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A día de hoy, 17 de septiembre de 2025, el panorama de las motocicletas en España es inquietante: más de 1,6 millones circulan sin la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) en vigor, lo que equivale a casi el 40% del parque registrado.
El incumplimiento se dispara aún más en los ciclomotores, donde el 76% no tiene la ITV al día.
Estas cifras proceden del último análisis realizado por la Asociación Española de Entidades Colaboradoras en la Inspección Técnica de Vehículos (AECA-ITV) y la Dirección General de Tráfico (DGT), que advierten del peligro que supone este fenómeno para la seguridad vial y el medio ambiente.
La antigüedad media del parque de motos español supera los 16 años, una cifra que incrementa el riesgo de averías graves y reduce notablemente las garantías técnicas del vehículo. El resultado: muchas motos viejas evitan pasar por la ITV, donde los fallos mecánicos son especialmente frecuentes. De hecho, hasta un 15,7% suspende la inspección por problemas principalmente relacionados con alumbrado, emisiones y neumáticos.
Sin seguro: vulnerabilidad legal y económica
El otro gran problema es el seguro obligatorio. Tres de cada diez motos circulan sin él: según datos oficiales, el 27% de las motocicletas y un alarmante 69% de los ciclomotores carecen del seguro exigido por ley. La combinación de falta de ITV y seguro afecta ya a más de un millón de motos; eso significa que si se produce un accidente, el propietario puede enfrentarse a indemnizaciones millonarias que reclamaría el Consorcio de Compensación de Seguros tras cubrir los daños a terceros.
Las sanciones tampoco son menores: conducir sin ITV puede suponer multas desde 200 hasta 500 euros (dependiendo si la inspección ha resultado desfavorable o negativa), además de la inmovilización del vehículo. Sin seguro, las sanciones oscilan entre 600 y 3.000 euros. Pero el verdadero riesgo está en las consecuencias económicas si hay víctimas o daños materiales.
La siniestralidad repunta entre motos y ciclomotores
El impacto directo sobre la seguridad vial es demoledor. En lo que va de año, ya han fallecido 207 motoristas y 14 usuarios de ciclomotor en accidentes en carretera; en todo 2024 fueron 289 muertes en moto, la cifra más alta desde hace una década. Los expertos insisten: un vehículo sin ITV ni seguro está mucho más expuesto a fallos críticos —frenos, luces o neumáticos desgastados— que pueden desencadenar accidentes mortales.
El auge del segmento urbano —especialmente las motos de hasta 125 cc— ha impulsado el crecimiento del parque móvil un 16,8% en la última década. Sin embargo, esta expansión no ha ido acompañada por una mejora real en seguridad ni mantenimiento. El resultado: más motos circulando y más accidentes graves.
¿Por qué se incumple? Factores económicos y culturales
Las causas son variadas:
- Coste económico: Para muchos conductores, el gasto en ITV y seguro se percibe como una carga innecesaria, especialmente si usan la moto ocasionalmente o como complemento al transporte público.
- Falta de control efectivo: Las campañas y controles se concentran en turismos; las motos suelen escapar a la vigilancia sistemática.
- Cultura del “apuro”: El uso lúdico o puntual hace que muchos propietarios no consideren prioritario cumplir con todas las obligaciones legales.
Estos factores configuran un escenario donde el ahorro inmediato pesa más que los riesgos a largo plazo.
Consecuencias para el consumidor y para la sociedad
Circular sin ITV ni seguro no solo implica sanciones administrativas. El propietario puede perder toda cobertura ante daños personales o materiales. Las aseguradoras no están obligadas a cubrir ningún gasto si el vehículo carece de inspección técnica vigente o seguro obligatorio. En caso grave —por ejemplo, lesiones a terceros— el coste puede arruinar económicamente al conductor.
A nivel colectivo, aumenta la presión sobre los servicios públicos sanitarios, judiciales y sociales. Los expertos advierten: cada accidente con una moto irregular supone un sobrecoste para toda la sociedad.
Propuestas para revertir la tendencia
La solución exige medidas integrales:
- Reforzar los controles específicos sobre motos y ciclomotores.
- Incentivar fiscalmente la renovación del parque móvil.
- Mejorar infraestructuras adaptadas a dos ruedas.
- Promover cursos post-carnet para motoristas.
- Vincular la contratación del seguro al estado técnico comprobado (ITV vigente).
La propia DGT estudia nuevas fórmulas para cruzar datos entre aseguradoras e inspecciones técnicas e impedir que circulen vehículos irregulares.
¿Hay esperanza?
El reto es enorme pero asumible si administraciones, fabricantes y motoristas colaboran. Hay consenso: sólo con compromiso compartido podrán las dos ruedas convertirse en símbolo real de movilidad segura y eficiente. La movilidad urbana depende cada vez más de la moto; su futuro pasa por garantizar tanto su accesibilidad como su seguridad técnica.
Con más vigilancia, incentivos adecuados y concienciación social, España puede cambiar el rumbo antes de que lo urgente se convierta en irreversible.

