El modelo basado en subsidios y cuotas enfrenta su mayor crisis

El exceso de producción lleva a la industria del coche en China a un callejón sin salida

Las políticas públicas que priorizan el volumen sobre la demanda real han creado una tormenta perfecta de sobrecapacidad, precios en caída y prácticas irregulares en el sector automovilístico chino

Coches eléctricos chinos
Coches eléctricos chinos. PD

A día de hoy, 17 de septiembre de 2025, China atraviesa una de las mayores crisis industriales de su historia reciente. El coloso asiático, tras años de políticas orientadas a convertir su industria del motor —y especialmente el segmento del vehículo eléctrico— en la referencia global, se enfrenta ahora a un problema de sobrecapacidad que amenaza con desencadenar una profunda reestructuración sectorial. El impulso público a la producción masiva, sin atender suficientemente a la demanda real, ha provocado un exceso de vehículos en las cadenas de distribución y ha sumido a miles de concesionarios y fabricantes en una carrera suicida por mantener las ventas, incluso a costa de operar con márgenes negativos.

El resultado es visible en escenarios tan insólitos como showrooms con más de 5.000 coches nuevos ofertados con descuentos que superan el 50%. Marcas locales como FAW venden SUVs siete plazas por menos de la mitad de su precio original. Incluso modelos occidentales como el Audi A6 o el Chevrolet Malibu se pueden adquirir con rebajas históricas. En muchos casos, los concesionarios liquidan stock a pérdidas o recurren a tácticas dudosas: matriculan flotas enteras solo para simular ventas ante los fabricantes y acceder así a bonificaciones; otros exportan los coches como “usados” sin apenas rodaje; algunos terminan abandonados en cementerios de automóviles, evidenciando la magnitud del desajuste entre oferta y demanda.

Subsidios, competencia provincial y prácticas al límite

El origen del problema se remonta a décadas atrás, cuando Pekín declaró estratégico el sector automotriz y las administraciones locales comenzaron a competir por atraer fábricas mediante subsidios, terrenos baratos e incentivos fiscales. A cambio, los fabricantes asumían compromisos de producción y facturación muy superiores al crecimiento real del consumo interno. Las provincias rivalizaban para captar inversión y empleo, reforzando una lógica donde lo importante era cumplir cuotas productivas para escalar posiciones en la burocracia estatal.

En 2017 el gobierno central fijó como objetivo fabricar 35 millones de vehículos anuales para 2025 —el doble del récord estadounidense— impulsando aún más la expansión industrial. El resultado: actualmente China dispone de capacidad para producir cerca de 54 millones de coches al año, aunque solo vende algo más de 27 millones. Según consultoras como Gasgoo Automotive Research Institute o AlixPartners, apenas un puñado de marcas sobrevivirá financieramente más allá de esta década.

Prácticas emergentes ante el colapso

  • Liquidaciones masivas: Descuentos inéditos tanto en marcas nacionales como internacionales.
  • Matriculación ficticia: Concesionarios que registran vehículos no vendidos para cobrar incentivos.
  • Exportaciones grises: Reventa internacional a precios muy por debajo del mercado local.
  • Cementerios automovilísticos: Miles de coches nuevos abandonados y subastados tras años sin uso.

Solo el 30% de los concesionarios chinos logra operar con beneficios actualmente; muchos sobreviven gracias a bonificaciones puntuales o ventas relámpago promocionadas por influencers en plataformas como Douyin (el TikTok chino).

Impacto global: guerra de precios y proteccionismo

La política expansiva china ya tiene consecuencias más allá de sus fronteras. El desplome del consumo interno —exacerbado desde la crisis inmobiliaria iniciada en 2021— ha obligado a los fabricantes chinos a buscar salida al exceso productivo mediante la exportación agresiva. En tres años, las ventas internacionales han pasado del 9% al 20% del total fabricado; el valor exportado se ha triplicado desde 2022. Los vehículos chinos llegan ahora a Europa y Asia con precios muy inferiores a los modelos locales equivalentes.

Esta avalancha ha desatado respuestas proteccionistas. La Unión Europea introdujo aranceles sobre los vehículos eléctricos chinos en otoño de 2024; Estados Unidos prácticamente ha cerrado su mercado citando riesgos para la seguridad nacional y competencia desleal. El temor es que la sobrecapacidad china distorsione los mercados globales, precipitando cierres industriales fuera del país.

Mientras tanto, el dominio chino sobre tecnologías clave —como las baterías— se convierte en moneda de cambio diplomática: desde junio se requiere licencia gubernamental para transferir ciertas tecnologías al extranjero. El mensaje es claro: si Occidente quiere acceso tecnológico, debe mantener abiertos sus mercados al automóvil chino.

Consolidación inevitable: ¿supervivientes o zombis?

El futuro inmediato apunta a una consolidación acelerada. De las más de 120 marcas activas hoy en día, solo una decena será viable económicamente antes de 2030 según previsiones sectoriales. Las start-ups más pequeñas ya están cerrando o reestructurándose; mientras tanto, gigantes como BYD, Geely o Changan siguen creciendo apoyados por gobiernos locales que temen un aumento masivo del paro si quiebran demasiadas empresas.

La transición tecnológica tampoco da respiro: los vehículos eléctricos suponen ya el 55% del mercado interno y podrían alcanzar el 100% antes de 2030 si se mantienen las subvenciones estatales. Esto acelera el declive del motor térmico y arrastra consigo toda la cadena industrial asociada.

Tabla resumen: principales cifras actuales

IndicadorValor (2025)
Capacidad anual producción (veh.)~54 millones
Ventas internas anuales~27 millones
Porcentaje concesionarios rentables30%
Exportación sobre total producido20%
Participación EVs nuevas matriculaciones55%
Marcas activas (>0,1% cuota)Más de 120
Marcas viables estimadas (2030)Menos de 15

La incógnita regulatoria y el pulso internacional

La reacción desde Pekín no se ha hecho esperar. En los últimos meses, Xi Jinping ha criticado abiertamente la “expansión irracional” alentada por gobiernos provinciales e instado a frenar inversiones duplicadas en tecnologías como inteligencia artificial o movilidad eléctrica. Se avecina una etapa donde solo sobrevivirán las empresas con músculo financiero y acceso preferente al apoyo estatal.

La gran pregunta es si China logrará gestionar esta transición sin desencadenar una ola masiva de quiebras ni desatar represalias comerciales globales que perjudiquen aún más sus exportaciones tecnológicas e industriales.

En este contexto incierto, la industria automovilística mundial asiste expectante al desenlace chino: lo que ocurra allí marcará tendencia no solo para el automóvil sino para toda la economía industrial global.

Autor

24h Economía

Te acercamos a la Economía. Toda la actualidad económica y política en 24heconomia.com y en sus redes sociales.