En los últimos meses, el Gobierno ha reiterado que la economía española va como un “cohete”. Los datos de crecimiento, empleo e inversión parecen respaldar esta visión optimista. Sin embargo, la realidad para muchos ciudadanos dista mucho de la euforia oficial. Un sentimiento generalizado en las calles de Madrid, Barcelona o Sevilla es que el “milagro económico” apenas se nota en los hogares, donde llegar a fin de mes sigue siendo una tarea cada vez más complicada.
El debate social se intensifica: mientras las cifras macroeconómicas mejoran y son enarboladas una y otra vez por Pedro Sánchez, la percepción ciudadana no acompaña. Trabajadores jóvenes y familias señalan que, pese a tener empleo, el dinero no alcanza para cubrir gastos básicos como vivienda, alimentación y energía.
El fenómeno es palpable con hacer cuentas: el poder adquisitivo se ha erosionado con el tiempo mientras el Ejecutivo mira hacia otro lado y saca pecho por el subida del PIB, impulsado por el aumento desmedido del gasto público.
Inflación: una presión persistente sobre el bolsillo
Uno de los factores clave que explica esta desconexión es la inflación. Aunque los grandes titulares hablan de moderación o incluso descenso, los precios siguen en niveles elevados respecto a hace unos años. La tasa de inflación anual en España subió al 2,2% en junio de 2025, tras haberse situado en el 2% en mayo. Si bien estas cifras son menores que los picos recientes, no suponen un alivio real para quienes han visto encarecerse productos básicos y servicios esenciales.
- Los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 2,5% interanual en mayo, liderados por la fruta.
- La inflación subyacente (que excluye energía y alimentos frescos) también ronda el 2,2%, señalando una presión estructural sobre el coste de vida.
- Entre 2023 y 2025, los alimentos llegaron a encarecerse más de un 7%, mientras la electricidad experimentó repuntes puntuales que tensionaron aún más los presupuestos familiares.
Precios al consumo y expectativas para el futuro
El Índice de Precios de Consumo (IPC) marca la pauta del debate social. Aunque ha encadenado tres meses de descensos interanuales hasta situarse en mayo de 2025 en el 2%, se prevé una media anual del 2,5% para este año. Las previsiones más optimistas sitúan la inflación media en torno al 2,4%, pero siempre con matices: las oscilaciones son constantes y sectores clave como la alimentación o los servicios siguen sufriendo incrementos sostenidos.
- Las previsiones para 2026 apuntan a una inflación algo menor (1,9%-2%), pero sin grandes caídas abruptas que permitan recuperar poder adquisitivo perdido.
- El Banco de España y BBVA Research anticipan cierta estabilización a medio plazo, aunque advierten de riesgos por factores internacionales y volatilidad en materias primas.
El salario real y el coste vital: ¿quién gana con el “cohete”?
La desconexión entre crecimiento económico e ingresos reales es evidente:
- Los salarios han crecido muy por debajo del IPC acumulado desde la pandemia.
- La subida puntual del SMI no compensa la pérdida de poder adquisitivo generalizada ni frena la sensación de estancamiento social.
- Una parte creciente de trabajadores declara no llegar a fin de mes pese a estar empleados. Los jóvenes ven difícil independizarse; las familias con hijos recortan en ocio o ahorro.
Esta situación alimenta la percepción —cada vez más extendida— de que solo el Gobierno recoge beneficios tangibles del “cohete económico”. El ciudadano medio ve cómo sus facturas suben más rápido que su nómina y cómo cualquier repunte inflacionista se traduce en menos margen para imprevistos o pequeños lujos cotidianos.
¿Qué puede esperar el ciudadano medio?
Frente al discurso triunfalista oficial, conviene poner cifras y testimonios encima de la mesa:
- El diferencial entre inflación general y subyacente muestra que los precios estructurales siguen elevados.
- Las previsiones coinciden: no habrá un alivio relevante hasta bien entrado 2026.
- La reversión paulatina de medidas fiscales temporales (como la reducción del IVA en electricidad o alimentos) podría encarecer aún más algunos productos básicos.
El español medio afronta un escenario donde estabilidad macroeconómica no se traduce automáticamente en bienestar personal. La economía nacional avanza; sin embargo, hasta que los salarios superen consistentemente al IPC y los precios básicos se estabilicen o bajen, difícilmente se podrá hablar de un auténtico despegue compartido.

