AGENCIA SOVIÉTICA CLAVE EN LA GUERRA FRÍA

La historia del KGB y sus operaciones más impactantes

El KGB marcó la pauta de la inteligencia soviética durante décadas, a través de un espionaje global, represión interna y operaciones secretas que dejaron huella en la Guerra Fría.

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KGB. 24H

Hay una organización que nunca desapareció realmente.

Cambió de nombre, se fragmentó formalmente en varias agencias y pasó por un período de aparente disolución. Pero su cultura, sus métodos, sus redes y sobre todo sus hombres siguen en el poder. El presidente de Rusia es uno de ellos.

Vladímir Putin ingresó en el KGB en 1975, trabajó como agente en Dresde durante los años de la Guerra Fría y llegó a la presidencia de Rusia en 2000. Lo que ha hecho desde entonces, los envenenamientos de disidentes en suelo extranjero, las campañas de desinformación a escala global, la infiltración de procesos electorales occidentales y la guerra en Ucrania, es perfectamente coherente con la doctrina y los métodos de la organización que lo formó.

Para entender la Rusia de Putin hay que entender el KGB. Son la misma cosa con distinto nombre.

Las raíces: de la Checa al KGB

La historia del espionaje y el terror soviético empieza en los primeros días de la revolución. Félix Dzerzhinski, un revolucionario polaco de mirada fría que sus contemporáneos apodaban «Félix de Hierro», fundó la Checa en diciembre de 1917 con un mandato simple: aplastar a los enemigos del bolchevismo. No había límites definidos. El enemigo podía ser cualquiera.

La Checa se transformó sucesivamente en GPU, OGPU, NKVD y MGB a lo largo de las décadas siguientes, cambiando de nombre con cada reorganización política pero manteniendo esencialmente la misma función: el control total de la población soviética y la eliminación física de quienes se resistieran. El NKVD de Beria durante el estalinismo fue el responsable del Gulag, del sistema de campos de trabajo que mató a millones, y de las purgas que liquidaron a gran parte de la élite política y militar soviética.

El KGB propiamente dicho fue fundado en 1954, un año después de la muerte de Stalin, por Nikita Jruschov como parte del proceso de desestalinización. El nombre cambió. Los métodos, en esencia, no.

El control interior: silenciar a los que piensan diferente

La 5ª Dirección del KGB, dedicada a la represión interna, operaba bajo una lógica que combinaba la brutalidad directa con la sofisticación psicológica. No solo mataban a los disidentes: los destruían socialmente, los internaban en psiquiátricos bajo el diagnóstico de «esquizofrenia reformista» (la idea de que querer cambiar el sistema soviético era por definición una patología mental), los sometían a presión continua sobre sus familias y los aislaban del resto de la sociedad.

Yuri Andrópov, que dirigió el KGB desde 1967 hasta 1982 antes de convertirse brevemente en secretario general del PCUS, fue el arquitecto de esa represión refinada. Bajo su mandato, el escritor Alexandr Solzhenitsyn fue expulsado de la URSS en 1974 después de publicar en Occidente el Archipiélago Gulag, su documentación del sistema de campos soviéticos. El físico y premio Nobel de la Paz Andréi Sájarov fue exiliado a la ciudad cerrada de Gorki en 1980 por su activismo en favor de los derechos humanos.

En los países del bloque soviético, el KGB operaba en coordinación con las policías secretas locales. La Primavera de Praga de 1968, el intento de Checoslovaquia de construir un «socialismo con rostro humano», fue aplastada con la invasión soviética después de que el KGB recopilara y fabricara la información necesaria para justificarla. En Polonia, infiltraron el movimiento Solidaridad y respaldaron la ley marcial declarada por el general Jaruzelski en 1981. En Hungría, la «normalización» después de la revolución de 1956 fue supervisada directamente por Iván Serov.

El espionaje exterior: los golpes más audaces de la Guerra Fría

El Primer Directorio Principal del KGB, responsable de las operaciones en el extranjero, acumuló durante la Guerra Fría una serie de éxitos que todavía se estudian en las academias de inteligencia de todo el mundo.

Los Cinco de Cambridge son el caso más famoso. Kim Philby, Donald Maclean, Guy Burgess, Anthony Blunt y John Cairncross fueron reclutados en la Universidad de Cambridge en los años treinta, cuando el comunismo era una ideología atractiva para una parte de la élite intelectual británica. Durante décadas filtraron secretos nucleares, diplomáticos y de inteligencia a Moscú desde las posiciones más sensibles del gobierno británico. Philby llegó a ser el jefe de la sección antisoviética del MI6, la inteligencia exterior británica, mientras trabajaba para el KGB. Es probablemente el agente doble más exitoso de la historia del espionaje.

