EMERGENCIA HABITACIONAL ENTRE LOS JÓVENES

Pagar la casa y hacerse más pobre: el precio oculto de vivir en el país del ladrillo

Uno de cada tres jóvenes en España se encuentra en situación de pobreza tras hacer frente al alquiler o la hipoteca, mientras que el parque público sigue muy por debajo de lo que se necesita.

Pagar la casa y hacerse más pobre: el precio oculto de vivir en el país del ladrillo
Vivienda. 24H

La situación es similar en barrios de Madrid, Barcelona y Valencia: nóminas que apenas alcanzan para llegar a fin de mes, alquileres que crecen a un ritmo más veloz que los sueldos, y jóvenes que, a primera vista, no parecen estar en pobreza… hasta que abonan la vivienda. En ese momento, las cuentas se desmoronan.

Un informe reciente de la Fundación BBVA y el Ivie revela que el gasto en vivienda empuja a uno de cada tres jóvenes a caer en la pobreza una vez se descuenta del ingreso lo que destinan a alquiler o hipoteca. La imagen es contundente: en el “país del ladrillo”, la vivienda se ha convertido en la principal fuente de vulnerabilidad económica.

Cuando la vivienda convierte a mileuristas en pobres estadísticos

Los datos del estudio son especialmente impactantes para los menores de 35 años:

  • La tasa de pobreza juvenil en España asciende al 24,5% antes de tener en cuenta los gastos por vivienda.
  • Al restar lo que cuesta el hogar (alquiler, hipoteca, suministros), la pobreza entre los jóvenes se eleva al 32,9%.
  • En otras palabras, uno de cada tres hogares jóvenes cae por debajo del umbral de pobreza debido a lo que paga por vivir.

A nivel general, el efecto también es evidente:

  • La pobreza afecta al 19,5% de la población total.
  • Una vez descontado el gasto en vivienda, esa cifra aumenta hasta el 23%.

El caso de las personas migrantes es aún más alarmante: más de la mitad se encuentra en situación de pobreza una vez se incorpora el coste de residencia, con una tasa que alcanza el 52,3% tras abonar su vivienda.

Esto da lugar a una paradoja muy española: individuos con empleo y salarios ajustados que antes de pagar el alquiler o la hipoteca no son considerados pobres según las estadísticas; sin embargo, tras hacerlo, pasan a serlo. No se trata únicamente de rentas; es también una cuestión relacionada con la estructura de precios y cómo la vivienda absorbe cada vez una mayor parte del presupuesto familiar.

El país del ‘ladrillo’: mucha propiedad, poco parque público

La dinámica del mercado ayuda a entender esta presión. España ha sido durante décadas conocida como el “país del ladrillo”: existe una fuerte cultura hacia la propiedad, un peso significativo del sector construcción y una larga trayectoria de incentivos para adquirir vivienda; desde las desgravaciones fiscales durante los años 90 y 2000 hasta los créditos accesibles durante la burbuja.

Sin embargo:

  • El acceso a viviendas en alquiler social o asequible es bastante escaso si lo comparamos con otros países europeos.
  • Entre 2021 y 2025 solo se han erigido 454.000 viviendas, frente a 965.000 hogares creados durante ese mismo periodo; esto representa apenas el 45% de las nuevas necesidades residenciales.

Este desajuste entre nuevos hogares y viviendas disponibles ha tensado aún más el mercado, sobre todo en grandes ciudades y zonas turísticas donde los precios del alquiler han aumentado considerablemente y adquirir una casa resulta inalcanzable para gran parte de la población joven.

El diagnóstico del informe es claro: el mercado no está generando suficiente oferta ni a precios compatibles con los salarios percibidos por los hogares jóvenes. Y esto, en un país donde la vivienda representa el principal activo para muchas familias, abre una brecha generacional visible en patrimonio, estabilidad y proyectos vitales.

900.000 viviendas públicas: el mínimo para frenar la emergencia

Aquí es donde entra una propuesta clave del análisis realizado por Fundación BBVA e Ivie: reforzar significativamente el parque público destinado al alquiler. Los autores subrayan que España debería sumar al menos 900.000 viviendas al parque público para hacer frente a la actual emergencia habitacional, especialmente entre jóvenes y grupos vulnerables.

Esto implicaría:

  • Aumentar considerablemente el tamaño actual del parque público, que hoy está muy por debajo de la media europea.
  • Apostar por construir y movilizar viviendas destinadas al alquiler asequible y social de manera sostenida.
  • Priorizar a jóvenes, hogares con bajos ingresos y migrantes, donde el impacto del coste residencial sobre la pobreza es mayor.

El informe también destaca la necesidad de fomentar construcciones industrializadas, acelerar licencias y mejorar la coordinación entre comunidades autónomas y ayuntamientos para reducir los plazos administrativos. No se trata solo de invertir más dinero; hay que construir más rápido y eliminar obstáculos burocráticos.

Hipoteca, alquiler y decisiones vitales aplazadas

En lo cotidiano, este impacto se traduce en decisiones aplazadas:

  • Parejas que posponen tener hijos porque no logran encontrar un hogar estable.
  • Jóvenes que regresan a vivir con sus padres o encadenan estancias compartidas.
  • Profesionales cualificados que descartan mudarse a ciertas ciudades debido a precios prohibitivos; esto conecta directamente con las dificultades para atraer talento e impulsa un crecimiento económico limitado.

En muchos hogares jóvenes, los gastos por vivienda superan ampliamente el 30% de sus ingresos, ese umbral considerado razonable; además, hay casos significativos donde este porcentaje llega o incluso rebasa el 40%-50%, dejándolos casi sin margen para ahorrar o afrontar imprevistos básicos.

La vivienda, que durante años fue presentada como el camino más seguro hacia la clase media, ha resultado ser precisamente lo contrario: un lastre que les empuja hacia una pobreza estadística aunque trabajen arduamente y cumplan con sus obligaciones.

Qué puede cambiar el guion

El mensaje subyacente del estudio es claro: este problema no tiene por qué ser inevitable. Entre las soluciones propuestas por los expertos destacan:

  • Ampliar tanto el parque público como privado dedicado al alquiler asequible.
  • Mejorar las condiciones contractuales para garantizar seguridad y estabilidad.
  • Acelerar procesos relacionados con terrenos y licencias para nuevas viviendas enfocadas al alquiler.
  • Considerar alternativas como cooperativas habitacionales o cesiones de uso menos dependientes de especulaciones futuras.

Mientras tanto, crece una idea poderosa: en este país del ladrillo, pagar por un techo se ha convertido en uno de los principales factores detrás del empobrecimiento juvenil. Y hasta que no se enfrente este desafío directamente, muchos seguirán viendo cómo su sueño de contar con un hogar digno se transforma simplemente en otra hipoteca cargada con realidad.

Fuentes:

  • Informe sobre vivienda y pobreza juvenil elaborado por Fundación BBVA e Ivie, explicado aquí como evidencia sobre cómo los gastos relacionados con vivienda llevan a uno de cada tres jóvenes al riesgo real de pobreza.