Atravesar el estrecho que separa Dinamarca de Suecia ya no es una barrera sino una experiencia cotidiana para miles de personas.
Desde la apertura del Puente de Öresund, la vida en esta esquina del norte europeo ha cambiado para siempre: negocios, familias y turistas cruzan a diario lo que antes era una frontera física y mental.
¿Qué motivó este cambio?
La visión compartida de dos países por crear una región más próspera, conectada y abierta al mundo.
A día de hoy, 26 de agosto de 2025, la infraestructura sigue siendo referente internacional tanto por su impacto económico como social.
El puente no solo es una maravilla de la ingeniería —con sus 16 kilómetros entre carretera y túnel bajo el mar— sino que ha desencadenado una integración sin precedentes en el continente europeo.
El puente que transformó dos países
La decisión de construir el Puente de Öresund se tomó en 1991 con un objetivo claro: unir dos polos urbanos complementarios, Copenhague y Malmö, para fomentar el crecimiento económico y la integración social. Antes de su inauguración en el año 2000, cruzar entre ambos lados implicaba esperar ferris o vuelos breves pero costosos. Hoy, cualquier persona puede pasar de una ciudad a otra en menos de 30 minutos por carretera o tren.
El resultado ha sido sorprendente:
- El comercio bilateral es un 25% mayor de lo que hubiera sido sin el puente.
- Los desplazamientos diarios han crecido más de un 400% desde su apertura.
- El número de suecos y daneses que viven al otro lado del estrecho ha aumentado más del 60%.
- El tejido empresarial se ha diversificado: un 73% más de compañías fundadas por migrantes regionales en ambas ciudades.
Este dinamismo convierte la región del Öresund en una referencia europea. Muchas grandes empresas danesas han optado por instalar sus filiales suecas en Malmö en vez de en Estocolmo, aprovechando salarios competitivos y una mano de obra cualificada.
Medios de transporte: cómo moverse por el puente
El enlace está formado por tres tramos: un viaducto danés, una isla artificial (Peberholm) y un espectacular puente atirantado que culmina en tierras suecas. Hay dos formas principales para cruzar:
- Coche: La autopista E20 conecta ambos países; los peajes se pagan en la entrada sueca.
- Tren: La línea ferroviaria directa une las estaciones centrales de Copenhague y Malmö, con frecuencias cada veinte minutos.
Además, autobuses internacionales cubren el trayecto a precios más económicos. Los ferris tradicionales solo persisten entre Helsingør (Dinamarca) y Helsingborg (Suecia), aunque su uso ha caído drásticamente.
Coste y precios para dos personas
El viaje no es barato si se cruza en coche particular:
| Vehículo | Precio DKK | Precio SEK | Precio € |
|---|---|---|---|
| Automóvil | 390 | 490 | 54 |
| Motocicleta | 145 | 180 | 20 |
Para dos adultos, ida y vuelta supondrá unos 108 euros en automóvil. En tren, el precio ronda los 12-15 euros por persona y trayecto, dependiendo del horario.
Quienes crucen frecuentemente pueden acceder a descuentos importantes —hasta el 75%— con abonos mensuales o anuales.
Mejor estación del año para visitar
El clima nórdico condiciona mucho la experiencia. De mayo a septiembre las temperaturas son suaves (entre 15ºC y 22ºC), hay largas horas de luz y los paisajes verdes invitan a recorrer parques urbanos, playas o rutas ciclistas. En verano abundan festivales culturales al aire libre tanto en Copenhague como en Malmö. Para quienes deseen evitar aglomeraciones turísticas pero disfrutar del entorno natural, finales de primavera o principios del otoño resultan óptimos.
En invierno, los mercadillos navideños crean un ambiente especial pero hay menos horas diurnas y posibilidad de niebla sobre el puente.
Restaurantes imprescindibles
En ambas orillas proliferan propuestas gastronómicas variadas:
- En Copenhague, destacan Told & Snaps (especialidad en smørrebrød tradicional con opciones sin gluten), Mad & Kaffe (ambiente moderno y brunch creativo), o el mercado TorvehallerneKBH para degustar productos locales.
- En la zona sueca, muchos viajeros recomiendan restaurantes junto al puerto antiguo de Malmö; también existe oferta internacional asequible.
