El verano de 2025 será recordado por los usuarios del AVE como uno de los más complicados en cuanto a puntualidad y calidad del servicio.
Lo que antes era un símbolo nacional —el AVE como referente europeo en puntualidad— ahora está bajo seria revisión social. En pleno auge turístico y movilidad interna récord, los viajeros exigen respuestas claras y soluciones efectivas ante lo que consideran una “tortura” recurrente: llegar tarde… y encima quedarse sin compensación.
A día de hoy, 9 de septiembre de 2025, la compañía pública Renfe ha cambiado radicalmente su política de indemnizaciones. En plena temporada alta, con récord histórico de retrasos y averías, más de dos millones de viajeros se han quedado sin compensación económica por los retrasos sufridos en sus trayectos, lo que ha generado una oleada de críticas y malestar entre los pasajeros habituales.
Este cambio, lejos de ser anecdótico, tiene un impacto directo en el bolsillo tanto de los usuarios como de la propia empresa.
La nueva política supone un ahorro para Renfe que ronda los 80 millones de euros solo en los meses estivales. Los datos reflejan que únicamente el 3,56% de los viajeros afectados este verano han podido reclamar una indemnización por retraso.
¿Qué ha cambiado en la política de compensaciones?
Hasta el pasado mes de julio, Renfe mantenía una política considerada como una de las más generosas a nivel europeo. La compañía devolvía el 50% del billete si el tren llegaba con más de 15 minutos de retraso y el 100% si la demora superaba los 30 minutos. Sin embargo, desde el 1 de julio de 2024, tras una decisión del Consejo de Administración y bajo la dirección del ministro Óscar Puente, esta política se ha equiparado a la que ofrecen los nuevos operadores privados como Ouigo e Iryo.
Ahora, para poder reclamar:
- Se exige un mínimo de 60 minutos para optar al reembolso del 50% del billete.
- Solo si el tren llega con 90 minutos o más de retraso se devuelve el importe íntegro.
Este endurecimiento multiplica por cuatro el tiempo mínimo necesario para recibir cualquier tipo de compensación y triplica el umbral para recibir el valor íntegro del billete respecto a la política anterior.
Comparativa rápida:
| Política anterior (hasta julio 2024) | Política actual (desde julio 2024) |
|---|---|
| 50% > 15 min retraso | 50% > 60 min retraso |
| 100% > 30 min retraso | 100% > 90 min retraso |
Para los servicios Avant, las condiciones varían ligeramente: se mantiene cierto nivel de compensación a partir de los 15 minutos, pero solo en trayectos específicos y bajo ciertas condiciones.
¿Por qué este cambio y cómo afecta al viajero?
La reforma responde a dos factores principales:
- Adaptación al Reglamento aprobado por el Parlamento Europeo en 2021.
- Igualar las condiciones con operadores privados tras la liberalización del sector ferroviario español.
Renfe argumenta que su modelo “sigue siendo ventajoso”, pero las cifras muestran lo contrario. Este verano, cerca del 82% menos de viajeros han recibido compensación respecto al año anterior, cuando casi dos millones y medio habrían sido indemnizados bajo las antiguas normas.
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) tasó en 42,84 euros el precio medio del billete en Larga Distancia. El ahorro estimado para Renfe solo durante estos tres meses asciende a unos 79 millones, repartidos entre reembolsos parciales (27 millones) e íntegros (52 millones).
Un clima social crispado: indignación ante la falta de soluciones
Las redes sociales y foros especializados han recogido cientos de testimonios que denuncian “la pérdida total del compromiso con la puntualidad” por parte de Renfe. Usuarios como Pablo relatan cómo ahora “ya no hay garantía real” y consideran que la imagen pública del operador se resiente gravemente ante estos cambios.
El aumento constante en el número y duración media de los retrasos agrava aún más la percepción negativa. Según datos recientes, actualmente uno de cada cuatro trenes sufre algún tipo de demora significativa —un incremento del 7% respecto al periodo anterior a la reforma— mientras que desde 2019 el porcentaje ha subido del 17% al actual 24%.
En este contexto, muchos pasajeros optan por alternativas como autobús o avión, especialmente en regiones donde Ouigo e Iryo no ofrecen cobertura suficiente. El sector ferroviario español vive así una etapa convulsa: Renfe pierde uno de sus principales valores diferenciales —la puntualidad— al tiempo que enfrenta competencia creciente y una clientela cada vez más exigente.
El papel clave del ministro Óscar Puente
El ministro Óscar Puente, titular actual del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, ha sido protagonista en esta reforma. Bajo su mandato se flexibilizaron las condiciones para compensar por retrasos, alineando así Renfe con sus competidores privados pero sacrificando ventajas históricas para el usuario nacional.
Esta decisión se justifica oficialmente como una adaptación necesaria al nuevo marco regulatorio europeo y como forma “de garantizar sostenibilidad financiera”. Sin embargo, muchos expertos critican que se trata sobre todo “de blindar cuentas” frente a una oleada sin precedentes de averías, robos y apagones que han afectado gravemente al servicio durante este verano.
El futuro inmediato no es optimista. Si continúan estas políticas restrictivas y no se refuerza la inversión en mantenimiento ni mejora operativa, todo apunta a que las reclamaciones seguirán creciendo mientras la confianza en Renfe baja aún más. El debate sobre si liberalizar realmente beneficia al usuario está abierto: mientras algunos defienden que igualar condiciones es positivo para todos, otros opinan que solo fomenta recortes en derechos adquiridos.

