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Xi Jinping encara 2026 con el mayor desafío económico en décadas

El hundimiento del sector inmobiliario frena el consumo y tensiona el modelo económico.

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China 24h

La segunda economía más grande del mundo cierra el año 2025 en una encrucijada crítica. A medida que los máximos dirigentes chinos concluyen sus reuniones clave de planificación para el próximo año, los datos más recientes revelan una demanda interna «gripada» y un sector inmobiliario que, lejos de estabilizarse, se ha hundido en una espiral de desconfianza y censura informativa.

La crisis inmobiliaria: un gigante herido y bajo censura

El sector inmobiliario, que en su apogeo llegó a representar el 25% del PIB chino, se ha transformado en el principal lastre del crecimiento nacional. Tras décadas de una burbuja alimentada por reformas que permitieron la propiedad privada y un crédito abundante, los precios llegaron a superar en 17 veces el salario medio para el año 2020. Hoy, la realidad es drásticamente distinta: se estima que más de 18 billones de dólares de riqueza familiar se han evaporado debido al desplome de los valores de las viviendas.

En un intento por contener el pánico, el Gobierno de Pekín ha incrementado las restricciones sobre la información económica. En noviembre de 2025, se ordenó a los proveedores de datos dejar de publicar cifras nacionales de ventas. Esta medida se produjo tras conocerse que las ventas de nuevas viviendas de las 100 principales constructoras cayeron un 42% interanual en octubre, marcando el mayor desplome en 18 meses. Expertos sugieren que esta opacidad busca enmascarar un derrumbe de precios que podría alcanzar entre el 50% y el 85% antes de estabilizarse.

Actualmente, el panorama urbano está marcado por bloques de apartamentos a medio terminar y «ciudades fantasma». En ciudades de segundo y tercer nivel, los valores de las propiedades han caído hasta un 30%, dejando a millones de hogares atrapados en un patrimonio neto negativo. Además, se estima que existe un exceso de oferta de entre 3 y 5 años de viviendas sin vender, agravado por una población que ha comenzado a disminuir y un grupo de compradores jóvenes (20-35 años) cada vez más reducido.

La demanda interna: el motor que no arranca

La fragilidad del mercado inmobiliario ha infectado directamente el consumo de las familias chinas. Al ver cómo sus ahorros, invertidos mayoritariamente en ladrillo, pierden valor, los ciudadanos se sienten obligados a ahorrar más y gastar menos. Los datos de noviembre de 2025 son reveladores: las ventas minoristas crecieron apenas un 1,3%, el ritmo más débil registrado fuera del periodo de la pandemia de COVID-19.

Incluso las políticas de estímulo recientes parecen estar perdiendo tracción. Las subvenciones gubernamentales para el canje de bienes de consumo (plan trade-in) han dejado de surtir efecto; en noviembre, las ventas de electrodomésticos se desplomaron un 19% y las de automóviles un 8% respecto al año anterior. La inversión en activos fijos también decepcionó, contrayéndose un 2,6% en los primeros once meses del año, encaminándose a su primera caída anual desde 1998.

Esta debilidad interna ha forzado a China a volcar su exceso de capacidad industrial hacia los mercados internacionales, exportando productos con descuentos adicionales para frenar la deflación interna. Aunque esto ha permitido alcanzar un superávit comercial histórico de más de un billón de dólares este año, también ha intensificado las tensiones comerciales con Estados Unidos, Europa y mercados emergentes, quienes han respondido con aranceles y barreras comerciales.

Respuestas oficiales y el llamado del FMI

Ante este escenario, la cúpula del Partido Comunista Chino, encabezada por el presidente Xi Jinping, se comprometió en la reciente Conferencia Central de Trabajo Económico a priorizar el impulso de la demanda interna y estabilizar el mercado inmobiliario de cara a 2026. No obstante, los analistas advierten que las medidas tomadas hasta ahora han sido «poco sistemáticas y efímeras».

Desde organismos internacionales, la presión aumenta. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió recientemente en Pekín que China necesitará gastar aproximadamente el 5% de su PIB en los próximos tres años para resolver de forma definitiva la crisis inmobiliaria. Las recomendaciones del FMI incluyen:

  • Permitir la salida ordenada de promotoras «zombis» o inviables.
  • Garantizar la finalización de las viviendas pendientes de entrega para restaurar la confianza social.
  • Gestionar mejor el espacio fiscal para reactivar el consumo.

Perspectivas para 2026

Aunque el objetivo de crecimiento del 5% para 2025 parece alcanzable, los economistas advierten que 2026 será un año mucho más difícil si persiste la debilidad del consumo. Con el gigante inmobiliario estatal China Vanke Co. acercándose al borde del impago, el riesgo de contagio financiero sigue latente.

La transición hacia un modelo económico basado en la demanda interna en lugar de las exportaciones y la construcción sigue siendo el mayor desafío estructural de China. A menos que Pekín implemente políticas innovadoras y holísticas, la economía podría enfrentar una recesión persistente que algunos analistas prevén que dure hasta finales de esta década.