y la salida del inversor minorista español de la bolsa directa, desplazado hacia fondos de inversión y planes de pensiones, ha reducido el peso del capital doméstico.
Lo que significa para el comportamiento del Ibex
La estructura accionarial tiene consecuencias directas en cómo se comporta el índice y en los criterios que determinan las decisiones empresariales de las grandes compañías españolas.
El Ibex está cada vez más correlacionado con los mercados globales porque los grandes fondos indexados que lo poseen replican simultáneamente decenas de índices en todo el mundo. Cuando hay una salida de capital de renta variable global, el Ibex cae aunque la economía española esté funcionando bien. Y cuando hay una entrada masiva hacia Europa, el Ibex sube aunque los fundamentos domésticos sean mediocres. La bolsa española ha perdido parte de su comportamiento específico para convertirse en una pieza del rompecabezas global.
Los fondos institucionales anglosajones y el fondo noruego presionan además a las empresas en las que invierten con criterios de gobierno corporativo, sostenibilidad y políticas retributivas que responden a estándares internacionales y no necesariamente a las tradiciones del empresariado español. Esa presión tiene consecuencias reales en cómo se diseñan los consejos de administración, cómo se fijan los salarios de los directivos y qué inversiones se priorizan.
El reciente desplazamiento de Inditex por el Banco Santander como empresa más valiosa del Ibex después de dieciséis años, refuerza el protagonismo de los bancos en el índice y confirma hacia dónde fluye el capital institucional internacional: hacia entidades financieras diversificadas con exposición global y capacidad de generar dividendos estables.
Qué debe saber el inversor español
Para quien invierte o quiere invertir en el Ibex, entender quién controla realmente el índice es el primer paso para tomar decisiones con criterio.
El mapa accionarial importa. Una empresa con alta presencia de fondos pasivos como BlackRock o Vanguard tendrá un comportamiento muy vinculado a los flujos globales de entrada y salida de capital. Las correcciones provocadas por movimientos institucionales masivos pueden crear oportunidades de compra en valores sólidos a precios más atractivos, pero también pueden generar caídas bruscas desconectadas de los fundamentos reales de la empresa.
La exposición geográfica del negocio es cada vez más determinante. Las empresas del Ibex que generan la mayor parte de sus ingresos fuera de España, Santander en América Latina, Iberdrola en Estados Unidos y Reino Unido, Inditex en todo el mundo, dependen más del ciclo económico global que del doméstico. Lo que ocurra con el PIB estadounidense o con el crecimiento de Brasil importa más para muchas de estas empresas que lo que haga la economía española.
Los dividendos siguen siendo el gran atractivo del Ibex para el capital institucional. Bancos, eléctricas e infraestructuras mantienen políticas de dividendo que atraen a fondos que buscan flujos estables y predecibles. Ese criterio guía una parte importante de las decisiones de asignación de los grandes fondos internacionales.
Y conviene no perder de vista el riesgo de la dependencia. Un índice donde casi la mitad del capital es extranjero es un índice especialmente sensible a los cambios en el apetito por el riesgo global, a las variaciones en el tipo de cambio euro-dólar y a las decisiones que se toman en despachos de Nueva York o Londres sobre dónde asignar capital en cada momento. Esa es la realidad del Ibex 35 en 2026: español en su composición y en su historia, pero gobernado por capitales que miran el mundo desde perspectivas muy distintas a las de la Castellana.
