Hay 875.000 marroquíes censados en España, la comunidad extranjera más numerosa del país por delante de rumanos y colombianos, y muchos de ellos trabajan en sectores donde conducir no es una comodidad sino la condición sine qua non para poder ganarse la vida: agricultura en Murcia y Almería, logística y reparto, construcción, limpieza industrial. Sin carnet válido, sin trabajo.
El problema es que el permiso de conducir marroquí solo sirve en España durante seis meses desde que se obtiene la residencia legal. Pasado ese plazo, el conductor tiene que sacarse el carnet español completo: teoría, prácticas y exámenes, con el coste que eso supone, que en España ronda los 1.000-1.500 euros de media y puede superar los 2.000. Para alguien que trabaja en el campo o en una nave de logística por el salario mínimo, ese dinero no es menor.
Las asociaciones marroquíes llevan meses reclamando un convenio de canje directo. Y la respuesta del Gobierno ha sido, hasta ahora, un sí para los camioneros profesionales y un no para el resto.
Qué documentos se convalidan en España y qué no
El sistema de reconocimiento de títulos y permisos en España distingue entre documentos comunitarios y extracomunitarios con una lógica que favorece claramente a los ciudadanos de la Unión Europea.
Los permisos de conducir de países de la UE y del Espacio Económico Europeo son válidos directamente en España sin ningún trámite adicional mientras estén vigentes. Un francés, un alemán o un polaco puede conducir en España con su carnet nacional indefinidamente.
Para países fuera de la UE, el sistema es diferente. España tiene convenios bilaterales de canje con un número limitado de países que permiten el intercambio directo del permiso: se entrega el original y se recibe uno español equivalente sin necesidad de examen. Entre los países con los que existe ese acuerdo están Japón, Corea del Sur, Suiza, Andorra y algunos países latinoamericanos como Colombia, Ecuador o Perú.
Marruecos no está en esa lista. El convenio bilateral que existía fue cancelado hace más de veinte años y nunca se renovó. El resultado es que un ciudadano marroquí con diez años de experiencia al volante tiene que empezar desde cero mientras un conductor japonés recién llegado puede canjear su permiso directamente.
En cuanto a titulaciones académicas y profesionales, el sistema de convalidación es también complejo. España reconoce automáticamente los títulos universitarios de países de la UE. Para títulos de países extracomunitarios, el proceso requiere homologación a través del Ministerio de Educación o de las universidades, un procedimiento que puede tardar años y que en la práctica bloquea el acceso a muchas profesiones reguladas para inmigrantes con titulación válida en su país de origen.
Lo que hay que saber sobre el carnet marroquí
Una de las críticas implícitas en la posición de la DGT respecto al canje es la diferencia de exigencia entre los sistemas de formación vial. Y en el caso de Marruecos hay argumentos en ambas direcciones.
Marruecos tiene uno de los índices de accidentalidad vial más altos del norte de África. Las cifras oficiales de la Agencia Nacional de Seguridad Vial marroquí registran entre 3.000 y 3.500 muertos en carretera al año, una tasa de mortalidad por vehículo matriculado significativamente superior a la española. Las carreteras marroquíes, especialmente fuera de los ejes principales, tienen condiciones de infraestructura y señalización distintas a las europeas.
El proceso para obtener el carnet en Marruecos ha sido históricamente más fácil que en España: los exámenes teóricos son menos exhaustivos, el número de prácticas obligatorias es menor y el control sobre las autoescuelas ha sido más laxo que en el sistema español. En los últimos años Marruecos ha endurecido sus requisitos y digitalizado parte del proceso, pero la diferencia de estándares sigue siendo el argumento técnico principal que la DGT esgrime para no conceder el canje automático.
El contraargumento de los colectivos marroquíes es que la exigencia del examen completo va más allá de actualizar conocimientos sobre normas locales y se convierte en una barrera económica desproporcionada que afecta principalmente a personas con pocos recursos.
La paradoja del camionero
El Gobierno ha abierto una vía específica para los conductores profesionales marroquíes de categorías C y D, los camiones y autobuses, eliminando el examen teórico y exigiendo solo la prueba práctica y el Certificado de Aptitud Profesional (CAP). La razón es directa: España tiene un déficit de más de 20.000 conductores profesionales y el mercado laboral no produce suficientes titulados para cubrirlo.
El resultado es la paradoja que las asociaciones marroquíes señalan con razón: existe una vía para conducir un camión de 40 toneladas por las autopistas europeas, pero no para llevar a los hijos al colegio en un utilitario.
Lo que viene
El debate tiene tres frentes que se desarrollarán en paralelo en los próximos meses. En el político, la presión de las asociaciones migrantes y de algunos partidos de izquierda para reabrir un convenio bilateral con Marruecos que incluya el canje de permisos de turismo. En el técnico, la evaluación de la DGT sobre cómo garantizar que los conductores marroquíes que se beneficien del canje tienen el nivel de formación necesario para conducir con seguridad en España. Y en el económico, la presión de sectores como la agricultura y la logística que necesitan conductores y ven en la comunidad marroquí un reservorio de mano de obra disponible bloqueado por la burocracia.
Lo que está claro es que 875.000 personas con una necesidad concreta y legítima generan suficiente peso político y económico para que el problema no pueda ignorarse indefinidamente.
El reloj de los seis meses sigue corriendo para miles de conductores. Y cuando se acaba, empieza la trampa.

