Hay una escena que resume mejor que cualquier análisis político el estado real de las instituciones españolas en 2026: el presidente de Telefónica, Marc Murtra, nombrado con el respaldo del Gobierno que controla el accionariado de la empresa a través del Estado y los fondos soberanos saudí y emiratí que compraron participación con el visto bueno de Moncloa.
El presidente de Prisa, Joseph Oughourlian, cuya línea editorial es fijada, según las libretas de Leire Díez, por Pedro Sánchez directamente. El consejo de Indra, remodelado por la presión de la SEPI para sacar a Ángel Escribano a pesar de las caídas del 7% en bolsa que esa maniobra provocó.
Las libretas de Leire Díez, incautadas por la UCO y ya en manos de la Audiencia Nacional, no son solo el diario de una militante socialista con mucha información sensible. Son el manual de operaciones de la colonización más sistemática del poder económico e institucional que ningún Gobierno democrático español había intentado con tanta amplitud y tanta poca vergüenza.
El mapa del asalto corporativo
Las anotaciones de Leire recorren el Ibex 35 como si fuera un tablero de ajedrez cuyos movimientos se deciden en los despachos de La Moncloa y de Ferraz. Los objetivos están identificados con precisión:
Prisa es el caso más explícito. Una nota en las libretas lo dice sin rodeos: «Cuando Joseph llega a Prisa, establece un acuerdo con P.S. La línea editorial es fijada por P.S. mientras que Joseph marca la estrategia». El plan va más allá: Telefónica compraría Prisa, la presidencia pasaría a José Miguel Contreras, figura del sanchismo mediático, y Vivendi vendería su 11% en el grupo bajo presión de Moncloa.
Indra y Hispasat son las piezas de un «campeón nacional» en defensa y tecnología que Manuel de la Rocha, jefe de la Oficina Económica de Moncloa, habría diseñado: «Articular Telefónica + Minsait e Indra + Hispasat». La SEPI como palanca para forzar los cambios de gobierno corporativo que el mercado no habría aceptado de otra forma.
BBVA, Sabadell, Repsol: todos aparecen en las notas en el mismo patrón. El Ejecutivo no actúa solo como regulador sino como director de orquesta que decide quién manda y cómo se toman las decisiones en las empresas estratégicas del país.
La claudicación del Ibex
Lo más revelador de todo esto no es que Sánchez lo intentara. Es que en gran medida lo consiguió.
El Ibex 35 ha mostrado durante los últimos años una capacidad de claudicación ante el Régimen Sanchista que habría parecido improbable en cualquier análisis previo de la independencia del sector empresarial español. Los grandes grupos financieros, energéticos y tecnológicos han aceptado consejeros, presidentes y líneas estratégicas con el sello de Moncloa sin el nivel de resistencia que su poder económico y su independencia formal les permitirían ejercer.
El mecanismo es conocido y eficaz: el Estado español tiene participaciones directas o indirectas en muchas de las empresas del índice, la regulación sectorial puede premiar o castigar a quienes cooperan o resisten, la financiación pública es un factor para muchos grupos y la publicidad institucional distribuida políticamente es el pienso que mantiene alineados a los medios que a su vez presionan a los consejos de administración.
La colonización total: de la Conferencia Episcopal a las universidades
Pero el asalto al Ibex es solo la parte más visible de un proceso de colonización institucional que no tiene precedente en la democracia española.
La Conferencia Episcopal Española recibió al Papa León XIV esta semana con un perfil de neutralidad estudiada que contrasta con la claridad con que el episcopado de hace veinte años habría señalado los problemas éticos del Gobierno. Los obispos españoles de 2026 han aprendido a administrar sus silencios con la misma habilidad con que los consejos de administración del Ibex administran sus abstenciones.
Las universidades públicas, cuyos rectores dependen de presupuestos autonómicos y nacionales controlados en muchos casos por el PSOE, han producido en estos años una cosecha de informes, declaraciones y posicionamientos institucionales notablemente alineados con las tesis del Gobierno en materias que van desde la memoria histórica hasta la política migratoria o la regulación del mercado laboral.
El mundo del cine y la cultura, financiado en gran medida por el ICAA y por las televisiones públicas, ha producido durante el período sanchista una proporción de obras críticas con el poder absolutamente inversamente proporcional a su dependencia de ese poder para existir.
Actores de primer nivel que en otra época habrían podido permitirse posiciones incómodas para el poder han aprendido que el acceso a los grandes proyectos producidos con fondos públicos tiene sus condiciones no escritas.
Altos mandos militares y funcionarios de carrera han visto cómo el criterio de afinidad política se incorporaba a los ascensos y nombramientos de una forma que los más veteranos describían en privado como sin precedentes en la democracia española.
Fiscales y jueces que instruyeron causas incómodas para el Gobierno se encontraron con que las libretas de Leire documentaban reuniones entre la fontanera del PSOE y responsables de la Fiscalía General del Estado, con conversaciones sobre destinos, ascensos e información sensible sobre investigaciones en curso.
El pienso como sistema de gobierno
Lo que las libretas de Leire documentan no es una conspiración espontánea. Es un sistema de incentivos y desincentivos aplicado con consistencia durante años a todos los actores con poder en la sociedad española: empresas, medios, instituciones culturales, religiosas, académicas y judiciales.
Quienes aceptan el pienso oficial, la publicidad institucional, los contratos públicos, los nombramientos, el acceso privilegiado a fuentes gubernamentales, viven cómodamente dentro del sistema. Quienes lo rechazan o simplemente se muestran críticos encuentran que los contratos no se renuevan, que los nombramientos no llegan, que el acceso se complica y que el ecosistema mediático afín al Gobierno los convierte en objetivo.
Leire Díez era la gestora de ese sistema en su dimensión más operativa: la que manejaba los contactos, la que conocía los nombres, la que sabía qué información sensible podía usarse como palanca y en qué dirección. Sus libretas son el archivo de cómo funciona un sistema de poder que se presenta como democrático y que opera con los instrumentos del clientelismo sistemático.
El Ibex claudicó porque sus presidentes calcularon que resistir era más caro que ceder. Las universidades cedieron porque sus presupuestos dependen del poder que critican. Los obispos callaron porque la Iglesia tiene sus propias vulnerabilidades regulatorias y patrimoniales. Los actores aceptaron porque los proyectos financiados con dinero público son los más grandes del mercado.
Y todos, sin excepción, aprendieron la misma lección que las libretas de Leire documentan con una precisión que ningún politólogo habría podido recopilar por sí solo.
En la España de Sánchez, el pienso era generoso. Y casi todo el mundo tenía hambre.
