CRISIS EN LA GESTIÓN DE LOS FONDOS EUROPEOS

El Gobierno renuncia a 60.000 millones de los fondos UE y asume el fracaso en la ejecución

La imposibilidad de gastar los créditos antes de agosto de 2026 y las reformas incumplidas dejan en vilo más de 90.000 millones de euros, mientras la agencia S&P Global Ratings alerta sobre la parálisis política y administrativa.

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Dinero 24h

El Gobierno español ha asumido formalmente el «fracaso en la gestión» de una parte sustancial de los fondos europeos Next Generation, confirmando la renuncia a unos 60.000 millones de euros asignados originalmente a España. Esta cifra supone la pérdida del 37% de la cuantía total que el país debía percibir de los fondos europeos de Recuperación. El anuncio se produce por sorpresa y sin previo aviso, cuatro años después de la puesta en marcha del plan.

La medida forma parte de una nueva adenda al Plan de Recuperación que el Ejecutivo elabora en estos momentos, y que, en la práctica, significa una enmienda a la totalidad de la adenda anterior aprobada en octubre de 2023.

La gran renuncia: 75% de los préstamos desechados

La renuncia se concentra principalmente en la partida de préstamos. De los 83.000 millones de euros asignados en créditos, España renunciará a cobrar el 75%. Inicialmente, tras la pandemia, a España se le adjudicaron 183.000 millones de euros, desglosados en 80.000 millones en ayudas directas (a fondo perdido) y 83.000 millones en créditos.

Aunque la versión oficial del Gobierno es que la buena marcha de la economía y los elevados costes de estos créditos (en torno al 3,84%) desaconsejan ejecutar estos cobros, la realidad, según han podido confirmar diversas fuentes, es que el Ejecutivo reconoce la imposibilidad de gastarlos antes de que expire el plazo límite en agosto de 2026. De hecho, fuentes del Ministerio de Economía señalaron que España se financia en los mercados a costes inferiores (3,77%) a los de los préstamos de la UE.

La renuncia a los 60.000 millones deja la cuantía total de préstamos a la que España aspira en 23.000 millones.

Programas de inversión comprometidos

La decisión de dejar de recibir estos miles de millones supone la no ejecución de una serie de programas clave que ya estaban comprometidos, tanto en Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTEs) como en fondos específicos de la adenda.

Entre los mayores perjudicados por la pérdida de fondos se encuentran:

  • Los 10.750 millones en créditos destinados al Perte Chip.
  • Una buena parte de los 22.000 millones de la Línea ICO-Verde.
  • Los 20.000 millones del Fondo de Resiliencia Autonómica.
  • La Línea ICO-Empresas y Emprendedores (8.000 millones).
  • El Fondo Next Tech (4.000 millones).
  • La promoción de vivienda social en alquiler, valorada en 4.000 millones, podría también decaer.

Ejecución en mínimos y riesgo de pérdida adicional

A la renuncia de los 60.000 millones, se suma el reconocimiento en privado por parte del Ejecutivo de que tendrá muy difícil gastar otros 15.000 millones, en su mayoría también en créditos, pero incluyendo un remanente de ayudas directas.

Además, el incumplimiento de las reformas exigidas por Bruselas ha dejado en el aire 26.000 millones de euros en concepto de transferencias directas, el 32% de lo presupuestado inicialmente. El retraso acumulado en este ámbito se debe a que la debilidad parlamentaria de Moncloa impide impulsar las reformas necesarias.

En términos de adjudicación, antes de la renuncia, faltaba por adjudicar el 64% del total. Con la renuncia ya descontada, la ejecución se queda en el 47%, con solo un año por delante para repartir los fondos. En el apartado de préstamos, el problema es acuciante: hasta mediados de noviembre solo se habían adjudicado 6.900 millones mediante este instrumento, lo que implicaba que el 92% de estos recursos aún faltaba por adjudicar después de cuatro años.

Hasta la fecha, solo poco menos del 40% del total asignado por la Unión Europea está seguro en su reparto.

Alerta de S&P: parálisis política y administrativa

La agencia S&P Global Ratings advirtió hoy que España afronta crecientes obstáculos para culminar el despliegue de los fondos europeos a poco más de un año del plazo de expiración (31 de agosto de 2026).

S&P subraya que la complejidad política y administrativa está lastrando la ejecución del plan. La fragmentación del Parlamento nacional dificulta la tramitación de las reformas legislativas necesarias para acceder a los siguientes desembolsos. La mitad de las próximas 34 reformas y 226 inversiones requieren aprobación parlamentaria, un escenario complicado dado el ajustado apoyo al Gobierno.

A pesar de haber completado el 79% de las 192 reformas comprometidas, España solo ha ejecutado el 30% de las 323 inversiones previstas. Esta situación ya provocó que el país dejara de percibir 1.100 millones de euros del quinto desembolso, al incumplir requisitos como la reforma fiscal (incluido el capítulo relativo al diésel), la reforma de la temporalidad de los interinos (primer pago) y la modernización de las administraciones públicas.

Beneficiarios públicos y disparidades regionales

La gestión de los fondos ha confirmado el poco impacto real de estos recursos en el tejido productivo privado. La gran mayoría del dinero que sí se ha adjudicado se ha destinado a compañías y programas públicos.

La última lista de los 100 mayores beneficiarios de los fondos Next Generation indica que los principales receptores son entidades públicas:

  1. Adif (2.961 millones).
  2. Adif Alta Velocidad (2.915 millones).
  3. La Generalitat de Cataluña (1.072 millones).
  4. Tragsa (977 millones).

Actualmente, el 78% de los mayores beneficiarios son entidades públicas centradas en transporte, digitalización y sanidad.

En cuanto a la ejecución territorial, la situación presenta fuertes disparidades. Cerca del 40% de las subvenciones debe ejecutarse a través de las comunidades autónomas. Mientras regiones como Madrid y País Vasco son las más avanzadas, con algunas superando el 75% de uso, otras como Cantabria, Cataluña o Navarra se encuentran en el furgón de cola, utilizando apenas el 30% de los fondos asignados.

S&P advierte que esta falta de armonización podría llevar a la devolución de fondos o reasignaciones en 2026. Un ejemplo de la baja absorción es el Fondo de Resiliencia Autonómica, donde solo la Comunidad de Madrid ha recurrido al instrumento (234 millones de euros).

A pesar del volumen de recursos movilizados, la inversión pública en España sigue por debajo de la media europea, y la limitada capacidad administrativa ha ralentizado la gestión, complicando el cumplimiento del calendario.

Presiones y plazos

La Comisión Europea, consciente del riesgo de que varios Estados miembros no logren ejecutar todos los fondos, anunció en junio de 2025 una mayor flexibilidad para acelerar el uso del dinero pendiente. No obstante, el tiempo apremia, ya que septiembre de 2026 marca la fecha límite para realizar la última solicitud de desembolso, y diciembre de 2026 el último pago por parte de Bruselas.

Con la renuncia a 60.000 millones y la dificultad de acceder a otros 31.000 millones en el plazo de un año, el Gobierno se enfrenta a una prueba de fuego para sacar adelante la adenda del plan y las medidas que desbloquean la financiación, especialmente tras la ruptura con Junts. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, había insistido hace solo 15 días en que el Gobierno mantenía «un esfuerzo claro y continuo» para canalizar estos fondos, por lo que la renuncia ha sorprendido al sector.