Economía global en tensión

Crisis en el desierto: la caída del crudo hunde la Visión 2030

El desplome del crudo a 60 dólares por barril dispara el déficit saudí, compromete los mega proyectos de modernización y amenaza con devolver al reino a la dependencia absoluta del petróleo.

Arabia Saudí
Arabia Saudí 24h

Introducción

Arabia Saudí atraviesa una de sus fases económicas más delicadas en décadas. El reciente desplome de los precios del petróleo, que han caído a los 60 dólares por barril, ha puesto en jaque la estabilidad fiscal del reino, amenazando con desestabilizar el ambicioso programa de diversificación económica conocido como Visión 2030.

El país, gobernado de facto por el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS), había apostado por transformar la economía saudí mediante megaproyectos de infraestructuras, el desarrollo de sectores no petroleros y una mayor apertura al capital extranjero. Sin embargo, la fuerte dependencia de los ingresos petroleros ha convertido este plan en un reto mayúsculo: el modelo saudí sigue siendo profundamente vulnerable a los vaivenes de los mercados energéticos internacionales.

La dependencia estructural del petróleo

Arabia Saudí es uno de los mayores productores y exportadores de crudo del mundo. El sector petrolero representa cerca del 90% de las exportaciones, el 80% de los ingresos fiscales y el 40% del PIB. Esta concentración crea una doble dependencia:

  1. Política, ya que el petróleo no genera suficientes empleos para una población en rápido crecimiento, obligando al Estado a sostener el mercado laboral a través del sector público.
  2. Económica, porque la llamada enfermedad holandesa reduce la competitividad de los sectores no petroleros y expone al país a los ciclos de precios del crudo.

Los antecedentes muestran la magnitud del problema: entre 2007 y 2020, el precio del petróleo se duplicó, se redujo a la mitad, volvió a duplicarse y llegó a cifras negativas durante la pandemia. Este nivel de volatilidad impide una planificación económica estable y refuerza la urgencia de diversificar la economía.

Visión 2030: un proyecto ambicioso y costoso

En 2016, MBS lanzó el programa Visión 2030, que pretende que:

  • El sector privado represente el 65% del PIB.
  • Los productos no petroleros lleguen a 50% de las exportaciones.
  • Las energías renovables generen 50% de la electricidad nacional.

Para lograrlo, se han impulsado proyectos como Neom (la futurista ciudad en línea), el desarrollo del turismo, la liga de fútbol saudí y grandes inversiones en educación e infraestructuras.

El problema central es el costo financiero. Estos proyectos requieren una ingente cantidad de capital, lo que obligó al gobierno saudí a depender de precios del petróleo cercanos a los 100 dólares por barril. Sin embargo, los intentos de manipular el mercado a través de la OPEP+ han fracasado:

  • Países miembros como Irak, Kazajistán o Emiratos Árabes Unidos han producido más de lo pactado.
  • Angola abandonó la organización en señal de desacuerdo.
  • Estados Unidos, mediante la liberación de reservas estratégicas, presionó los precios a la baja.

El resultado fue un petróleo estabilizado en torno a los 80 dólares, insuficiente para sostener el presupuesto saudí.

El choque del petróleo a 60 dólares

La caída reciente a 60 dólares por barril ha supuesto un golpe directo a la estabilidad de Arabia Saudí. Bloomberg calcula que el precio de equilibrio presupuestario del país ronda los 110 dólares. Con precios actuales, se proyecta:

  • Un déficit fiscal de 67.000 millones de dólares en 2025 según Goldman Sachs.
  • Un nivel de endeudamiento récord: el Ministerio de Finanzas admitió haber emitido 30.000 millones en deuda solo en el primer trimestre de 2025, la cifra más alta registrada.

Esto implica que el déficit real podría alcanzar los 120.000 millones de dólares anuales (11% del PIB), colocándolo entre los más elevados del mundo. Aunque el país aún dispone de grandes reservas de divisas y un bajo ratio deuda/PIB (30%), el margen de maniobra se está reduciendo peligrosamente.

El futuro de la Visión 2030

La viabilidad de Visión 2030 está en entredicho. Los grandes proyectos acumulan retrasos y la inversión extranjera muestra signos de agotamiento, lo que obliga al gobierno a financiar la transformación casi en solitario.

Si los precios del crudo no se recuperan, Arabia Saudí tendrá que recortar significativamente su programa de diversificación, lo que podría dejarlo irreconocible frente a los planes originales. Este escenario significaría una vuelta a la dependencia total del petróleo, con todos los riesgos económicos y políticos que ello implica.

Conclusión

Arabia Saudí se encuentra en una encrucijada histórica. El desplome del petróleo ha revelado las debilidades estructurales de una economía excesivamente dependiente del crudo y con un sector no petrolero aún inmaduro.

El príncipe heredero MBS enfrenta un dilema: recortar su ambicioso proyecto de modernización o seguir endeudando al país para mantenerlo vivo. La primera opción pondría en cuestión su liderazgo y la credibilidad del régimen; la segunda podría comprometer la estabilidad financiera a largo plazo.

En definitiva, la crisis actual es una prueba de fuego para la Visión 2030. Su éxito o fracaso determinará no solo el futuro económico de Arabia Saudí, sino también su papel en la economía global del siglo XXI.