La industria de defensa en España vive un momento de euforia, impulsada por la elevada incertidumbre geopolítica, el boom del gasto militar y el esfuerzo de los países de la OTAN por alcanzar el 2% del PIB en gasto militar. Este sector es considerado un elemento crucial para la Base Industrial y Tecnológica de Defensa (BITD) del país, contribuyendo al bienestar económico, al empleo cualificado y a la provisión de capacidades estratégicas de seguridad y defensa nacional.
El ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, ha destacado recientemente la industria de la seguridad y la defensa como una contribución de primer orden a la economía española, resaltando su papel en el aumento de su peso en el PIB nacional.
Inversiones estatales y el plan de modernización
El contexto actual, marcado por la invasión de Ucrania y el replanteamiento de la alianza atlántica, ha llevado al Gobierno a intensificar su apoyo financiero.
El Gobierno lanzó en abril de 2025 el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y Defensa. Este plan destinará 10.471 millones de euros durante 2025 para objetivos como la mejora del equipamiento militar, la adquisición de tecnologías de telecomunicaciones y ciberseguridad, y el refuerzo de las Fuerzas Armadas.
Una de las palancas clave para el sector son los Programas Especiales de Modernización (PEM) del Ministerio de Defensa. Entre septiembre y octubre, el Gobierno repartió 14.223 millones de euros en préstamos al 0% a dedo para la industria militar. Actualmente, hay 31 PEM aprobados por el Gobierno, con una inversión total de 14.422 millones de euros para el periodo 2025-2032.
El compromiso de gasto acumulado por el Ministerio de Defensa sobrepasa ya los 30.000 millones de euros. Se estima que hasta el año 2037, unos 7.000 millones de euros anuales (aproximadamente el 20% del presupuesto total) estarán adeudados a los PEM en curso.
Indra como eje vertebrador del sector
El sector tiene como punta de lanza a la cotizada Indra, que se ha convertido en la gran protagonista y ha liderado las subidas del Ibex este año (cerca del 190%). El Gobierno está utilizando a Indra y a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) como ejes vertebradores para armar un gran operador nacional.
Indra ha sido la principal beneficiada de los préstamos al 0% del Gobierno, habiendo sido distinguida con 6.582 millones de euros. La compañía, que tradicionalmente obtenía no más del 20% de sus ingresos de la tecnología militar, acaba de cifrar en 10.000 millones de euros su cartera de pedidos en Defensa para 2026.
El presidente ejecutivo de Indra, Ángel Escribano, reconoció recientemente que en 30 años en el sector «nunca había visto una oportunidad como esta». Indra es el coordinador industrial español del programa colaborativo europeo más grande en defensa, el FCAS (Futuro Sistema de Combate Aéreo).
El Estado ha incrementado su peso en la compañía, autorizando al holding estatal SEPI a aumentar su participación hasta el 27% actual en febrero de 2022.
Controversias y movimientos estratégicos
La compañía planea una polémica absorción con la empresa de su presidente, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), debido al evidente conflicto de interés. EM&E, una empresa de dimensión inferior (355 millones de facturación en 2024, frente a los 4.800 millones de Indra), ha visto crecer significativamente sus ingresos y ha recibido adjudicaciones multimillonarias de Defensa, muchas sin concurrencia.
En otros movimientos, Indra adquirió cerca del 10% de ITP Aero en 2023. Además, en la junta del próximo día 28, Indra prevé aprobar la compra de Hispasat a Redeia por 725 millones, lo que le otorgará un 43% de Hisdesat, operadora de servicios satelitales para clientes de defensa, seguridad e inteligencia.
Quién es quién en la base industrial
Además de Indra, otras grandes empresas y consorcios se benefician significativamente de los PEM:
- Airbus: recibió alrededor de 3.700 millones de euros en los PEM.
