Todo se hacia por él, para él y con el

El círculo de la Cloaca del PSOE se cierra sobre Sánchez: ‘El marido de Begoña es más culpable que Judas’

Los informes de la UCO, la implicación de la cúpula de la Guardia Civil y el cierre en falso del Congreso configuran un panorama devastador para el amo del PSOE

El círculo de la Cloaca del PSOE se cierra sobre Sánchez: 'El marido de Begoña es más culpable que Judas'
Sánchez. 24H

Hay una frase que circula entre los investigadores y los analistas que siguen el caso Leire con más atención: que sin Pedro Sánchez no habría cloaca, que la cloaca existía para proteger a Sánchez y que por tanto Sánchez es más culpable que Judas, que al menos traicionó a otro y no construyó una organización criminal para protegerse a sí mismo mientras lloraba en televisión presentándose como víctima.

Es una frase dura. Y los documentos del sumario la sostienen con una coherencia que ningún argumento político ha conseguido desmontar.

La investigación de la UCO ya no se limita a las actividades de Leire Díez como fontanera de Ferraz.

El círculo se ha ido cerrando con cada informe, con cada agenda incautada, con cada mensaje interceptado, hasta llegar al punto en que los indicios apuntan de forma cada vez más directa al presidente. El «one» que aparece en los mensajes. El «jefe» al que se refieren los investigados. La «única persona que podía dar instrucciones a Santos Cerdán dentro del partido», según la conclusión de la UCO.

De los cinco días de llanto al epicentro de la trama

El punto de partida que tanto la UCO como los autos judiciales señalan como el inicio operativo de la cloaca tiene una dimensión casi teatral. Los cinco días de «reflexión existencial» de Sánchez en abril de 2024, presentados entonces como un gesto personal de un marido enamorado que consideraba dimitir porque perseguían a su familia, aparecen ahora en los informes como el detonante de una maquinaria política destinada a proteger al presidente.

Mientras él lloraba ante las cámaras y recibía el apoyo de su militancia, en Ferraz se convocaba la reunión que el juez Santiago Pedraz califica como «punto de inflexión» de la organización: Santos Cerdán, Leire Díez, Javier Pérez Dolset y otros dirigentes diseñando la respuesta. No la respuesta política. La otra. La de los contratos simulados, las sociedades pantalla, la presión sobre fiscales, el hostigamiento a la UCO y la búsqueda de «trapos sucios» sobre los jueces que investigaban al entorno presidencial.

El contraste entre la carta emotiva del presidente y la maquinaria que se activaba en su sede es la imagen más precisa de lo que este Gobierno ha sido durante los últimos años: el discurso de la regeneración democrática como cortina y la organización criminal como realidad.

Marlaska dentro del cuadro: el ministro que no sabía lo que su directora hacía

El salto cualitativo del caso ocurrió cuando la investigación trascendió los límites del PSOE y alcanzó la cúpula de la Guardia Civil. La directora general, Mercedes González, se situó en el centro de la trama al documentarse sus reuniones con Leire Díez mientras la UCO investigaba al entorno del Gobierno.

Lo que ha resultado especialmente devastador para el Ministerio del Interior es la revelación de que la propia González habría reconocido que Fernando Grande-Marlaska estaba al tanto desde hace un año de sus encuentros con la fontanera del PSOE. El ministro que negó repetidamente cualquier contacto entre su directora y Díez llevaba, según ese reconocimiento, doce meses sabiendo que existían.

La secuencia que la UCO ha documentado dentro del cuerpo es de una gravedad institucional sin precedentes: investigaciones internas promovidas por la Dirección General contra sus propios agentes de la UCO, presiones para que ciertos informes «quedaran sin efecto» y órdenes verbales instando a los investigadores a adoptar un perfil bajo en procedimientos que tocaban intereses del Gobierno.

Los mejores especialistas en delitos económicos de España fueron frenados por sus propios superiores cuando sus investigaciones apuntaban hacia arriba. Eso no es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando exactamente como alguien quería que funcionara.

El Watergate español sin cintas pero con móviles

Este escándalo ha sido descrito como el Watergate de Sánchez: un asalto al Estado desde dentro del propio partido gobernante mediante el uso partidista de recursos policiales e institucionales. Hay una diferencia relevante respecto al original americano: en Watergate había cintas grabadas en un despacho. Aquí hay móviles repletos de chats, correos electrónicos, agendas manuscritas, facturas falsas y más de 170.000 euros de dinero del PSOE rastreados por la Guardia Civil.

La evidencia digital es más difícil de negar que una cinta de audio. Y es más difícil de destruir, aunque el borrado automático de mensajes que algunos implicados activaron en momentos clave sugiere que alguien lo intentó.

El Congreso como último escudo

Mientras la investigación avanza, el frente parlamentario ha construido la última línea de defensa. La Mesa del Congreso, controlada por PSOE y Sumar con Francina Armengol al frente, inadmitió las enmiendas del PP y Junts que pedían la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones. Argumento: invasión de competencias presidenciales.

La ironía institucional es perfecta. La misma Cámara que se niega a debatir si los ciudadanos deben pronunciarse sobre este Gobierno podría verse obligada en los próximos meses a votar un suplicatorio que autorice al Tribunal Supremo a investigar al presidente como aforado.

Si el juez determina que los indicios son suficientes para solicitar ese suplicatorio, el Congreso que hoy bloquea el debate sobre elecciones tendrá que decidir si entrega a Sánchez a la justicia. Con la mayoría actual, la respuesta probable es no. Pero la imagen política de ese voto, un Parlamento votando para proteger a su presidente de la justicia, es una imagen que ninguna estrategia de comunicación puede gestionar completamente.

El embudo que se estrecha

El sumario contiene menciones directas a Sánchez, anotaciones en agendas con sus iniciales, mensajes que hablan del «one» y referencias internas que sugieren que estaba al tanto del trabajo que se hacía para protegerlo. La UCO ha concluido que era la única persona con autoridad para dar instrucciones a Cerdán. Cerdán coordinaba a Díez. Díez operaba la red.

La cadena es lineal. Y siempre apunta al mismo despacho.

Sánchez construyó una identidad política entera sobre la superioridad moral. La transparencia, la regeneración, la ejemplaridad, el contraste con la corrupción del PP. Y mientras pronunciaba ese discurso, según lo que el sumario documenta, su partido financiaba con más de 170.000 euros una organización para presionar a los jueces que le investigaban.

Judas al menos traicionó a otro. Sánchez, según la UCO, construyó la traición hacia las instituciones democráticas para protegerse a sí mismo.

El círculo se cierra. Y cada semana que pasa es un poco más estrecho.