- Para experiencias auténticas fuera del circuito turístico, pequeños cafés como Café Olai en Helsingør ofrecen platos típicos daneses en entornos históricos.
Reservar mesa con antelación suele ser recomendable, especialmente los fines de semana o durante eventos especiales.
Documentación necesaria
Ambos países pertenecen al espacio Schengen. Los ciudadanos españoles solo necesitan llevar su DNI o pasaporte vigente para cruzar. Sin embargo, es habitual que se realicen controles aleatorios sobre todo a bordo del tren o autobuses internacionales.
Para conducir un vehículo propio se requiere carné nacional válido; si se viaja con coche alquilado desde España conviene consultar las condiciones específicas para circular entre países.
Moneda
En este corredor transfronterizo conviven dos monedas distintas:
- Dinamarca: corona danesa (DKK)
- Suecia: corona sueca (SEK)
Muchos comercios aceptan tarjeta bancaria internacional sin recargo; no obstante conviene llevar algo de efectivo local para pequeños gastos o transportes públicos.
Claves y trucos para disfrutar al máximo
- Planificar bien los horarios: especialmente si se cruza durante hora punta laboral, cuando hay más tráfico tanto vial como ferroviario.
- Consultar descuentos online antes del viaje: existen ofertas web para billetes combinados o tarifas reducidas si se reserva con antelación.
- Aprovechar las rutas ciclistas: ambas ciudades fomentan el uso de bicicleta; incluso es posible cruzar parte del trayecto sobre ruedas si las condiciones meteorológicas acompañan.
- Descubrir barrios alternativos como Christiania (Copenhague) o Möllevången (Malmö) donde arte urbano e iniciativas multiculturales florecen lejos del turismo masivo.
- Probar especialidades locales según temporada: arenques marinados, pasteles nórdicos o cervezas artesanales.
Curiosidades y anécdotas
El diseño arquitectónico del puente responde tanto a criterios técnicos como ambientales: la isla artificial Peberholm fue creada ad hoc como santuario natural; hoy alberga especies vegetales únicas e incluso colonias protegidas de aves migratorias.
En días claros desde lo alto se pueden ver simultáneamente las siluetas urbanas de dos países distintos. Además, muchas películas escandinavas han utilizado este escenario emblemático como símbolo visual de encuentros e intrigas internacionales.
Desde su apertura han proliferado historias personales insólitas: parejas binacionales que se conocieron viajando a diario entre ambos lados; familias que celebran cumpleaños cruzando juntos el estrecho; trabajadores que aprovechan la diferencia salarial entre ambos mercados laborales.
Cómo llegar desde España
La forma más rápida es volar a cualquiera de los aeropuertos principales:
- Aeropuerto Internacional de Copenhague-Kastrup (conexión directa con la estación central)
- Aeropuerto Internacional de Malmö
Varias aerolíneas ofrecen vuelos directos desde ciudades españolas como Madrid o Barcelona hasta Copenhague. Desde allí es sencillo tomar tren hacia Malmö —el trayecto dura apenas media hora— o alquilar coche para recorrer libremente toda la región.
Si se prefiere viajar por carretera desde España, habrá que atravesar Francia, Bélgica, Alemania y finalmente Dinamarca antes de llegar al puente: un itinerario largo pero factible para quienes buscan aventura sobre ruedas.
Segunda parte: un viaje hacia Suecia
Cruzar el puente abre inmediatamente las puertas a nuevas aventuras suecas. La región escandinava más meridional —Skåne— combina costa salvaje, castillos medievales como Sofiero, parques naturales llenos de ciervos y pueblos pesqueros donde saborear ahumados frescos.
En Malmö destacan su plaza mayor (Stortorget), el innovador barrio ecológico Västra Hamnen, museos interactivos como el Disgusting Food Museum o paseos guiados por la ciudad vieja. Para parejas o familias resulta ideal contratar recorridos temáticos o tours gastronómicos personalizados.
Quien disponga más tiempo puede explorar otros puntos clave del sur sueco —como Lund con su catedral románica— antes de regresar cómodamente al punto inicial sin preocuparse por horarios restrictivos ni fronteras físicas. Así funciona hoy Öresund: conecta realidades diversas invitando siempre a seguir descubriendo lo que hay “al otro lado”.