- Navantia: astilleros públicos 100% de SEPI, recibió 2.292 millones de euros. Aunque arrastra pérdidas (200 millones en 2024), es un polo de empleo en Cádiz, Ferrol y Cartagena. Navantia es la primera empresa española en el ranking de Defense News, en el puesto 84 (Indra está en el 87).
- SAPA Placencia: beneficiaria de más de 90 millones de euros en programas gestionados por el Ministerio de Industria. Es socia en el consorcio TESS Defence para fabricar los blindados 8×8 Dragón, y está ampliando su alianza con General Dynamics para vehículos del Ejército norteamericano.
- Oesía (antigua IT Deusto): facturó un récord de 256 millones en 2024 y es otra gran beneficiaria de los PEM.
- GMV: dedicada a espacio, aeronáutica y defensa, facturó 454 millones en 2024. Se unió en 2021 al consorcio Sistemas de Misiles de España (SMS) junto a Sener y Escribano.
El sector atrae el interés de fondos, como Hyperion, lanzado en 2024 por el exlíder del PP Pablo Casado, que acaba de anunciar otro fondo de hasta 500 millones para 2026.
Las PYMES: el 85% de la industria, pero marginadas
A pesar de que la industria española de defensa es eminentemente exportadora y compuesta en su mayoría por pymes, existe una profunda incoherencia en su desarrollo.
La Asociación de Empresas Contratistas con las Administraciones Públicas (AESMIDE) representa al 80% de las empresas del sector. Desde el Ministerio de Defensa se repite que el 85% de la industria española de defensa depende de ellas. Sin embargo, las pymes siguen siendo «ninguneadas, olvidadas y denostadas» y quedan fuera de los grandes programas.
A pesar del momento «sin precedentes» en inversión pública, las pymes no son beneficiarias directas de los préstamos al 0% y tienen dificultades para acceder a la financiación necesaria. Son las grandes empresas, denominadas «tractoras» o contratistas principales, quienes deciden qué pymes participan en la cadena de suministro y en qué condiciones, actuando como decisoras del reparto de las inversiones públicas.
La patronal del sector reclama el lugar que les corresponde como activos estratégicos, exigiendo que el Ministerio de Defensa estructure su participación en la cadena de suministro, obligando a las «grandes» a incluir a las «pequeñas» que poseen incuestionables nichos de especialización y know how contrastado.
La nueva geografía industrial
El crecimiento de la defensa se ha consolidado como el principal motor del aumento de la demanda de instalaciones industriales y logísticas en Europa, forzando una reconfiguración del mapa productivo continental.
España se sitúa entre los polos industriales más relevantes de Europa en este ámbito, junto a Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Suecia. Más de la mitad de las nuevas instalaciones militares registradas desde principios de 2024 corresponden a la ampliación de fábricas ya existentes, reflejando la urgencia por aumentar la capacidad productiva.
En este contexto de inversión acelerada y alta demanda, el Ministerio de Industria insiste en que continuará movilizando los recursos necesarios para avanzar en la autonomía estratégica y garantizar las capacidades tecnológicas de seguridad y defensa, contribuyendo a la de los socios europeos y aliados.
En definitiva, la industria de defensa española se encuentra en una carrera contra reloj para aprovechar esta oportunidad histórica de financiación. El gran desafío reside en cómo distribuir el crecimiento. Si bien las grandes empresas, como Indra y Navantia, están recibiendo financiación masiva para programas de modernización (PEM), la vitalidad a largo plazo del sector dependerá de integrar efectivamente a la vasta red de pymes especializadas. Si las pymes continúan siendo dependientes de la buena voluntad de las «tractoras,» el riesgo es que el crecimiento se concentre excesivamente, limitando la innovación y la competitividad global que la Base Industrial y Tecnológica de Defensa necesita para mantenerse. El sistema actual, donde los préstamos se asignan a dedo, actúa como un embudo, concentrando el caudal de inversión en unos pocos grandes ríos, mientras que los arroyos (las pymes) deben esperar los residuos de la corriente principal para sobrevivir.
