DESAFÍOS FÍSICOS EN EL PLANETA ROJO

¿Podremos jugar al fútbol cuando vivamos en Marte?

La escasa gravedad de Marte convertiría un partido de fútbol en una danza de saltos extraordinarios, pero colonizar el planeta implica enfrentar radiación mortal y un estado de salud delicado.

Imagina a Messi regateando en Marte: en lugar de deslizarse con su habitual gracia, el balón se dispararía como un cohete mientras el jugador se deslizaba sobre el regolito polvoriento como si estuviera en una pista de hielo.

La gravedad marciana, que representa solo el 38% de la terrestre, transforma cualquier actividad deportiva en una experiencia casi surrealista. Pero más allá del entretenimiento, surge la pregunta: ¿podremos los humanos adaptarnos a vivir allí, incluyendo la práctica de deportes?

El rover Perseverance de la NASA ha sacudido la comunidad científica al descubrir en el cráter Jezero posibles biofirmas.

Se trata de rastros químicos como materia orgánica y minerales como la vivianita en rocas pertenecientes a la formación Bright Angel.

Estos indicios, encontrados en septiembre de 2025, sugieren que hace aproximadamente 3.500 millones de años, microbios podrían haber florecido en lodos submarinos.

Sin embargo, especialistas como Alberto González Fairén subrayan la necesidad de analizar las muestras en nuestro planeta para confirmar si realmente existió vida en el pasado. Marte, con su suelo cargado de hierro oxidado que le confiere ese característico tono rojizo, albergó agua líquida salada y ríos. Sin embargo, un ciclo climático caótico con carbonatos atrapando CO₂ impidió que las condiciones fueran estables para que la vida prosperara.

Gravedad baja y salud en jaque

La vida en Marte no será sencilla. La gravedad reducida provoca atrofia muscular, pérdida ósea acelerada y problemas cardiovasculares, tal como se ha observado en astronautas de la ISS. El biólogo Scott Solomon anticipa que los niños nacidos allí no serán exactamente Homo sapiens puros: tendrían huesos más cortos y densos, piel más oscura debido a una mayor eumelanina que les protegería contra una radiación dos o tres veces superior a la terrestre, además de un sistema inmunitario adaptado a entornos cerrados, lo que los haría vulnerables a patógenos provenientes de nuestro planeta. La reproducción genera inquietudes: los experimentos realizados con mamíferos en microgravedad han fracasado y los partos probablemente tendrían que ser quirúrgicos debido a la debilidad muscular.

El entorno marciano complica aún más las cosas. Con temperaturas promedio de -62°C, tormentas globales de polvo, una presión atmosférica apenas al 1% de la terrestre y la falta de un campo magnético que nos proteja, los rayos cósmicos son una amenaza constante. Por eso es crucial construir hábitats: la NASA está probando bacterias como Sporosarcina pasteurii y Chroococcidiopsis, que podrían biomineralizar el regolito para crear un «hormigón» marciano. Este material permitiría construir viviendas utilizando polvo local capaz de generar oxígeno y resistir rayos UV. Misiones como CHAPEA, dirigidas por el ingeniero latino Daniel Hernández, simulan un año en Marte para experimentar el aislamiento y los retrasos comunicativos propios del planeta.

¿Cuándo pisaremos Marte de forma permanente?

Los planes están avanzando. La misión Artemis II, programada para la Luna, es un paso previo hacia el salto interplanetario. Mientras tanto, rovers como Curiosity analizan cráteres como Gale para entender por qué el agua intermitente no fue suficiente para sustentar vida continua. La NASA tiene previsto realizar misiones tripuladas durante la década de 2030; sin embargo, establecer colonias viables podría llevar décadas más debido a los retos logísticos involucrados. Mientras tanto, los satélites marcianos Fobos y Deimos orbitan un mundo lleno de volcanes extintos, valles profundos y casquetes polares helados.

En cuanto al fútbol, jugar bajo esa baja gravedad haría que un gol fuera algo interminable: un tiro suave podría recorrer kilómetros. Pero saltar para cabecear equivaldría a flotar y el balón rodaría poco por el polvo fino debido a su menor peso. Los jugadores necesitarían trajes presurizados y campos cubiertos con domos especiales además de un entrenamiento específico para evitar la atrofia muscular.

  • Curiosidad 1: En Marte, un día dura 24,6 horas; perfecto para prórrogas eternas sin sufrir jet lag.
  • Curiosidad 2: El diámetro del planeta rojo es de 6.792 km; ideal para estadios gigantescos sin cansancio gravitatorio.
  • Curiosidad 3: Las tormentas globales pueden ocultar el Sol durante semanas; jugar sería bajo luces LED con balones luminosos.
  • Anecdota: Astronautas en la ISS juegan al fútbol con pelotas flotantes; ¡imagina lo que serían los penaltis desde 10 metros de altura en Marte!

El planeta rojo nos atrae con su misterio latente, listo para ofrecernos un penalti cósmico.

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24h Economía

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