La economía española es ahora mismo un tablero donde se libran dos relatos opuestos.
Por un lado, Pedro Sánchez defiende que el país atraviesa uno de los periodos más prósperos de su historia reciente, mientras que Alberto Núñez Feijóo desmonta ese optimismo con una batería de datos que invitan a la cautela.
Las cifras, lejos de ser neutras, se han convertido en el campo de batalla entre el Gobierno y la oposición.
Las palabras “triunfalismo” y “realidad” han marcado las últimas comparecencias políticas.
Para Sánchez, España está a la cabeza del crecimiento en Europa y bate récords en empleo femenino e inversión extranjera. Para Feijóo, detrás de esos logros hay desequilibrios estructurales, pérdida de poder adquisitivo y un aumento preocupante de la deuda pública.
Los diez datos clave que agitan el debate
Al examinar los argumentos expuestos por Feijóo, surgen una serie de cifras contundentes:
- La deuda pública ha crecido en 460.000 millones desde 2018, alcanzando ritmos cercanos a los 2.354 euros por segundo. Este aumento coloca a España en una posición delicada frente a sus socios europeos.
- El gasto público no financiero ha experimentado un crecimiento notable: 75.519 millones más desde la llegada de Sánchez al Gobierno, superando cuatro veces el ritmo del consumo privado.
- Los precios han subido un 22% desde 2018 y los alimentos un 39%. La inflación, medida por el Índice de Precios de Consumo (IPC), se situó en julio en el 2,7%, impulsada por el encarecimiento de electricidad y carburantes.
- La inversión extranjera bruta es ahora un 50% menor que cuando Sánchez asumió la presidencia. Solo en el primer trimestre del año se desplomó más de un 70%.
- El desempleo sigue siendo alto, con una tasa del 10,4% según Eurostat, y más de 700.000 fijos discontinuos inactivos.
- Se han producido hasta 97 subidas de impuestos, lo que según Feijóo ha erosionado el poder adquisitivo: el 90% de los españoles declara haber perdido capacidad económica para consumir o ahorrar.
- La brecha con Europa se amplía: la renta per cápita real en España sigue lejos de la media comunitaria.
Estos datos buscan matizar o directamente contradecir el mensaje oficialista, especialmente en lo referente al crecimiento económico y al bienestar social.
Crecimiento económico: ¿más rápido o a medio gas?
Uno de los grandes focos del debate es el crecimiento económico. Mientras Sánchez presume de liderar las grandes economías europeas, Feijóo recuerda que España ocupa el puesto decimocuarto en la UE si se toma como referencia toda la legislatura.
Sin embargo, organismos internacionales como el FMI sitúan a España entre las economías avanzadas con mejor desempeño previsto para este año. En 2024 fue la quinta economía con mayor crecimiento en la Unión Europea (3,2%) y se prevé que vuelva a liderar entre las grandes economías europeas en 2025, con un crecimiento estimado del 2,6%, frente al 1,1% previsto para la media comunitaria.
El matiz está en la perspectiva: si se observa solo la última anualidad y se compara con otras grandes economías europeas, España sale bien parada; pero si se analiza toda la legislatura o se desglosan los componentes del PIB (como inversión y consumo privado), aparecen sombras sobre la solidez del modelo actual.
Inflación y precios: El bolsillo como termómetro
El coste de la vida sigue siendo uno de los principales motivos de preocupación para las familias españolas. Desde 2018:
- Los precios han subido un 22% en general.
- Los alimentos han incrementado su coste un 39%.
- La inflación interanual cerró julio en el 2,7%.
Este aumento sostenido afecta directamente al poder adquisitivo. Según encuestas citadas por Feijóo, nueve de cada diez españoles sienten que han perdido capacidad económica pese a las medidas paliativas aprobadas por el Ejecutivo.
La subida continuada del IPC repercute no solo en las familias sino también en las empresas y en los márgenes comerciales. El encarecimiento energético es otro factor clave detrás del repunte inflacionista reciente.
El empleo: récords y matices
El Gobierno destaca que España ha superado los 22 millones de ocupados —más de 10 millones son mujeres— y resalta una tasa histórica de contratos indefinidos (nueve de cada diez asalariados). Pero Feijóo responde señalando que España sigue liderando el paro juvenil europeo y recordando los más de 700.000 fijos discontinuos inactivos.
La creación neta de empresas también está bajo discusión: aunque se han creado más de 50.000 nuevas sociedades en el último año, la inversión extranjera muestra claros signos de debilidad.
Más allá del relato: ¿qué pesa más?
La confrontación entre ambos líderes revela algo esencial: los datos pueden leerse desde ángulos muy distintos dependiendo del contexto temporal elegido o del énfasis puesto en unos indicadores u otros.
Lo indiscutible es que la economía española encara retos importantes:
- Un nivel elevado e inercialmente creciente de deuda pública.
- Un diferencial persistente entre gasto público y capacidad real del sector privado.
- Un incremento sostenido —aunque desigual— del coste vital básico.
- Una brecha estructural respecto al empleo juvenil europeo.
En este contexto polarizado, tanto las narrativas triunfalistas como las catastrofistas corren el riesgo de simplificar una realidad compleja. El reto para quienes analizan estos datos —y para quienes toman decisiones— es separar lo coyuntural de lo estructural y buscar consensos para fortalecer verdaderamente el crecimiento sin hipotecar las generaciones futuras.

