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El apoyo al corrupto Sánchez hunde al Junts de Puigdemont e impulsa a Aliança Catalana

Junts podría perder hasta 11 escaños mientras Aliança Catalana se dispara según el sondeo de Sygma Dos para El Mundo

El beso de Sánchez y Puigdemont
El 'beso de la muerte' entre Sánchez y Puigdemont. PD

Es el ‘beso de la muerte‘.

Hay relaciones que envejecen como el vino y otras que, como el gazpacho olvidado en la nevera, acaban agriándose de forma irremediable.

Eso parece estar ocurriendo entre Junts per Catalunya y el PSOE de Pedro Sánchez.

A día de hoy, 15 de septiembre de 2025, los sondeos sitúan al partido de Carles Puigdemont en una de sus horas más bajas, pagando en las urnas el precio de su apoyo al Gobierno socialista y, de paso, abriendo la puerta grande a Aliança Catalana de Sílvia Orriols.

El último sondeo: varapalo para Junts, impulso para Aliança Catalana

La encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO no deja margen a la interpretación. Si hoy se celebrasen elecciones en Cataluña, Junts podría perder entre 9 y 11 escaños en el Parlament, cayendo de los 35 actuales a una horquilla de 24-26.

El gran beneficiado de este descalabro sería Aliança Catalana (AC), que pasaría de sus modestos 2 diputados a situarse entre 11 y 14, acercándose peligrosamente a PP y Vox en representación.

Este vuelco tiene varias lecturas, pero hay una especialmente relevante: el electorado tradicional de Junts, aquel que apostaba por la “transversalidad” del nacionalismo catalán, está profundamente desencantado con la estrategia de Puigdemont.

El apoyo al PSOE se percibe como una traición a los principios fundacionales del partido, mientras que la radicalización del discurso —en temas como la inmigración— no ha hecho más que diluir su perfil, sin conseguir frenar el avance de Orriols y los suyos.

El ascenso meteórico de Sílvia Orriols

En política, los huecos nunca quedan vacíos mucho tiempo. Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll y líder indiscutida de Aliança Catalana, ha capitalizado el malestar de un sector del independentismo que rechaza cualquier tipo de pacto con Madrid y reclama una agenda más radical, sobre todo en materia de inmigración y seguridad. El resultado es que AC, hasta hace poco un actor marginal, se erige ahora como la fuerza emergente del soberanismo duro.

El fenómeno tiene su miga: no solo desafía el tradicional reparto de espacios en la política catalana, sino que introduce por primera vez en el Parlament una ultraderecha independentista con posibilidades de condicionar mayorías. Los 11-14 diputados que le otorgan las encuestas suponen un salto cuántico respecto a los dos que ostenta actualmente, y evidencian que el discurso radical y anti-inmigración de Orriols ha encontrado un eco creciente entre el electorado.

Las grietas internas y la debilidad de Junts

La hemorragia de votos de Junts no es únicamente una cuestión de pactos o discursos: también es fruto de una profunda crisis interna. Los sectores moderados, herederos de la antigua Convergència, están cada vez más incómodos con la deriva del partido. Reclaman volver a un nacionalismo pragmático, centrado en la economía y el progreso, y rechazan la retórica vacía y los experimentos políticos dictados desde Waterloo.

El propio entorno de Puigdemont se muestra dividido. Mientras un triunvirato en la sombra —formado por Josep Lluís Alay, Gonzalo Boye y Josep Maria Matamala— marca el ritmo de las negociaciones con Sánchez, buena parte de la militancia y del electorado de base exige una ruptura inmediata con el PSOE, como reflejan las encuestas internas y el 21% de indecisos que arrastra el partido.

Un panorama de desgaste político

El desgaste de Junts no se explica solo por la política de alianzas. La competencia feroz con Aliança Catalana por el electorado más radical, la falta de un proyecto claro y la fuga de cargos relevantes han debilitado la estructura del partido. En apenas tres años, una decena de nombres de peso han abandonado el barco, dejando la marca Junts en una situación inédita de vulnerabilidad.

Por si fuera poco, la reciente ofensiva de los empresarios catalanes, que han mediado discretamente en Bélgica y Madrid para evitar una reducción de la jornada laboral impulsada por Yolanda Díaz, ha evidenciado el escaso margen de maniobra de Junts. La patronal catalana, con el beneplácito tácito de la CEOE y la pasividad de Moncloa, ha logrado frenar la medida tras veinte viajes a Waterloo y varias reuniones con los neoconvergentes, lo que demuestra que el partido sigue siendo un actor relevante, aunque cada vez más condicionado por intereses ajenos.

El tablero nacional: Sánchez, Zapatero y las maniobras en Suiza

En este contexto, las negociaciones entre el Gobierno y Junts han alcanzado cotas de surrealismo dignas de una novela de espías. José Luis Rodríguez Zapatero se ha desplazado a Suiza para intentar atar el apoyo de Puigdemont “in extremis”, consciente de que la estabilidad del Ejecutivo depende de los exiguos siete votos de Junts en el Congreso. Sin embargo, la presión de las bases y el temor a un descalabro electoral limitan el margen de maniobra de Puigdemont, que se debate entre el pragmatismo y la ruptura.

El factor Orriols: entre la inacción y el ruido mediático

Mientras tanto, Aliança Catalana sigue dando que hablar, no solo por sus expectativas de crecimiento, sino también por su peculiar estilo parlamentario. Sílvia Orriols, que compagina su escaño con la alcaldía de Ripoll, ha sido criticada por su escasa presencia en las comisiones del Parlament: solo ha asistido a 2 de 62 sesiones, lo que ha generado malestar entre el resto de partidos y ha abierto el debate sobre la compatibilidad de cargos y la profesionalidad de los diputados.

A pesar de las críticas, Orriols defiende su desempeño y se presenta como la quinta diputada con más intervenciones en el hemiciclo, subrayando que el problema es la falta de recursos y la sobrecarga de trabajo en los grupos pequeños. Sus adversarios, sin embargo, no pierden ocasión para recordarle que la política, como el fútbol, se juega en el campo y no en las redes sociales.

¿Un nuevo mapa político en Cataluña?

Si algo queda claro de este momento es que el mapa político catalán está en plena mutación. El PSC consolida su liderazgo, Junts se ve arrinconado por su propia estrategia y por la pujanza de una ultraderecha independentista que ha hecho de la radicalidad su bandera. En este nuevo escenario, la moderación parece un valor en alza… en los sondeos, pero no necesariamente en las urnas.

Curiosidades del caso:

  • El porcentaje de indecisos entre los votantes de Junts alcanza el 21%, la cifra más alta de su historia.
  • Sílvia Orriols ha modificado los estatutos de su partido para poder compatibilizar la alcaldía de Ripoll y el escaño en el Parlament, todo un ejemplo de polivalencia.
  • Los empresarios catalanes han realizado hasta veinte viajes a Waterloo en los últimos meses, aunque todavía no consta si alguno ha aprendido a pronunciar correctamente “croissant”.

Autor

24h Economía

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