El clima de tensión en Europa ha alcanzado un nuevo punto álgido tras la amenaza directa y categórica del presidente ruso, Vladímir Putin, quien advirtió que Rusia está lista para la guerra si el continente decide iniciarla. Esta escalada retórica se produjo el martes, justo antes de su reunión de casi cinco horas con los enviados del expresidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner.
La cita en el Kremlin, destinada a discutir el plan de paz para Ucrania, se saldó sin avances significativos ni “compromisos tangibles” sobre la “espinosa cuestión” de los territorios ocupados por Rusia.
El fin de la negociación europea
Putin ha reiterado que Rusia no tiene intención de ir a la guerra con Europa, señalando haberlo dicho ya «100 veces». Sin embargo, el presidente ruso subrayó que, si la Unión Europea desea luchar y comienza la guerra, Rusia está “preparada ahora mismo”.
El tono del jefe del Kremlin fue especialmente amenazador al afirmar que, en caso de confrontación, la derrota de los países europeos sería tan “absoluta que no quedaría nadie para siquiera negociar un acuerdo de paz”. Putin incluso ironizó que “Moscú ya no tendrá a nadie con quien negociar”.
Este discurso bélico se inscribe en una tendencia creciente dentro de los círculos de poder rusos. En octubre, la revista del Ministerio de Relaciones Exteriores, La Vie internationale, ya había publicado un texto que esgrimía la perspectiva de una guerra en Europa, sugiriendo que los países occidentales solo “están más dispuestos a escuchar cuando las tropas rusas pisan París o Berlín”.
Acusaciones de sabotaje a la paz
La advertencia a Europa vino acompañada de una fuerte acusación sobre su papel en las negociaciones. Putin señaló a los países europeos como la parte beligerante, culpándolos de “obstaculizar al presidente Trump” y “bloquear el proceso de paz” al haber “cortado los contactos con Rusia”.
El líder ruso acusó a los europeos de presentar propuestas sobre Ucrania que son “absolutamente inaceptables” para Moscú. Putin sentenció que los europeos “no tienen un programa de paz, están del lado de la guerra” y que buscaron presentar cambios a la propuesta norteamericana que sabían que Moscú rechazaría.
La estrategia de Putin busca establecer una coartada en caso de que las negociaciones fracasen, permitiéndole culpar a Ucrania y sus socios europeos, con el objetivo de que Trump abandone la mediación y retire el apoyo a Kiev.
Una reunión marcada por la dilación
La reunión en el Kremlin, que el líder ruso utilizó para enviar un “triple mensaje” a Donald Trump, estuvo definida por la estrategia de dilación de Putin.
Los enviados estadounidenses, Steve Witkoff y Jared Kushner, fueron obligados a esperar hasta la noche mientras el presidente ruso asistía a un foro económico. A la hora prevista para la cita, los emisarios paseaban por Moscú mientras Putin empezaba su intervención. Este gesto, que no es la primera vez que Witkoff experimenta, busca demostrar a Trump “quién marca el ritmo de las negociaciones”.
El Kremlin calificó las cinco horas de diálogo como «útil, constructiva y significativa», aunque admitió que «queda mucho trabajo por hacer». La lentitud del proceso se debe a que Moscú no tiene prisa, sintiéndose fuerte en el campo de batalla, y busca asegurarse de que todas las cláusulas del plan de paz se ajusten a sus demandas.
Moscú se mantiene inflexible en sus exigencias maximalistas: la retirada de las fuerzas de Kiev del Donbass, la limitación de efectivos militares ucranianos, y el reconocimiento de los territorios ocupados como rusos. Además, la adhesión de Ucrania a la OTAN sigue siendo una «línea roja» para Rusia, mientras que Kiev pide que el plan de paz no la vete tajantemente.
Ofensiva militar en paralelo y conquistas clave
El desafío diplomático de Putin se sustenta en los recientes avances militares rusos. En noviembre, las fuerzas rusas lograron su mayor avance en el frente ucraniano en un año, arrebatando 701 km² de territorio a los ucranianos.
En la víspera de la reunión con Witkoff, Putin proclamó sin confirmación de fuentes independientes la toma de Pokrovsk en Donetsk. Aunque Ucrania afirma que los combates continúan, Putin describió Pokrovsk, un antiguo núcleo ferroviario y centro logístico clave, como un “trampolín ideal” para el despliegue del ejército ruso en cualquier dirección. También reivindicó la toma de Vovchansk, en Járkov.
Además de las conquistas, Rusia intensificó sus ataques en las últimas semanas, lanzando un total de 5.660 misiles y drones de largo alcance en noviembre, un 2% más que el mes anterior.
El líder ruso también ordenó la creación de “una zona de seguridad a lo largo de la frontera con Ucrania”. Estos movimientos refuerzan la percepción de que la diplomacia es una “herramienta para consolidar posiciones obtenidas sobre el terreno”. Según la analista Tatiana Stanovaya, Putin está “más confiado que nunca” y convencido de que puede posponer las negociaciones hasta que Ucrania “finalmente acepte que no puede ganar y debe negociar en los términos bien conocidos de Rusia”.
La respuesta de Kiev y el recelo europeo
Desde Dublín, donde se encontraba de visita oficial, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski respondió al tono beligerante de Putin con un mensaje conciliador. Zelenski remarcó la necesidad de apoyo internacional para lograr una paz digna y duradera.
“Un país solo puede empezar una guerra y un país fuerte puede parar una guerra, pero para defender lo que es correcto se necesita una comunidad de países”. El líder ucraniano enfatizó que “Si una comunidad de naciones te apoya, no te pueden aplastar. Nadie puede luchar contra todos los demás, ni siquiera Putin”.
Zelenski afirmó que espera señales de la reunión en el Kremlin para decidir los próximos pasos, sugiriendo que sus representantes podrían reunirse con la delegación estadounidense en un país europeo.
En cuanto al tema territorial, Ucrania insiste en que cualquier concesión no es posible debido a las restricciones constitucionales, el rechazo social y la inconsistencia con la situación real, ya que Rusia aún no controla la totalidad del Donbás.
Por parte de Europa, la secretaria de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, instó a Putin a “terminar con la fanfarronería y el derramamiento de sangre”. Mientras tanto, el eurodiputado Raphael Gluksmann arremetió contra los líderes europeos por supuestos “gestos de pleitesía con Trump y sus amigos”, a quienes acusó de haber “decidido vender Ucrania y la seguridad europea a Rusia”.
Gluksmann criticó que un “promotor inmobiliario corrupto” haya sido encargado de negociar las fronteras de Europa, concluyendo que para Europa, este es un momento definitorio: “O nunca”.
Los temores europeos se centran en que Washington y Moscú puedan pactar un acuerdo que excluya a Europa o fuerce a Kiev a concesiones injustas, lo que fracturaría el principio de que “las fronteras no se cambian por la fuerza”. El riesgo para Ucrania es que una paz que congele el statu quo signifique la amputación territorial y un peligroso precedente.