El espionaje atómico fue quizás el logro más significativo en términos de consecuencias históricas. La URSS detonó su primera bomba atómica en 1949, años antes de lo que los servicios de inteligencia americanos habían estimado. La aceleración fue posible gracias a una red de espías dentro del Proyecto Manhattan, el programa secreto americano de desarrollo nuclear, que incluía a Julius y Ethel Rosenberg, ejecutados en la silla eléctrica en 1953, y a otros agentes cuya identidad no fue completamente conocida hasta la desclasificación de los archivos Venona décadas después.

Alger Hiss, alto funcionario del Departamento de Estado americano y asesor cercano de Franklin D. Roosevelt en la Conferencia de Yalta, transmitió información de primer nivel. Aldrich Ames, oficial de la CIA que trabajó para el KGB desde 1985, identificó a docenas de agentes americanos en la URSS, provocando su ejecución. Robert Hanssen, agente del FBI que espió para Moscú durante más de dos décadas, es considerado uno de los mayores desastres de contrainteligencia de la historia americana. John Anthony Walker filtró durante años los códigos navales americanos, comprometiendo la seguridad de toda la flota del Atlántico.

Las operaciones que demuestran la amplitud del alcance

La Operación Trust (1921-1926) fue una de las primeras grandes operaciones de inteligencia activa soviética: el OGPU creó una organización monárquica falsa para engañar a los exiliados antibolcheviques y hacerlos regresar a Rusia donde podían ser arrestados. Funcionó durante cinco años.

La Operación Tucán (1976), ejecutada en coordinación con Cuba, consistió en crear documentos falsos sobre la DINA, la policía secreta de Pinochet en Chile, que fueron publicados en The New York Times. El objetivo era desacreditar al régimen chileno en el contexto de la Guerra Fría cultural.

La Operación RYAN (1981-1984) fue quizás la más reveladora sobre la paranoia soviética de ese período: el KGB movilizó a sus agentes en todo Occidente para buscar señales de un inminente ataque nuclear por parte de Ronald Reagan, vigilando líderes de la OTAN y activando agentes durmientes. La operación estuvo a punto de producir una catástrofe cuando el KGB interpretó erróneamente los ejercicios militares de la OTAN Able Archer 83 como preparativos reales para una guerra nuclear.

En 1985, cuando milicianos chiítas secuestraron a diplomáticos soviéticos en Beirut, el KGB respondió con el método que conocía: presión física directa sobre el ayatolá Fadlalá y los líderes de Hezbolá a través de amenazas que nadie documentó oficialmente pero que produjeron la liberación rápida de los rehenes soviéticos mientras los occidentales seguían cautivos.

El asesinato de Lev Trotski en México en 1940, ejecutado por Ramón Mercader con un piolet, fue la culminación de años de operaciones del NKVD para eliminar al mayor rival político de Stalin dondequiera que se encontrara en el mundo.

La caída que no fue una caída

En agosto de 1991, el jefe del KGB Vladímir Kriuchkov encabezó el golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov que pretendía detener la desintegración de la URSS. El golpe fracasó en tres días. La URSS se disolvió en diciembre de ese año. Vadim Bakatin, nombrado para dirigir el KGB tras el golpe fallido, procedió a su desmantelamiento formal.

La agencia se dividió en el FSB (inteligencia interior) y el SVR (inteligencia exterior). Los archivos Mitrokin, que un oficial del KGB sacó clandestinamente al Occidente y entregó al MI6 en 1992, revelaron la escala real de las infiltraciones soviéticas en Europa del Este y Occidente durante décadas: miles de agentes, colaboradores y fuentes que el KGB había cultivado en todos los niveles de las sociedades occidentales.

Pero la organización no desapareció. Sus hombres permanecieron. Sus redes sobrevivieron. Su cultura institucional se trasladó intacta a las nuevas agencias.

Putin dirigió el FSB entre 1998 y 1999 antes de convertirse en primer ministro y luego en presidente. Lo que ha ocurrido desde entonces tiene una consistencia metodológica perfecta con el KGB que lo formó: el envenenamiento de Alexandr Litvinenko en Londres con polonio en 2006, el intento de asesinato de Sergéi Skripal en Salisbury con Novichok en 2018, las campañas de desinformación en las elecciones americanas de 2016 y europeas posteriores, la guerra híbrida en Ucrania que comenzó en 2014 antes de convertirse en invasión total en 2022.

El KGB cambió de nombre. No cambió de naturaleza. Y su alumno más exitoso sigue en el poder en el Kremlin.

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24h Economía

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