TENSIÓN POLÍTICA Y DISCURSO DE ODIO EN ESTADOS UNIDOS

Qué es ‘Antifa’, el grupo izquierdistas que Trump quiere declarar terrorista tras el asesinato de Charlie Kirk

Trump acusa a la izquierda radical y apunta a Antifa tras el crimen de Kirk, reabriendo el debate sobre violencia política y libertades

Activistas antifa
Activistas antifa. PD

El clima político en Estados Unidos vuelve a tensarse.

Tras el asesinato del activista e influencer Charlie Kirk en un campus universitario, el presidente Donald Trump ha redoblado su ofensiva contra la extrema izquierda, anunciando el 17 de septiembre de 2025 desde Londres su intención de declarar a Antifa como una «organización terrorista mayor».

El anuncio, realizado en su plataforma Truth Social, ha encendido el debate sobre la naturaleza de este movimiento, la violencia política y los riesgos para las libertades civiles en un año marcado por la polarización social.

A día de hoy, 20 de septiembre de 2025, la atención mediática y política se centra en el papel de Antifa y su verdadero alcance.

Trump, junto a su vicepresidente JD Vance, atribuye el asesinato de Kirk a un «clima de hostilidad» alentado por la izquierda radical, pese a que las investigaciones oficiales no han encontrado pruebas que vinculen al sospechoso, Tyler Robinson, con Antifa o cualquier otro grupo organizado. El mandatario exige además investigar a quienes financian el movimiento bajo «los más altos estándares legales».

El futuro inmediato del movimiento Antifa está marcado por la incertidumbre. La presión institucional y mediática puede llevar a una mayor radicalización y clandestinidad de sus integrantes, o bien a una fragmentación aún mayor. Mientras tanto, la estrategia de Trump busca consolidar apoyos en su base conservadora y polarizar el debate público, utilizando la seguridad y el orden como banderas electorales.

El caso Kirk ha reavivado la discusión sobre los límites de la protesta y la respuesta estatal a la violencia política. En un contexto de crispación social, los riesgos de escalada retórica y de medidas desproporcionadas contra la disidencia no pueden subestimarse. La evolución de los próximos meses dependerá de la capacidad de las instituciones para investigar los hechos con rigor y de la sociedad civil para defender el equilibrio entre seguridad y derechos fundamentales.

La tensión entre la acción directa y la defensa de las libertades sigue siendo el gran dilema en la América de 2025.

¿Qué es Antifa y cómo actúa?

Antifa —abreviatura de «antifascista»— es un término paraguas que agrupa a colectivos e individuos de extrema izquierda, sin jerarquía ni líderes claros, que se declaran abiertamente revolucionarios y rechazan la democracia liberal tradicional. Sus miembros defienden la «acción directa», es decir, la intervención física o simbólica para impedir que grupos de ultraderecha difundan sus ideas, bajo el argumento de que esto protege a minorías marginadas, como personas racializadas, indígenas o LGBTQ+.

  • Los orígenes de Antifa en Estados Unidos se remontan a la década de 1980, inspirados por colectivos europeos surgidos para contrarrestar el auge neonazi.
  • Sus integrantes suelen vestir de negro en protestas (táctica «black bloc») para dificultar su identificación por las autoridades.
  • Se organizan localmente y de forma autónoma, lo que complica su clasificación legal como organización formal.
  • Ideológicamente, comparten posiciones anticapitalistas, antifascistas, y en muchos casos anarquistas o comunistas.

Acción directa y violencia: ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad?

El debate sobre la violencia de Antifa no es nuevo. Sus detractores —en particular desde el ala conservadora— les acusan de promover la confrontación física y la destrucción de bienes, especialmente durante protestas contra el racismo o enfrentamientos con grupos supremacistas blancos. Casos emblemáticos fueron el choque en Charlottesville (2017) y las protestas tras el asesinato de George Floyd (2020).

  • La táctica «black bloc» facilita que miembros se mezclen con la multitud y actúen de forma anónima.
  • Han participado en boicots, contramanifestaciones y, en ocasiones, en enfrentamientos violentos con ultraderechistas y fuerzas del orden.
  • Sin embargo, estudios independientes y análisis del Congreso estadounidense advierten que Antifa carece de estructura nacional y que la mayoría de sus acciones no resultan en daños graves a personas.

La atribución directa de actos violentos a Antifa resulta difícil por la falta de membresía formal y el carácter descentralizado del movimiento. La misma lógica complica la estrategia legal que plantea Trump: ¿cómo declarar terrorista a una red informal y sin liderazgo, cuyos integrantes actúan a título individual o en pequeños grupos autónomos?.

El asesinato de Charlie Kirk: detonante político

El 15 de septiembre de 2025, el asesinato del conocido activista conservador Charlie Kirk a manos de un joven identificado como Tyler Robinson sacudió el panorama estadounidense. Aunque las autoridades no han hallado indicios de pertenencia del agresor a Antifa ni a otros colectivos radicales, la Casa Blanca y varios líderes republicanos han responsabilizado a la «atmósfera de odio» generada, según ellos, por la izquierda radical.

  • El vicepresidente JD Vance ha reclamado tratar las «redes de financiación de la violencia de izquierdas» como organizaciones terroristas.
  • El senador Bill Cassidy sostiene que Antifa ha «secuestrado movimientos legítimos para promover la violencia y la anarquía».
  • Los críticos denuncian que la reacción oficial busca instrumentalizar el caso Kirk para reprimir a la oposición y restringir libertades.

Legalidad y riesgos: ¿es viable declarar terrorista a Antifa?

La propuesta de Trump enfrenta serios obstáculos legales. En Estados Unidos no existe una ley federal que permita designar a grupos internos como organizaciones terroristas; la legislación vigente se aplica a entidades extranjeras. Además, expertos legales advierten que penalizar una ideología o asociación política vulneraría derechos constitucionales, especialmente la libertad de expresión y de asociación.

  • La descentralización de Antifa impide identificar una estructura o liderazgo responsable de las acciones colectivas.
  • La experiencia de 2020, cuando Trump sugirió por primera vez esta medida tras las protestas por George Floyd, mostró la dificultad de ejecutar tal calificación en la práctica.
  • El temor a que se use la designación de «terrorista» para criminalizar la disidencia política ha sido reiterado por organizaciones de derechos civiles.

El eco del anuncio de Trump ha llegado a Europa.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha declarado su intención de seguir el ejemplo estadounidense y calificar a Antifa como organización terrorista en Hungría, pese a la falta de pruebas de acciones coordinadas de este movimiento en su país. Esta tendencia refuerza el uso político del término «antifa» para agrupar a la disidencia de izquierda bajo la etiqueta de «amenaza terrorista».

 

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24h Economía

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