El Banco Mundial ha lanzado una de las advertencias más serias de los últimos años sobre la economía global. Sus últimas previsiones apuntan a una desaceleración del crecimiento mundial hasta el 2,5% en 2026, un nivel muy bajo en comparación con las últimas décadas fuera de periodos de crisis o recesión.
La institución advierte de que el problema no es solo coyuntural. El riesgo es que la década de 2020 se convierta en la más débil en términos de crecimiento desde los años sesenta, lo que implicaría una pérdida prolongada de dinamismo económico a escala global.
Las causas señaladas son múltiples y se refuerzan entre sí. Tensiones geopolíticas, conflictos armados, fragmentación del comercio internacional, niveles récord de deuda pública y privada, tipos de interés elevados y una inversión global cada vez más débil están configurando un escenario mucho más frágil.
El Banco Mundial también advierte de que cualquier escalada adicional de los conflictos actuales, especialmente en regiones clave para la energía y el comercio global, podría reducir todavía más las previsiones de crecimiento. El margen de estabilidad económica se está reduciendo.
Durante décadas, la economía mundial se ha basado en una premisa fundamental: cada generación viviría mejor que la anterior gracias al crecimiento sostenido. Sin embargo, las proyecciones actuales cuestionan esa tendencia. El crecimiento global sigue existiendo, pero es cada vez más débil, más desigual y más vulnerable a cualquier shock externo. Y cuando el crecimiento se ralentiza durante largos periodos, las consecuencias se trasladan al empleo, los salarios y la capacidad de los Estados para sostener su modelo económico.